«Patricia se ha infiltrado ácido hialurónico en los pómulos, donde se proyecta la zona malar de nuestra cara, y en los surcos nasogenianos, pliegues que se forman entre la nariz y la comisura de la boca, con el fin de rejuvenecer su belleza facial», dice el Dr. Gonzalo de la Peña Varela, cirujano oral y maxilofacial de la Clínica Imema de Madrid.
En los pómulos, el objetivo del ácido hialurónico, más denso, será reponer el volumen perdido y perfilar su aspecto; en los surcos nasogenianos, usando un tipo de ácido más elástico, se buscará camuflar las arrugas formadas por el efecto de la gravedad con el paso desgastante del tiempo.
«Mi objetivo es levantar un poco mis pómulos y mejorar la expresión de mi cara. Quiero estar más guapa«, dice Patricia, una mujer convencida de los beneficios estéticos de la medicina que ya ha utilizado este compuesto biocompatible y reabsorbible para hidratar, voluminizar y definir el perfil de sus labios.
«Con ácidos hialurónicos de diferentes densidades reponemos los volúmenes en el tercio inferior de la cara (pómulos, surcos y labios), tratamiento médico estético muy frecuente en las mujeres, sobre todo a partir de cierta edad», explica el Dr. Gonzalo de la Peña.

La belleza molecular del ácido hialurónico
El ácido hialurónico es una molécula (polisacárido) que nuestro cuerpo produce de forma natural cuya misión principal es la hidratación profunda de la piel a nivel celular: tejidos elásticos y con volumen. El ácido hialurónico impulsa la producción de colágeno, lo que reduce la aparición de líneas finas y arrugas.
A partir de los 35 años de edad, el ácido hialurónico se reduce sistemáticamente en el organismo, generando flacidez, pérdida de firmeza y arrugas en la piel.
Según el tamaño molecular del ácido hialurónico, su densidad, será más útil en la epidermis (sérums y cremas), reteniendo el agua a nivel superficial y creando un efecto barrera, o más eficaz en la dermis, rellenando arrugas y estimulando el colágeno (medicina estética).
Mediante microinyecciones de ácido hialurónico, terapia mínimamente invasiva, se administran pequeñas cantidades de este compuesto para hidratar, reafirmar y redensificar la piel en la cara.
«Cuando se pierde el volumen en las zonas malares (pómulos) devolvemos la dimensión (efecto lifting) inyectando un ácido de alta densidad (reticulado) sobre el periostio, tejido que recubre la superficie exterior del hueso: elevamos las mejillas caídas», señala el Dr. Gonzalo de la Peña.
«En los labios, sin embargo, elegiremos un tipo de ácido hialurónico que ofrezca a cada mujer el resultado más natural posible con un contorno bonito y bien definido, sin señales visibles de haberse sometido a un aumento de volumen», detalla.
El ácido hialurónico en los surcos nasogenianos suaviza las líneas de expresión que van desde las aletas de la nariz hasta las comisuras de los labios.
Doctor De la Peña, ¿el ácido hialurónico es seguro para nuestro organismo?
«Tiene sus posibles complicaciones, pero la verdad es que tecnológicamente hablando se han mejorado muchísimo este tipo de productos estéticos. Aún así, en medicina nunca se puede decir que algo es cien por cien seguro, pero en manos cualificadas y expertas los problemas podrán ser mínimos«, subraya.
El ácido hialurónico producido es un componente biocompatible con nuestro organismo del cual se conoce la trazabilidad de su origen y su esterilidad. Las reacciones alérgicas son prácticamente inexistentes y, además, es una sustancia reversible que se puede disolver de forma inmediata empleando hialuronidasa.
«A diferencia de aquellos tratamientos en los labios en los que se hayan empleado compuestos de siliconas o biopolímeros, el ácido hialurónico es un gel biocompatible reabsorbible que se elimina con hialuronidasa», apunta.
«La hialuronidasa es una enzima que rompe las cadenas de las moléculas del ácido hialurónico con el fin de disolverlas rápidamente. En pocos minutos se apreciará su acción en los labios», atestigua.
La aplicación del ácido hialurónico por los profesionales adecuados evitará complicaciones o riesgos de oclusión vascular, bultos crónicos bajo la piel, asimetrías o infecciones por falta de asepsia. Después de una correcta dosificación es normal una pequeña inflamación o leves hematomas en la zona tratada.

