El cirujano Manuel Sans Segarra asegura, «en contra» de lo que le enseñaron en la facultad de Medicina, que la muerte no es el final. Y no lo es, apunta, porque el ser humano «es cuerpo y mente y algo más que perdura después de la muerte física». Lo afirma después de investigar durante años las experiencias de pacientes suyos que tras estar clínicamente muertos, volvieron a la vida.
Durante casi una hora, hablamos con Sans Segarra en Madrid con motivo de la publicación de su último libro «La Humanidad en crisis» (Planeta), en el que aborda la falta de valores de la sociedad actual como consecuencia, fundamentalmente, de estar dominada por el ego.
«El ego es nuestra falsa identidad. Nos ha avocado a una situación en la que imperan todos los aspectos más egoístas del ser humano. Condiciona que busquemos que nuestra finalidad sea éxito, fama, riqueza, poder, dominio. Y para conseguir estos objetivos no tenemos en cuenta ni la cohesión social ni el entorno social», afirma Sans Segarra.
El ego y el pánico a la muerte
Como jefe de servicio de cirugía digestiva, cargo que desempeñó en el Hospital Universitario de Bellvitge de Barcelona, empezó precisamente estudiando el comportamiento del ser humano en las situaciones difíciles: en la enfermedad grave.
«Y me di cuenta de que, precisamente, había una gran hipertrofia, lo que llamamos un ego inflado sumamente potente. Veía a estos pacientes dominados por el ego, con un auténtico pánico ante la muerte, con una incomprensión total de la realidad existencial, que el ser humano crece, evoluciona y muere. Este es nuestro ciclo», abunda Sans Segarra, quien ha dedicado su carrera a investigar las experiencias cercanas a la muerte.
El hecho de que el ser humano no acepte la muerte indujo a Sans Segarra a estudiar este fenómeno en profundidad y una de las cosas que le ayudó mucho fue encontrar a pacientes que habían superado una situación de muerte clínica.
En este punto, el cirujano hace un inciso y precisa que, actualmente, si se aplican las medidas de reanimación cardiorrespiratoria sobre todo en el primer minuto, se pueden llegar a recuperar al 35 % de los pacientes.
Experiencias cercanas a la muerte
Algunos pacientes que había recuperado en situaciones muy críticas, en quirófano, le contaron una serie de vivencias, que denomina «experiencias cercanas a la muerte».

«Vi que constituían un nuevo paradigma, que no seguían las leyes de lo que yo había estudiado en la facultad de Medicina y que regía mi dinámica como profesional, que es el método científico fundamentado en la fisiología, la anatomía, en la biología, en una ontología materialista», abunda.
Durante la entrevista, narra algunas de esas experiencias de pacientes que aseguran haber salido del cuerpo en el que se encontraban en una situación de muerte clínica y han visto todo lo que estaban haciendo los médicos en ese momento. Pero además, también han visto a seres queridos fallecidos, entre otras vivencias.
Las investigaciones
Asegura que «hay pruebas objetivas» de que lo que cuentan los pacientes es «realmente cierto», con estudios «muy profundos» con resonancia magnética funcional.
«Cuando cuentan que durante la experiencia cercana a la muerte han visto un objeto que les llamó la atención y lo describen, en la resonancia magnética se activa el lóbulo occipital, que es donde el ser humano interpreta la imagen que ve. Entonces, si se activa es que realmente vio ese objeto», apunta Sans Segarra.
En esa zona del cerebro, según explica, hay neuronas espejo, donde queda impregnada la memoria de los objetos que vemos y que condicionan nuestro interés.
«Cuando enseñé estas placas a los neurocientíficos y neurólogos que me negaban la realidad de las experiencias cercanas a la muerte ¿sabe qué me contestaron?: «Este enfermo realmente vio el objeto'», indica.
Y cuando los pacientes cuentan las experiencias cercanas a la muerte, se activan zonas de la red neuronal por defecto, referentes a la memoria autobiográfica, que confirman que «lo que están contando es cierto».
Si fueran alucinaciones fruto del sufrimiento cerebral, sueños o falsedades, Sans Segarra sostiene que se activarían otras zonas del cerebro.
La energía que no se puede detectar
«Tenemos ya pruebas objetivas de que lo que nos están contando de algo que no es visible, que no podemos objetivar, son realmente ciertas o científicamente demostradas, por lo tanto, podemos definir al ser humano como cuerpo, mente y una energía sutil que no podemos detectar y que condiciona una serie de fenómenos», insiste.
Y estudiando estos fenómenos le permiten afirmar, incide en la entrevista, que los seres humanos «somos seres espirituales, que tenemos una supraconciencia que durante un tiempo efímero, se introduce en un cuerpo material».

Cuando llega la muerte física el cuerpo es materia, pero la auténtica identidad perdura, esa supraconciencia es la esencia trascendente y espiritual del ser humano.
«Por lo tanto, podemos definir al ser humano como cuerpo, mente y después hay una energía que no podemos detectar, que tiene continuidad fuera del cerebro, que es capaz de desplazarse a distancia y que persiste a pesar de la muerte clínica», continúa.
La muerte como tránsito hacia otra dimensión
Así, considera que hay que cambiar el concepto de la muerte, porque ésta «es un tránsito hacia otra dimensión», sentencia.
«Somos cuerpo, mente y algo más que perdura después de la muerte física. Y tenemos estas pruebas que lo demuestran. La iglesia lo llama el espíritu, otros lo llaman con otros nombres, pero a mí me gusta llamarlo supraconciencia, porque está por encima de nuestra conciencia», asevera.
En la supraconciencia impera la empatía, el altruismo, la bondad, la justicia, la belleza y el amor, según Sans Segarra, que cuenta que el difunto Papa Francisco con el que se reunió casi una hora en 2025, le invitó a seguir investigando y que el Dalai Lama, le dijo lo mismo.
Sans Segarra reconoce que se ha encontrado con una «gran oposición» respecto a sus afirmaciones, pero destaca «la respuesta social» que tiene entre la ciudadanía.
La importancia de la meditación
El médico está convencido de que con el ego el ser humano no será feliz ni libre: «Tendremos pseudolibertad», pero si impera la supraconciencia «somos auténticamente libres y felices».
La supraconciencia, precisamente, será la clave para salir de la crisis existencial que, según ahonda en el libro, vive la humanidad.
La meditación es el cauce para llegar a ella, pero «bien hecha» y «bien orientada». El médico la ha practicado durante varios años y asegura que se consigue paz y armonía.
La inteligencia artificial
Para Sans Segarra, la sociedad está «muy avanzada pero poco evolucionada» y señala que en el siglo XXI hay dos grandes inventos que son la inteligencia artificial y la robótica.
La primera va a permitir «un progreso extraordinario» tanto en medicina como en todas las ramas del conocimiento humano, pero advierte de que «es una máquina y nunca tendrá vivencia subjetiva, funciona por unos algoritmos».
«El gran enemigo de la inteligencia artificial es el enchufe. Si usted la desenchufa, la para, pero quien la pone es el hombre», advierte Sans Segarra, y si la controlan hombres dominados por el ego, podrá matar.



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