Oncóloga del Hospital Universitario Ramón y Cajal (Madrid)
El panorama del cáncer de mama en las mujeres jóvenes, que coincide con el periodo de fertilidad, es “esperanzador y optimista” gracias a los avances terapéuticos y diagnósticos, pero sin perder de vista la amenaza de la recaída, uno de los principales retos de la medicina y de la investigación.
Esta es la valoración de Elena López Miranda, oncóloga médica de la Sección de Cáncer de Mama y Tumores Ginecológicos del Servicio de Oncología del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, quien destaca la tasa de curación en estadios localizados: “La mayoría de las mujeres se curan”.
El cáncer de mama en las pacientes jóvenes suele ser más complicado que en mujeres en la etapa de la postmenopausia al ser más frecuentes los subtipos más agresivos (el HER2 positivo y el triple negativo) y también por el impacto que la enfermedad y su tratamiento suponen en esa etapa vital.
Aunque no hay datos oficiales en España, se observa un ligero aumento de la incidencia anual, señala la doctora. Este crecimiento de los nuevos casos es del 0,8 % al año en estudios en población norteamericana y europea.
El arsenal terapéutico avanzado de los últimos años ha cambiado la perspectiva del cáncer de mama y sitúa la tasa media de supervivencia en torno al 85 % a los cinco años del diagnóstico. Sin embargo, todavía es un tumor propenso a recaídas.
Terapias dirigidas a dianas del tumor, como en el caso de los HER2 positivos; fármacos que frenan la actividad hormonal de los tumores luminales/hormonodependientes o la inmunoterapia en los triple negativo son los tratamientos más innovadores que intentan frenar la aparición de células malignas.
Pero también cumplen un papel relevante las plataformas genómicas que analizan los genes del tumor y estiman el riesgo de recaída. En el caso de los tumores luminales u hormonodependientes, incluso pueden determinar si existe o no un beneficio frente a la quimioterapia.
Cuando el cáncer viaja fuera de la mama y aparece en otro órgano, la metástasis, plantea un escenario terapéutico más intenso y sostenido en el tiempo.
“El tratamiento del cáncer metastásico en la paciente joven no difiere del tratamiento de la paciente de mayor edad, pero sí es cierto que las jóvenes tienen menos enfermedades y por eso probablemente lo toleren mejor”, explica la oncóloga López Miranda.
Según la especialista, los nuevos fármacos son “altamente eficaces y han mejorado el pronóstico y, aunque no podemos hablar de una cronificación del cáncer de mama metastásico, sí están alargando de una manera muy significativa la supervivencia de las pacientes”.
Y aunque sea una paciente que puede estar años en tratamiento y con un seguimiento estrecho de los posibles efectos secundarios, también ha visto mejorada su calidad de vida: “Hay mujeres con cáncer metastásico que continúan su día a día, en el trabajo.. y estas circunstancias no eran imaginables hace unos años”.
La metástasis se aborda con nuevas terapias endocrinas, inmunoterapia y fármacos dirigidos pero también con una nueva generación de fármacos, los anticuerpos conjugados.
“Combinan un anticuerpo que se dirige a una proteína que expresa la célula tumoral y al que van unidas cargas de quimioterapia que llega en altas concentraciones. Conseguimos mayor eficacia con unos efectos secundarios tolerables”, explica la oncóloga, miembro de los dos principales grupos de investigación en cáncer de mama, SOLTI y Geicam.
Las mutaciones en determinados genes pueden predisponer al cáncer demama. Uno de los más populares es el BRCA1 y BRCA2, pero hay otros, como la mutación en el gen PIK3CA, relacionado con la división y supervivencia celular que está presente en el 40% de los cánceres luminales. Son tumores agresivos que añaden mal pronóstico a la enfermedad y pueden requerir tratamientos dirigidos en combinación con otros fármacos. Y todavía algunos genes implicados están por conocer.
Por eso cobra cada vez más importancia el consejo genético que se ofrece en los hospitales ya que evalúa qué mujeres pueden tener mayor riesgo de sufrir un cáncer de mama a lo largo de su vida.
Esto permite aplicar estrategias preventivas, como cirugía reductoras del riesgo, o adelantar las mamografías de cribado y combinarlas con resonancia magnética que facilitan detectar tumores en estadios iniciales.
¿Y adelantar las pruebas de detección precoz para las población sana ahora fijadas en torno a los 50 años en la sanidad pública? Según la oncóloga, “donde se ha evidenciado un claro beneficio de las mamografías de cribado bienales es a partir de los 50 años y hasta los 69”.
También se ha visto que entre los 45 y los 50 años empieza a aumentar esa incidencia en cáncer de mama debido a los cambios hormonales en las mujeres al acercarse a la menopausia. “Las sociedades radiológicas -añade- recomiendan comenzar con el cribado a partir de los 45 años”.
Adelantar esas pruebas de detección precoz a los 40 años dependerá, señala la doctora, del riesgo de cada paciente en base a sus antecedentes familiares y otros factores, como la tipología de la mama. “Hay que individualizar cada caso”, puntualiza.
“El tratamiento del cáncer de mama en la mujer, y concretamente en la mujer joven, va dirigido a una medicina cada vez más de precisión”, señala la especialista del Hospital Ramón y Cajal.
Un mayor conocimiento de las alteraciones genéticas facilita dirigir los tratamientos y definir qué pacientes se van a beneficiar más de una estrategia que otra, incluso optar por las menos agresivas.
Todo ello en una mujer joven que llega a la consulta de oncología “con una necesidad importante de información” sobre el estado de su enfermedad, de su pronóstico y sobre los tratamientos a los que se tiene que enfrentar en un momento de pleno desarrollo vital, concluye Elena López Miranda.
Superviviente de cáncer de mama
Oncóloga del Hospital Severo Ochoa (Leganés, Madrid)
Oncóloga del Hospital Universitario Ramón y Cajal (Madrid)
Psicooncóloga del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra
Redacción:
Ana Soteras
Berta Pinillos
Audiovisual:
María Abad
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