«La metabolización del ácido hialurónico inyectado, degradación progresiva en el organismo, dependerá del tipo de ácido, de la zona tratada y de los hábitos de vida del paciente, como fumar: la duración media en los labios (con densidad bajo o media del producto) es de 6 a 12 meses; en los surcos, alrededor de 12; y en los pómulos de 12 a 18, ya que es una zona estática de soporte óseo y muscular», especifica el Dr. Gonzalo de la Peña.
Serán los médicos estéticos como el doctor De la Peña quienes, en comunión con l@s pacientes, decidan los compuestos de ácido hialurónico que se deben utilizar en la zona facial a tratar: «Recomendamos aquella tecnología biomédica que consideramos idónea para cada persona», recalca.
«Lógicamente, en algunas ocasiones nos toca decir… No… a las pretensiones estéticas de algun@s pacientes porque sabemos que no resultarán viables. Los profesionales debemos saber hasta dónde se puede llegar sin perjudicar la salud o la imagen de las personas», añade.
Patricia podrá ver el resultado definitivo en sus pómulos en dos o tres semanitas.
«Yo siempre aconsejo, además, no tocarse la zona tratada y no maquillarse por higiene hasta que no pasen 24 horas», concluye el Dr. Gonzalo de la Peña Varela, médico estético de la Clínica Imema.

El efecto facial del bótox
Bárbara y Patricia, dos mujeres, una joven y otra funcionaria administrativa jubilada, ya con 69 años de edad, reciben en un tratamiento de medicina estética mediante toxina botulínica o bótox, un compuesto químico purificado ideal para suavizar las arrugas faciales.
Bárbara, enfermera, siente que sus ojos «están un poco cerraditos, caídos» a causa de las arrugas que comienzan a formarse en la frente y quiere con el bótox mostrar una expresión «abierta y limpia para estar más guapa», nos cuenta.
Juani, en cambio, quiere una sesión de bótox para «dulcificar» las arruguitas de la frente y especialmente del entrecejo, «que lo tengo muy pronunciado». Ella está a gusto con su imagen, pero «estos pequeños arreglos son necesarios para sentirme a gusto», dice.
«Primero es mi salud y luego mi belleza corporal y facial. Yo no me veo en el espejo los 69 años que tengo», completa.
«El bótox es el tratamiento estrella en el tercio superior de la cara: lo infiltramos en los músculos de la frente, el entrecejo y las zonas de las patas de gallo con el fin de disminuir la gesticulación que remarca tanto las líneas de expresión como las arrugas propias del paso del tiempo», explica el Dr. Gonzalo de la Peña Varela, cirujano oral y maxilofacial.
«La neurotoxina interrumpe la transmisión de la señal nerviosa al músculo y de esa manera se evita la contracción muscular natural. Es decir, lo paraliza y de esta manera evita que se forme la arruga.», añade.
La diferencia en el tratamiento de ambas mujeres está en la cantidad de bótox a infiltrar en el tercio superior de la cara y en qué puntos de la frente, el entrecejo y las patas de gallo se inyecta el compuesto. El diseño de la intervención, por tanto, siempre debe ser personalizado y en las tres zonas, no sólo en una de ellas.
«A partir de cierta edad, muchas pacientes tienen un exceso de piel, lo que se llama una blefarocalasia (edema que causa pérdida de elasticidad, adelgazamiento y descolgamiento de los párpados superiores), lo que nos obliga a ser más precavidos en los grupos musculares afectados y a reducir la dosis de bótox», explica.
«Como médico estético debe tener controlada la cantidad de neurotoxina que estoy administrando durante todo el procedimiento», recalca.

