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El regreso “de tapadillo” de la bronquiolitis

Si en el invierno covid de 2020-21 desaparecieron casi por completo, y sin previo aviso, los contagios víricos por gripe o VRS (responsable de la mayoría de bronquiolitis infantiles), no así de rinovirus, en esta temporada de frío 2022-23, según los especialistas, se prevé “un pico habitual prepandémico" de infecciones por virus respiratorio sincitial

Advertencia médica por la que el Dr. Manuel Sánchez Luna, jefe del Servicio de Neonatología del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, recomienda, sin ambages, que se proteja especialmente a los bebés, sobre todos a los que nacieron prematuros o con patologías cardíacas y neumológicas.

“Ahora que no usamos mascarillas a nivel familiar y social, que decaen tanto la higiene de manos como la desinfección o el distanciamiento interpersonal, abundando de nuevo las aglomeraciones ciudadanas, es cuando debemos ser absolutamente conscientes de la fragilidad de nuestr@s hij@s más pequeñ@s”, subraya.

“El virus respiratorio sincitial (VRS), causante de un 70% de las bronquiolitis, obligará a la hospitalización urgente de hasta un 3% de los bebés afectados; algunos de los cuales, en los casos más graves, podrán fallecer debido a dificultades respiratorias, problemas inmunológicos o cardiopatías congénitas”, destaca el también presidente de seNeo.

Bronquiolitis, como castillos, detrás de las mascarillas

El virus respiratorio sincitial, “viejo conocido de la pediatría, neonatología, neumología y cardiología desde los años 50 del siglo XX”, pertenece a la familia de los Paramixovirus, al igual que los virus del sarampión y la parotiditis o paperas.

En el hemisferio norte, los brotes epidémicos se producen entre noviembre y abril. En países como España, la máxima incidencia se produce en los meses de diciembre y enero.

“Año a año, la experiencia clínica convenció a l@s especialistas de que este virus provocaba cuadros respiratorios no tan leves como se presumía en un principio, sino a veces muy complejos, sobre todo en bebés de menos de un año, especialmente de menos de tres meses”, apunta el galeno madrileño.

El virus se transmite por las gotitas que expulsa una persona infectada durante la respiración o después de estornudar. Este microorganismo se introduce en nuestro cuerpo a través de la mucosa de la boca y la nariz o de la conjuntiva de los ojos.

Además, nuestras manos y labios infectados se convierten en vectores del contagio indirecto. El VRS sobrevive algunas horas sobre los objetos, sean chupetes, biberones, juguetes o las inocentes barandillas de las cunas.

Esta infección es capaz de progresar en el organismo en tres o cuatro días, iniciando su acción patológica con un cuadro clínico similar al de un resfriado común, para luego, en los casos más severos, lesionar la mucosa interior de los bronquios y bronquiolos, causando la famosa bronquiolitis y también neumonía, no menos conocida.

En los bebés, particularmente durante sus tres primeros meses de vida, se reduce sistemáticamente la capacidad del sistema pulmonar, generando dificultades respiratorias que podrán precisar hospitalización y la necesidad de un soporte vital avanzado: en los últimos diez años, 20-25 de cada 1.000 niñ@s.

Estos casos son los que ocasionan problemas serios a nivel pediátrico en los meses de invierno, llegando a ser un peligro real para bebés con factores de riesgo previos: prematuridad, problemas respiratorios (displasia broncopulmonar) o cardiopatías congénitas, críticas al nacer y, sobre todo, bebés inmunodeprimidos.

“Para estos grupos de bebés disponemos desde hace 20 años de un anticuerpo monoclonal (gammaglobulina), altamente eficaz. Con esta inmunización pasiva, preventiva, que se administra mensualmente en el periodo del contagio estacional (mediados de octubre en España), se reducen entre un 60% y un 80% las hospitalizaciones por bronquiolitis debidas al VRS”.

