Superviviente de cáncer de mama
Es difícil que con 27 años se te pase por la cabeza que puedas sufrir un cáncer de mama, pero Teresa Tamarit Guadaño tuvo que hacerse a la idea. Era joven, tenía un hijo y trabajo. A los pocos meses de una cirugía en la que le extirparon la mama, la enfermedad volvió pero el tratamiento la curó. Quince años después asegura que no piensa en el futuro: «He aprendido que cada día suma».
Teresa, que ahora tiene 43 años, cuenta, para el especial de EFEsalud, su experiencia con el cáncer de mama en plena juventud. Reivindica que el 19 de octubre, Día Mundial contra la enfermedad, no es de color de rosa, «no es algo bonito» sino una fecha para reclamar que se necesita mucha más investigación, y que la movilización en torno a esta efeméride «pueda ser más a menudo».
Según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (Redecan), en 2025 habrá 4.099 nuevos casos de cáncer de mama en menores de 45 años, lo que supone un 10,8 % del total de los diagnósticos de este tumor, que alcanzarán un total de 37.682 en este año.
El caso de Teresa «rompió las estadísticas» en su momento. Todo empezó con una grieta en un pezón. Tenía una enfermedad denominada Paget de pezón, un tipo de cáncer poco común que afecta a la piel del complejo areola-pezón, pero que suele aparecer a partir de los 50 años.
«Me hicieron la biopsia y luego me hicieron mamografía, en la que ya vieron que tenía el conducto inflamado, pero no era tan concluyente como para decir que el cáncer había migrado dentro de la mamá, porque la enfermedad de Paget de pezón es de evolución lenta», explica Teresa, durante la entrevista en la Asociación Española contra el Cáncer (AECC).
Fue tras una resonancia posterior cuando llegó el diagnóstico de cáncer de mama. Le dieron a elegir entre quitar un pecho o extirpar la parte afectada y un tratamiento posterior. Ella se decantó por la primera opción. «No quería tener una espada de Damocles continuamente en mi vida y pensé que era lo mejor para seguir adelante», recuerda.
Pero cuando ya creyó que todo había pasado, porque el tumor había estado muy localizado y no había ganglios linfáticos afectados, el cáncer volvió. Tuvo una recaída y, esta vez, fue «mucho peor que la anterior». La cadena mamaria interna estaba afectada, también la zona de la clavícula y las vértebras.
«No era una metástasis grave, pero era una metástasis», afirma la mujer, a quien le diagnosticaron un tumor HER2+, uno de los más agresivos.
Tenía un hijo de ocho años, porque fue madre joven, tenía pareja, un trabajo, «una vida normal como cualquier persona».
Y fue ese segundo mazazo el que más le costó afrontar. Cuenta que el primer cáncer le supuso menos carga mental que éste porque para el anterior se había preparado mentalmente, sospechaba que algo en su cuerpo no iba bien, pero en esta ocasión se encontraba recuperada.
«Fue peor porque entré en negación, porque en ese momento yo me encontraba superbién, hacía deporte, salía a correr, empecé a hacer una vida muy activa. No me encontraba tan mal como en el primero, con lo cual el segundo fue peor a nivel anímico, más impactante», explica Teresa.
Volvieron a intervenir para limpiar la zona afectada, recibió quimioterapia y un anticuerpo monoclonal anti-HER2, el trastuzumab. Estuvo alrededor de un año y medio de tratamiento.
Si en la primera ocasión no le contó a su hijo que tenía cáncer, ésta fue distinta. Sabía que iba a tener síntomas por el tratamiento, como caída de pelo, pero sobre todo días en los que no se iba a poder levantar de la cama «y hacer vida normal con él».
«No sé hasta qué punto él entendió lo que me estaba pasando, porque ahora le pregunto y no se acuerda», reconoce la mujer, quien se siente afortunada porque su familia estuvo con ella en todo momento, fue un pilar «fundamental».
El tratamiento no le afectó psicológicamente porque sentía que lo que le estaban dando la iba a curar, «servía para vivir». Le imprimía «mucha fuerza» pensar que se iba quitando sesiones e iba encontrándose mejor «dentro de lo que es que te pongan este tipo de tratamiento».
A los tres meses de terminar, vieron que el cáncer estaba en remisión, ni tenía ya ningún tipo de afectación ni en la zona de las vértebras. «Tenía todo perfecto», celebra.
De hecho, a los tres años fue madre de nuevo, de forma natural. Llegó Daniel a su vida, que ahora tiene 9 años. Fue un embarazo normal, pesó 3,710 al nacer y mamó del único pecho de Teresa durante cuatro años y medio.
Se seguía haciendo sus revisiones cada seis meses hasta el 2020, cuando le hicieron un test genético que desveló que tiene la mutación BRCA2, uno de los primeros genes que se clonaron como genes de susceptibilidad de alto riesgo al cáncer de mama y al de ovario. Volvió a sentir miedo como con los diagnósticos anteriores.
«Con lo cual tuve que tomar la decisión de quitarme la mamá sana y los ovarios. Te dan la opción de quitarte todo e ir cada año a revisión, o puedes estar cada tres meses yendo a revisión y ver cómo evoluciona la mutación. Nunca sabes cómo se te puede activar de nuevo el cáncer», expone.
Sí reconoce que, como se ha operado y preventivamente lo ha hecho todo, puede vivir «un poquito más tranquila» pero siempre también «un poco en alerta».
«Yo lo que he aprendido con el cáncer es que los días son los que suman, no pienso en futuro, lo que vivo en el día es lo que me voy a llevar, y al día siguiente doy las gracias de nuevo porque puedo tener otro día para seguir disfrutando y viviendo y estar con mi familia, con mis amigos», asevera la mujer que está dada de alta en oncología.
Es optimista porque si le vuelve a pasar es consciente de los avances en los tratamientos que han aumentado la supervivencia, pero sí tiene un mensaje con motivo del 19 de octubre.
«Es visibilizar que el cáncer de mama existe y no es algo bonito que te toque, porque se tiende mucho a endulzar ese día y no es la realidad (…) Es una forma de reivindicar que se necesita mucha más investigación de la que ya hay, aunque sí es verdad que se ha avanzado, pero hay mujeres que conviven con la enfermedad crónicamente y necesitan que se siga investigando y visibilizando», concluye.
Superviviente de cáncer de mama
Oncóloga del Hospital Severo Ochoa (Leganés, Madrid)
Oncóloga del Hospital Universitario Ramón y Cajal (Madrid)
Psicooncóloga del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra
Redacción:
Ana Soteras
Berta Pinillos
Audiovisual:
María Abad
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