Valor social fármacos
EFE/Alvaro Sánchez

Personas que dejan de trabajar para cuidar a un familiar: ¿Se puede medir el impacto social de un fármaco?

En el Congreso de los Diputados, el pasado 3 de febrero, el presidente del Foro Español de Pacientes, Andoni Lorenzo, afirmó: “Yo he dormido cuatro años en un sofá. He sido padre de una niña con diabetes a los 16 meses. Sé que la mayoría de padres de una niña o de un niño que debuta con diabetes, uno de ellos tiene que dejar de trabajar”.

La afirmación la hizo en el acto de presentación del informe Reflexión Estratégica sobre el Valor Social en la Evaluación de Medicamentos (REVALORE), un informe impulsado por Roche Farma que aboga por incluir en la evaluación de los medicamentos innovadores el llamado “valor social”.

Valor social que el propio informe define como “el conjunto de principios, criterios y atributos que expresan los valores compartidos por la sociedad y que deben guiar las decisiones sanitarias”. Según los autores del documento, no se trata de formular una declaración de intenciones, sino de definir una metodología que lo permita.

Valor social en la evaluación de los medicamentos
Los expertos durante la presentación del informe REVALORE

Porque si un nuevo fármaco genera beneficios clínicos y ahonda en un ahorro de costes para el sistema sanitario, también implica consecuencias sociales, emocionales, personales. Las terapias innovadoras buscan eso: mejorar la autonomía de los pacientes, sus condiciones de vida. Si eso ocurre, mejorarán igualmente las condiciones de vida de familiares o allegados.

En el mismo acto en el que habló Lorenzo, la vicepresidenta del Comité de Ética de España, Isolina Riaño, puso como ejemplo la diabetes infantil. Habló de cómo tecnologías como los monitores continuos de glucosa han permitido mejorar la calidad de vida tanto de los pacientes como de los padres preocupados “por el temor a la hipoglucemia”.

Medir el impacto emocional

Son innovaciones que impulsan, además, la productividad del país y el ahorro en el sistema al reducir inversión en servicios o bajas laborales. 

Sin embargo, la evaluación de los fármacos está limitada a un nivel presupuestario y objetivo. En el acto tuvo protagonismo el borrador del decreto para la regulación de la evaluación de las tecnologías sanitarias, que expande el campo. 

Varios de los ponentes en la jornada del Congreso, como Lorenzo o Riaño,  coincidieron en que el modelo actual se centra en la eficacia clínica y el impacto presupuestario, pero no acoge el valor social real de las innovaciones terapéuticas. 

Se trata de medir cuestiones como la autonomía funcional del paciente y su capacidad para desarrollar una vida cotidiana independiente. O la carga que supone la enfermedad para familiares y cuidadores. 

vIh tratamiento
Imagen de pastillas antirretrovirales. EFE/Nic Bothma

Incorporar en las bases de datos del sistema sanitario información sobre los resultados reportados directamente por los pacientes sobre su salud (PROM) y experiencias de los pacientes en el sistema (PREM) sería un paso. También, abogar por la llamada “valoración contingente” para captar el impacto emocional. 

El director del departamento de oftalmología de la Clínica Universidad de Navarra, Alfredo García-Layana, señaló que muchas innovaciones pueden prevenir, por ejemplo, discapacidades visuales a largo plazo.

Algo así tiene consecuencias en el bolsillo de los ciudadanos: pagos directos en transporte, adaptación de la vivienda, copagos o servicios privados de fisioterapia y psicología, etcétera..

Innovación en salud no es gasto en salud

Consideraron los intervinientes que evaluar los medicamentos según los beneficios clínicos o el impacto presupuestario es lo más fácil, puesto que es lo más objetivo. “Se evalúa si funciona y cuánto cuesta, porque eso relativamente es fácil”, aseguró Isolina Riaño.

Según los ponentes, esto se debe a la falta de datos en los ensayos clínicos y el temor a  introducir subjetividad. “Podemos medir, comparar, estandarizar, pero toda esta nueva mirada más amplia sobre el valor social conlleva resistencia a la hora de incorporarla por miedo a introducir subjetividad”, añadió. 

“Hay que hacer un estudio, un trabajo sistemático y buscar cuantificaciones, valores objetivos que realmente puedan poner de manifiesto el impacto social”, defendió Alfredo García-Layana. 

Durante el acto, el director general de Roche Farma España, Patrick Wallach, destacó que “es imprescindible empezar a valorar la innovación en salud como una inversión, no como un gasto”.

“Para ello –añadió– debemos empezar a medir ya lo que conocemos como valor social de la innovación, que trasciende los beneficios clínicos para mejorar notablemente la calidad de vida de los pacientes y de sus cuidadores”.

En este sentido, el oncólogo Javier de Castro apunta que hay que poner valor a la innovación de la investigación, no solo a la hora de sumar beneficios y progresos, sino ver inversión también en el valor social, que frecuentemente se ve como un gasto

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Sala Blanca Integral de nueva generación del hospital infantil Niño Jesús de Madrid para terapias avanzadas contra el cáncer infantil. EFE/ Luca Piergiovanni

Esta innovación generará una reducción de dependencia y de discapacidad. Alfredo García-Layana resaltó: “Los nuevos tratamientos han modificado las expectativas de estos pacientes y de su calidad de vida”. 

De este modo, el oftalmólogo apunta que gracias a tratamientos muy costosos se pueden evitar enfermedades incurables, como las terapias génicas, que “ya son una realidad y que pueden evitar de una manera rotunda la ceguera”.

El nuevo marco normativo del borrador del decreto Ley debería incluir estos componentes, según los expertos:

  • Asegurar la aplicación única en todo el territorio
  • Definir cómo medir el valor social
  • Garantizar la participación efectiva de los pacientes 
  • Utilizar nuevas herramientas de evaluación social y económica

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