Si eres alérgico al alumbrado navideño de las calles, no soportas el pavo, los langostinos o los adornos de Papá Noel, y rechazas de plano las compras a golpe de villancico, no le des más vueltas: odias la Navidad. Pero si te consuela saberlo no estás solo y tu tribu parece que va en aumento...