Pruebas ginecológicas.

Las «molestias» de las pruebas ginecológicas

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«Al realizar exploraciones y pruebas ginecológicas de rutina a las mujeres, o al aplicar ciertos tratamientos ambulatorios, podemos causar algunas molestias físicas, pero nunca dolor, que no es lo mismo», asegura la Dra. Carmen Sala Salmerón, tocoginecóloga de la Clínica Gine-3 de Barcelona.

«Por eso quiero dulcificar con información ese miedo escénico con el que llegan a mi consulta por primera vez, cuando siempre me preguntan: ¿No me vas a hacer daño, verdad?, o me describen el pánico que sienten ante la posibilidad de un diagnóstico de cáncer», dice la especialista en calidad de vida de la mujer.

«A ninguna mujer le agradan los instrumentos de exploración física para llevar a cabo citologías, análisis sanguíneos, test del virus del papiloma humano, colposcopias, toma de biopsias, ecografías transvaginales, biopsias endometriales o histeroscopias», opina.

«Hablamos de espéculos vaginales, espátulas de Ayre y cepillos citológicos, histerómetros, ecógrafos con sonda transvaginal, colposcopios, histeroscopios, pinzas de Pozzi o Schroeder, pinzas de Tischler o Schubert y cánulas de Pipelle», concreta.

«Y no me olvido de la enfermería ginecológica cuando efectúa las curas de las heridas quirúrgicas con su natural habilidad: pinzas de Bozeman o taponamiento uterino, pinzas de Foerster, pinzas de disección y pinzas Kocher, tijeras de Littauer, tijeras Mayo», relaciona.

«También, gasas y compresas estériles, gasas orilladas en cinta, sondas y cánulas de aspiración, equipos de sutura menor (agujas, portaagujas y suturas absorbentes), compresas obstétricas, antisépticos, povidona yodada, nitrato de plata y suero fisiológico», completa.

Espéculo ginecológico.
Espéculo de metal de la Dra. Carmen Sala. EFE/GRB

Del espéculo vaginal a los puntos quirúrgicos del periné

«Vaya por delante que la sensación de molestia o dolor sólo concierne a cada mujer, y l@s especialistas tenemos que tener muy presente su sensibilidad, angustia, tensión, miedo o pánico a los procedimientos y sus herramientas terapéuticas», aclara al Dra. Carmen Sala.

Una exploración ginecológica de rutina significa que se visualiza de forma directa el interior del túnel vaginal y el cuello uterino por medio de la colocación de un espéculo, que suele ser desechable (plástico) o reutilizable (metal), aunque también existen de tipo Cusco y Pederson.

«Su función principal es separar las paredes vaginales. Mi espéculo, de metal, siempre lo tengo un poco calentito, por la frialdad metálica. Después de impregnar vaselina, lo introduzco hasta el cuello del útero, primero de forma rectilínea y luego girando el dispositivo alrededor de 45 grados para poder accionar la llave que abre sus dos valvas», explica.

La valva superior es la que se eleva y se fija mediante un tornillo para sostener la pared, mientras la valva inferior permanece fija al mango del instrumento para sostener, además, la pared vaginal inferior.

«Cabe destacar que las mujeres mayores pueden tener una estenosis de introito (estrechamiento de la abertura externa de la vagina), bien porque nunca hayan mantenido relaciones sexuales, porque llevan muchos años sin practicar sexo o porque sean menopáusicas de largo recorrido», menciona.

Una vez posicionado correctamente el espéculo y abierto adecuadamente sus dos valvas, se procede a la revisión de la salud general de la vagina y el cérvix en busca de infecciones, llagas o pólipos.

Además, se toman muestras de células del cuello uterino para su análisis anatomopatológico (encontrar virus del papiloma o un posible cáncer). También se utiliza para insertar o retirar un DIU y para realizar biopsias, colposcopias o cultivos vaginales.

«Para esta recogida de muestras, citología, utilizo la espátula de Ayre, de madera o de plástico, plano y alargada. Luego cierro las palas (valvas) del espéculo vaginal y lo extraigo. Es una operativa que no duele, pero tampoco es agradable, cuanto menos», subraya la ginecóloga y obstetra de miles y miles de mujeres.

Tampoco causa dolor la ecografía ginecológica transvaginal, que es una prueba diagnóstica que utiliza ondas de sonido de alta frecuencia para obtener imágenes de los órganos del aparato reproductor femenino. Nos permite situar la sonda endocavitaria, delgada, cilíndrica y estéril, en el interior de la vagina.

«Cuando la mujer observa su tamaño (30-35 centímetros de largo) no puede dejar de preguntar si voy a meter ‘todo eso’, a lo que respondo que no, que sólo la parte final de 6 ó 7 centímetros, ya que el resto sirve para guiar el transductor desde el exterior de la vagina», comenta.

