Autor: Gregorio Del Rosario

Podemos escribir, sin temor a equivocarnos, que la minería y la neumología son dos profesiones análogas: los mineros bajan al pozo a extraer, a mano, a pico y a pala, el negro carbón del interior de la tierra para darnos energía; los neumólogos exploran el sistema respiratorio con fonendoscopios, radiografías y espirómetros para llevar más aire al pulmón de los fumadores y, de paso, deshollinar el negro alquitrán que estruja su vitalidad...
La hemos visto dormida en la cuna, agarrada al pecho maternal, tumbada en el carrito de paseo, acomodada en los brazos o en las piernas de sus padres, tendida sobre la alfombra de los sonidos, formas y colores, gateando de aquí para allá, poniéndose de pie, yendo del sillón a la mesita y de la mesita al sillón, andando a trompicones por la casa, subiéndose a las sillas del salón y, doce meses después, caminando con entereza al lado de mamá y papá...