Autor: Gregorio Del Rosario

El general médico, Manuel José Guiote Linares, jefe de la BRISAN del Ejército de Tierra, se ajusta el cinturón de seguridad en el sevillano aeródromo de Los Alcores para subir al autogiro BellComm C-44 Medevac y comprobar in situ su extraordinaria utilidad sanitaria, ya que esta aeronave, con un coste operativo diez veces menor al el de un helicóptero, "es difícil de detectar por el enemigo y resultaría muy eficaz para evacuar heridos desde la primera línea de combate"...
Las conversaciones rutinarias de los niños o sus diálogos con los padres, familiares y amiguitos, suelen estar vinculadas a las cosas y a las personas que les rodean; es propio del desarrollo infantil. Pero alguna de sus reflexiones más íntimas, cuando no la verbalización espontánea de un pensamiento, basta un desencadenante perturbador o impresionante, pueden sorprender tanto a los adultos que nos hacen cuestionarnos si su mente es tan inocente como creemos o nos han contado...
Suele pasar con los familiares más cercanos y las amistades, y también con los compañeros de trabajo, los vecinos y todo tipo de ciudadanos, pero cuando los niños se enfadan a rabiar con su padre o su madre, o con los dos a un tiempo, a veces se enojan tanto que dicen auténticas barbaridades emocionales; dardos envenenados que atraviesan hasta tal punto el corazón de sus progenitores que las lágrimas de amor se transforman en carcajadas de payaso...
Los adultos estamos tan acostumbrados a mentir a los niños que si contáramos el número de veces que lo hacemos al cabo del día, las semanas o los meses, no podríamos siquiera escribir esa cifra juntando todos los dedos de las manos y de los pies; y aunque siempre damos por hecho de que lo hacemos por su bien, hay situaciones en las que deberíamos pensar nuestra respuesta con más y mejor tino, ya que el engaño piadoso, cuando no una mentira absurda, puede resultar fatal para su bienestar futuro, máxime si esa media verdad está íntimamente relacionada con la ilusión del amor o la felicidad...
Si nos atenemos a las dimensiones del Universo, que es infinito, podríamos asegurar que cada ser humano es lo que un grano de arena a una playa caribeña, es decir, que si nos miramos el ombligo muy de cerca, incluso al microscopio, podríamos observarnos ciertas diferencias con los demás; y si nos curioseamos desde muy lejos, incluso con un gran telescopio, comprobaríamos, siempre y cuando consiguiéramos encontrarnos entre tanta inmensidad, que somos prácticamente como una partícula de nada; y sin embargo, todos queremos ser la luz más brillante del firmamento desde que nuestra madre dice: "Estoy embarazada"...