Dr. Manuel Sánchez Luna

¿Y cómo ha influido la pandemia de la COVID-19 en la transmisión del virus respiratorio sincitial?

“La pandemia del SARS CoV-2, además de angustia, dolor y muerte, nos ha dejado algunas lecciones que deberíamos aprender como sociedad avanzada”, opina.

En la temporada 2019-2020, “que denominaré normal”, se registró el típico cuadro epidémico de infecciones por VRS: se notificaron 4.578 detecciones, con una tasa máxima de positividad del 37% en la última semana del año, según datos del Servicio de Vigilancia de la Gripe en España (SVGE).

Sin embargo, en la etapa invernal de 2020-2021 desaparecieron casi por completo estos casos: cinco detecciones de VRS entre las 2.680 muestras analizadas, es decir un 0,19% de positividad, lo que indica una circulación bajísima en comparación con años precedentes.

Conclusión, desde la emergencia coronavírica y hasta el momento actual, la circulación de VRS, así como la de otros virus respiratorios como la gripe, está muy disminuida en las semanas en las que se debería experimentar una circulación máxima, de acuerdo con las características propias de su estacionalidad.

Anecdóticamente, otros virus, como el rinovirus (resfriado común), no se vieron afectados; desconociéndose realmente los motivos.

“Como dato de gran interés, en plena vacunación frente a la COVID-19, a la vez que relajaban las medidas de higiene, en la primavera de 2021 comenzamos a detectar que circulaban casos de infecciones por VRS fuera del invierno, su hábitat natural”, indica.

“Hasta el punto de que en el mes de junio, fuera de temporada, se llegó a contabilizar un pico por infección VRS (de un 2% de casos en la semana 19 se pasó a un 4% en la semana 20)”, resalta.

“Nos hizo pensar, dada la experiencia clínica y epidemiológica, que el invierno 21-22 podría ser extremadamente infeccioso y con mayor número de casos graves por VRS, pero no fue así de forma universal”, atestigua el neonatólogo.

“Probablemente, las familias mantuvieron el uso de las mascarillas y medidas de higiene más estrictas con los recién nacidos y lactantes más pequeños; prevención que conllevó que los casos de infecciones por VRS, y consecuentemente de bronquiolitis, no fueran tan extraordinariamente importantes”, completa.

¿Qué incidencia se espera del VRS y su bronquiolitis en el invierno 2022-23?

“Este año desconocemos el impacto real que tendrá la bronquiolitis en la población infantil, pero es muy probable que el VRS se comporte como los años previos a la pandemia covid; es decir, una afectación similar al periodo invernal de 2019-20”, responde.

Por lo tanto, es imprescindible cumplir todas las medidas de higiene en torno a los bebés, más aún si están en situación de riesgo, y fomentar insistentemente la lactancia materna con el fin de ayudar a su sistema inmunológico, a veces poco desarrollado o deprimido.

Deben estar a salvo de personas con cuadros catarrales, gripales o víricos que les puedan infectar de forma directa o indirecta.

Además, no son aconsejables los espacios cerrados y hacinados; realizar visitas a la vivienda familiar, en particular a la habitación del bebé, y mucho menos demostrar el afecto y el cariño con besos y abrazos.

Asimismo, fumar en el ambiente del niño o de la niña es tremendamente perjudicial para su salud.

En cambio, hay que favorecer el uso de mascarillas y la higiene de manos; mucho más, si cabe, en los casos de bebés de riesgo que padezcan enfermedad respiratoria crónica debida a la prematuridad, cardiopatías congénitas o situación inmunológica comprometida.

“A pesar de todo, no debemos tener un miedo especial a los picos epidémicos del VRS y a la bronquiolitis, ya que estamos seguros de que la prevención frente a los contagios y la lactancia materna reducirán significativamente el número y la gravedad de infecciones por virus respiratorio sincitial”.

Concluye el Dr. Manuel Sánchez Luna, jefe del Servicio de Neonatología del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid.