Si nos atenemos a las dimensiones del Universo, que es infinito, podríamos asegurar que cada ser humano es lo que un grano de arena a una playa caribeña, es decir, que si nos miramos el ombligo muy de cerca, incluso al microscopio, podríamos observarnos ciertas diferencias con los demás; y si nos curioseamos desde muy lejos, incluso con un gran telescopio, comprobaríamos, siempre y cuando consiguiéramos encontrarnos entre tanta inmensidad, que somos prácticamente como una partícula de nada; y sin embargo, todos queremos ser la luz más brillante del firmamento desde que nuestra madre dice: "Estoy embarazada"...