El reglamento que afecta a estas sustancias usadas en esmaltes de manicura, en vigor desde el 1 de septiembre, califica tales productos como «carcinógenos, mutágenos o tóxicos para la reproducción» (CMR), por lo que su comercialización queda prohibida.
Así que desde ahora, los productos nuevos que contienen estas sustancias no podrán comercializarse y los ya vendidos antes de esa fecha no podrán seguir suministrándose, transfiriéndose ni poniéndose a disposición de otra persona en el curso de una actividad comercial.
¿Qué son estos compuestos?
El TPO y el DMTA son sustancias derivadas del petróleo y presentes en esmaltes y geles de uñas, un «fotoiniciador» para que el gel de uña empiece a endurecerse cuando le da la luz ultravioleta y un «compuesto condicionante», una especie de aditivo que mejora la adhesión y dureza del esmalte.
Lo explica a EFE el coordinador del Grupo de Endocrinología y Medio Ambiente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y catedrático emérito de la Universidad de Medicina de Granada, Nicolás Olea quien advierte que no solo son esas dos sustancias, sino que la lista de componentes tóxicos es «grande y preocupante» y no se está actualizando al ritmo que se debería.
«Es de aplaudir que se estén tomando estas medidas, lástima que tarden tanto tiempo. Siempre hay alternativas en el mercado menos peligrosas, la industria tiene sus sustitutos», señala.
Prohibidas en salones de belleza
Los profesionales del sector cosmético no podrán vender ni regalar estos productos en la UE, lo que incluye tantos las adquisiciones al por mayor como al por menor, según precisa la Comisión Europea.
Además, los usuarios profesionales que utilizan estos productos, por ejemplo en salones de belleza, deben también dejar de aplicarlo en sus clientes, aunque los esmaltes y geles para uñas se hubiesen adquirido con anterioridad al 1 de septiembre.
Esto obliga a los comerciantes y a los profesionales de centros de belleza tanto a dejar de utilizar estos productos como a deshacerse de los que tenían almacenados y optar por artículos alternativos de la industria cosmética.

En 2015, los informes científicos disponibles hasta el momento aseguraban que los geles curados UV hasta un 5 % (endurecidos mediante la exposición a la luz ultravioleta) no entrañaban estos riesgos, pero nuevas evidencias han propiciado este cambio de categoría.
Las sustancias dentro de la categoría CMR pueden causar cáncer o aumentar su frecuencia, inducen cambios en la estructura o el número de cromosomas de las células (una etapa inicial en el desarrollo del cáncer) y perjudican la fertilidad al alterar el desarrollo del feto con abortos espontáneos o malformaciones.
Este reglamento que fue aprobado el 12 de mayo pasado pero ha entrado en vigor este lunes del 12 de modifica uno anterior, de 2009, con un número menor de sustancias.
Disruptores endocrinos
Olea indica que los dos componentes recién prohibidos son también disruptores endocrinos, aunque esta realidad no ha pesado en la prohibición porque la UE no ha legislado sobre compuestos «hormonalmente activos».
El experto sostiene que los disruptores endocrinos son sustancias químicas que, una vez dentro del organismo, modifica las hormonas: «Son mensajeros químicos que comunican un órgano con otro y estos disruptores ‘hackean’ el mensaje, lo disminuyen o lo amplifican».
Esos disruptores están presentes en pastas de dientes, geles de ducha, champús, detergentes, cremas faciales, productos de protección solar…
El doctor de la SEEN indica que una mujer española consume una media de 14 productos cosméticos al día que tienen una media de 38 componentes, más de 500 en total. A esto hay que sumar pesticidas, textil, envasados de plástico, etcétera.
A su juicio, debe establecerse un mayor control de estas sustancias y denuncia que los plazos para su prohibición son demasiado lentos.
En ocasiones, llegan a pasar más de 30 años desde que se empiezan a detectar las primeras evidencias de su toxicidad hasta que se sacan del mercado.
«Cuando tengamos las pruebas completas de toxicidad, será tarde. El principio de precaución nos dice que hay que evitar la exposición si tienes una sospecha razonable de riesgo», argumenta.



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