Psicooncóloga del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra
Cuando concluye el tratamiento de cáncer de mama, muchas mujeres sienten una gran presión por parte del entorno familiar, social y laboral para que recuperen la vida que tenían antes. Y no es fácil, porque la enfermedad ha supuesto un punto de inflexión y, a lo mejor, quieren hacer cambios. Para ayudarlas, hay que escuchar, preguntar y empatizar.
De la mano de la psicooncóloga del Cáncer Center de la Clínica Universidad de Navarra María Die Trill, analizamos los miedos durante todo el proceso oncológico de las mujeres jóvenes, quienes, además, tras superarlo tienen más riesgo de padecer alteraciones psicológicas a largo plazo.
La psicooncología, recuerda Die Trill, aborda todas las variables psicológicas, sociales y otras, que influyen en el proceso del cáncer. La diferencia con otras ramas de esta ciencia es que afronta la enfermedad grave, el deterioro físico, psicológico y la propia muerte.
Acudir a terapia en estos casos es aconsejable desde el primer momento del diagnóstico, «por lo menos para tener un primer contacto con el psicooncólogo y que el paciente sepa que ese tipo de ayuda está disponible durante todo el proceso».
«La realidad es que nos vienen los pacientes cuando empiezan a sentirse mal y esto no suele ser en el diagnóstico, porque en ese momento tienen miedo y realmente se apoyan en el entorno», afirma Die Trill.
Die Trill hace un inciso para asegurar que, «desgraciadamente», la mayoría de las pacientes de cualquier edad no recibe la atención emocional, psicológica y el apoyo que necesita a pesar de que este tipo de terapias «son fundamentales».
Y son fundamentales, añade, porque «cuanto mejor esté la paciente, mejor va a tolerar los tratamientos, mejor va a ser su proceso de adaptación emocional y va a gestionar los problemas y dificultades que vayan surgiendo».
No obstante, de las pacientes con cáncer de mama, son las jóvenes las que antes suelen acudir a terapia psicológica, porque en la mayoría de los casos tienen hijos pequeños y temen por la supervivencia y por si van a poder verlos crecer.
También les inquieta mucho la calidad de vida que van a tener durante y tras el cáncer, porque son mujeres que tienen una vida social activa, una larga carrera profesional por delante y los tratamientos suponen una interrupción importante «en esas áreas de funcionamiento vitales».
Entre los miedos más frecuentes de las mujeres jóvenes con cáncer de mama está la fertilidad. «Muchas no han tenido hijos y han pospuesto la maternidad por cuestiones profesionales o personales y el hecho de no saber si van a poder tener hijos, evidentemente, les va a afectar emocionalmente», recalca la psicooncóloga.
Miedo a que su vida laboral se trunque o a no encontrar pareja si no la tienen o poder mantenerla en el caso de que la tengan, algo que, según la experta, no tiene necesariamente que pasar.
«Si la relación ha sido sólida previamente, el cáncer no va a romper la pareja, puede desestabilizarla momentáneamente, pero luego, al final, todo va encajando», subraya Die Trill.
En este sentido, la sexualidad también es otro motivo de preocupación porque con los tratamientos se reduce la líbido y producen sequedad con lo que las relaciones llegan a ser más dolorosas.
No solo es una preocupación de ellas, también de sus parejas, ya que el cáncer es «una enfermedad que afecta a toda la familia».
La posible extirpación del pecho -mastectomía- es otro bache, pero es un impacto distinto al de hace unos años, porque, en muchos casos, la reconstrucción se hace durante la misma intervención quirúrgica.
Eso no quiere decir, aclara la experta, que cuando se despierten no vayan a tener problemas, porque hay alteraciones en la imagen corporal y tienen que hacer poco a poco suya la mama reconstruida.
Hay momentos críticos en el camino del cáncer, en los que hay más alteración emocional, como el del diagnóstico, el inicio del tratamiento, pero también la finalización del mismo y la recaída.
Se trata de entender que, en ocasiones, aunque parezca que la mujer está bien, muchas veces no lo está. Se cansa más cognitivamente, está más lenta y puede necesitar cierto apoyo del entorno, que no siempre recibe, apunta la experta.
Y es que cuando muchas mujeres finalizan el tratamiento es cuando «se vienen abajo».
«La mente es muy sabia y nos hace fuertes cuando tenemos que serlo. Con el diagnóstico la prioridad es la supervivencia, todas las fuerzas psicológicas se invierten en sobrevivir. Eso implica conocer mis tratamientos médicos, recibirlos, gestionar los efectos secundarios que puedan tener, organizar mi vida en torno a éstas nuevas demandas que impone la enfermedad», afirma Die Trill.
En esos momentos no hay espacio psicológico para pensar o preguntarse cómo se siente una, pero cuando finalizan el tratamiento están más sensibles y muchas perciben presión por parte del entorno.
«Muchas mujeres jóvenes dicen sentir mucha presión por parte del entorno familiar, social o laboral, por reincorporarse otra vez a la vida como la tenían antes. Y a veces la mujer no quiere retomar las cosas como las hacía antes», sostiene la psicooncóloga.
En ocasiones la enfermedad supone «un punto de inflexión» y una oportunidad para cambiar algunos hábitos o comportamientos, algo que se antoja difícil porque el entorno o no les deja o no se lo facilitan.
Por eso hay que escuchar, preguntar y empatizar con ellas.
La recaída es otro de los momentos delicados del proceso. A aquellas mujeres a las que se les vuelve a reproducir la enfermedad experimentan sentimientos similares a cuando les dieron el primer diagnóstico, pero con más decepción: «lo derrumba todo».
Se cuestionan si el tratamiento ha sido eficaz y en estos casos hay que ayudarlas a entender que lo ha sido hasta ese momento, y que ahora hay que cambiarlo y administrar otro.
«Es un momento en el que muchas te dicen que se sienten más cerca de la muerte (…), de muchos miedos, fundamentalmente, y creo que hay una cosa muy importante y es que todo el equipo médico tiene que ayudarlas a entender qué se puede hacer, qué se va a hacer y transmitir continuidad en el cuidado, y acompañarla a todos los niveles: físico, social, emocional, psíquico y espiritual», recalca.
Superviviente de cáncer de mama
Oncóloga del Hospital Severo Ochoa (Leganés, Madrid)
Oncóloga del Hospital Universitario Ramón y Cajal (Madrid)
Psicooncóloga del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra
Redacción:
Ana Soteras
Berta Pinillos
Audiovisual:
María Abad
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