Si la ecografía descubre un pólipo, crecimiento carnoso, liso y alargado que se desarrolla en el cérvix, en su inmensa mayoría tumoraciones benignas, es necesario extirparlo (polipectomía cervical).

«Es una patología frecuente en el cuello uterino. A mis pacientes les informo de que se lo voy a quitar, que estén tranquilas, que no duele. Utilizo unas pinzas quirúrgicas largas. Localizo el pólipo, lo sujeto y giro y torsiono la pinza estrangulando la base del pólipo, que se desprende fácil y limpiamente», describe.

«A veces sangra el cortecito provocado en el tejido del cérvix, pero basta con aplicar unas pinceladas de nitrato de plata con un bastoncillo para curar la heridita. Os prometo que esta mínima intervención no causa dolor», subraya la Dra. Sala, que también ha sido y es paciente ginecológica.

En cambio, el umbral del dolor en la colocación de un DIU o dispositivo anticonceptivo intrauterino, ya sea de cobre u hormonal, dependerá de si la mujer ha tenido hij@s, de la habilidad de la ginecóloga o ginecólogo y de la tolerancia al dolor de la propia mujer, que debe someterse a esta intervención durante la menstruación.

En el examen previo, la médica habrá realizado una exploración manual para palpar el tamaño, la forma y la posición del útero. A continuación, después de colocar el espéculo, se realizará una medición de la zona con un histerómetro para liberar y fijar perfectamente el DIU a la distancia correcta con un aplicador.

«Como hay mujeres que manifiestan que se marean enseguida, suelo recetarles un analgésico para que se lo tomen una antes del procedimiento. En algunas clínicas, además, les aplican anestesia local con lidocaína alrededor del cuello uterino», apunta.

Después de extraer el aplicador del DIU, el ginecólogo cortará los dos finos hilos que cuelgan por fuera del cérvix, en la parte final de la vagina, que servirán de testigos de su posicionamiento y facilitarán la retirada a demanda en el futuro.

En un tratamiento del endometrio, la capa interna del útero, ya sea por un pólipo, un mioma o un carcinoma, que aumentan su prevalencia porque las mujeres mayores, menopáusicas, acuden más y más a las consultas de ginecología, debemos practicar una histeroscopia.

El objetivo es diagnóstico o terapéutico. Averiguar o confirmar un diagnóstico ecográfico de sospecha o extirpar el problema detectado en el interior del útero.

En este caso, la mujer requerirá de un tratamiento para dilatar el cuello del útero. Empleamos una pastilla intravaginal de misoprostol: los dedos de la ginecóloga empujan las pastillas una a una hacia lo más profundo del canal vaginal, cerca del cuello uterino.

«Yo les recomiendo a mis pacientes que acudan a la consulta con ganas de hacer pipí, ya que los úteros normalmente están volcados hacia delante y necesitamos que estén en una posición más horizontal, situación que se logra con una vejiga con una mayor cantidad de orina», indica desde su experiencia.

Una media hora más tarde, después de expandirse las paredes del útero, se visualizará directa y nítidamente todo el endometrio y las entradas respectivas a las trompas de Falopio con el sistema óptico y lumínico que incorpora la punta distal del histeroscopio.

«Lo que sí molesta, algo más que un poco, son las curas postoperatorias necesarias, por ejemplo, tras una cesárea o una histerectomía; algo que conoce de primera mano Elena López Corcos, mi enfermera de toda la vida», atestigua la Dra. Carmen Sala.

«En algunos casos, la mujer operada nos llama por teléfono y nos traslada su dolor físico. Entonces, la citamos y le practicamos un desbridamiento de un absceso o un hematoma, abrir, vaciar o limpiar pus y tejidos muertos, o sangre acumulada, respectivamente», expone.

Pruebas ginecológicas.

«Pero lo que verdaderamente sí puede doler, más o menos, es la retirada de los puntos de la sutura quirúrgica tras la recuperación de una cirugía perineal destinada a reparar o corregir daños estructurales o disfunciones en esta zona anatómica, situada entre la vulva y el ano en el caso de las mujeres», destaca la doctora Sala.

«Los puntitos de sutura que damos a las señoras que tienen el periné muy abierto o muy cerrado siempre se desprenden de forma natural, pero a veces ocurre, por la Ley de Murphy (si algo puede salir mal, sale mal) que no se caen por sí mismos y es preciso retirarlos del perine manualmente», resalta.

«Entonces, utilizamos unas tijeras de Littauer para deslizar su punta curvada por debajo del hilo de sutura pegado a la piel y cortarlo de forma segura, sin lastimar el tejido. A continuación, se tira del hilo suelto para extraerlo por completo», añade.

«Este procedimiento ginecológico suele ser el más doloroso para muchas mujeres, y para aliviar esta sensación les digo, siempre con empatía y una sonrisa, que mientras les quito cada puntito perineal piensen o se imaginen que se están depilando uno a uno los pelos de las cejas», concluye Carmen Sala.

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