La hemos visto dormida en la cuna, agarrada al pecho maternal, tumbada en el carrito de paseo, acomodada en los brazos o en las piernas de sus padres, tendida sobre la alfombra de los sonidos, formas y colores, gateando de aquí para allá, poniéndose de pie, yendo del sillón a la mesita y de la mesita al sillón, andando a trompicones por la casa, subiéndose a las sillas del salón y, doce meses después, caminando con entereza al lado de mamá y papá...