¿El bótox es peligroso para la salud humana?
El bótox es potencialmente peligroso para el ser humano, pero la realidad científica nos dice que la dosis de toxina botulínica que haría falta para producir daño es muy superior a la que se utiliza en los tratamientos médico estéticos.
De hecho, en el tercio superior de la cara, donde se inyecta el bótox al paciente, se emplean 50 unidades y la dosis dañina tendría que ser de 3.000 unidades.
Como efectos secundarios, el bótox inyectado puede provocar dolor de cabeza durante varios días, aunque no es algo frecuente, y puede difundirse por zonas no deseadas, provocando la típica caída de ceja o de párpado.
Además, puede acarrear alergia a los componentes del tratamiento, con lo que no se podría administrar al paciente en otra sesión. También, está contraindicado en pacientes que sufren algún tipo de enfermedad neuromuscular, como puede ser la miastenia gravis.
Por supuesto, no se recomienda emplear bótox en pacientes embarazadas o en fase de lactancia materna.
Estas son algunas de las razones fundamentales por las que el tratamiento de toxina botulínica lo debe planificar y ejecutar un profesional sanitario especializado.
«El intrusismo profesional, más allá de que nos pueda molestar, inquietar o indignar a las médicas y médicos estétic@s cualificad@s y experimentad@s, siempre perjudica a l@s pacientes: la eficacia del tratamiento y su seguridad quedarán bajo sospecha permanente», subraya el Dr. Gonzalo de la Peña.
La aplicación del bótox suele formar pequeñas pápulas en la piel que se reabsorben y desaparecen dos o tres horas más tarde, por lo que conviene no maquillarse hasta pasadas unas 24 horas.
Es fundamental, a la vez, no masajear ni frotar estas zonas después del tratamiento, al igual que no se debe realizar ejercicio físico intenso, descansar o dormir tumbados hasta que no transcurran seis horas de postratamiento y evitar la exposición al calor directo (sol, secador, sauna, etc.).

Hasta seis meses sin líneas de expresión y arrugas con bótox
El resultado del tratamiento con bótox se aprecia a partir del cuarto día, aunque será preciso revisar al paciente pasadas dos semanas con el fin de solucionar posibles asimetrías en la gesticulación.
«El bótox reduce su efecto estético a partir del tercer o cuarto mes del tratamiento, cuando comienza a notarse de nuevo la gesticulación antes paralizada», apunta
«Recomendamos repetir las infiltraciones cada cinco o seis meses, dependiendo de cada paciente, para mantener el efecto preventivo ante las líneas de expresión y las arrugas en esta zona de la cara», señala el Dr. De la Peña.
Tanto en mujeres como en hombres conviene implementar ambos tratamientos faciales, ácido hialurónico y bótox, con terapias regeneradoras del colágeno y elastina para redensificar la piel de la cara, aumentando su textura y firmeza.

Una vez finalizada la sesión de aplicación de bótox, Bárbara espera que su cara y su expresión rejuvenezcan, mientras que Juani considera que el mantenimiento de su piel sin arrugas le haga sentirse «mejor que mejor», aunque la mayoría de sus amig@s y familiares «no lo vean bien».
«Me dicen que no me hace falta, que debo envejecer con dignidad, pero a mí me gusta verme y sentirme más joven», opina.
Juani, ¿envejeces con dignidad?
«Sí, envejezco con dignidad, aunque me retoque la cara para reducir y suavizar mis arrugas… Un estilo de vida que suelen bendecir aquellas personas que prueban el tratamiento estético», sentencia.
La regeneración de la belleza facial se consigue con seis retoques, ya sean de ácido hialurónico en pómulos, surcos nasogenianos y labios o de bótox en las patas de gallo, el entrecejo y las líneas de expresión en la frente.
En personas muy jóvenes viene pisando fuerte el «Baby Bótox«: se inyecta la toxina botulínica en dosis muy pequeñas con el objetivo atenuar y prevenir las incipientes arrugas de expresión, pero sin paralizar los grupos musculares.
«Las intervenciones mínimamente invasivas con ácido hialurónico y bótox devuelven frescura y juventud a la cara de las mujeres y los hombres, lo que les hace sentirse bien con ellos y ellas mismas. El resultado final, de calidad, se aprecia en la naturalidad de su expresión y en su sonrisa», concluye el Dr. Gonzalo de la Peña Varela.



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