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Una matrona explora a una paciente en el Hospital Gabriel Toure, en Bamako. Foto cedida/Fatoumata Tioye Colulibaly

Tener cáncer de mama en un país pobre: sin casi oncólogos, con escasez de terapias y mucho estigma

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Afrontar y superar un cáncer de mama es una carrera de obstáculos aún más dificultosa en un país pobre. Gran parte de las muertes en el mundo por esta enfermedad recaen en los territorios en vías de desarrollo, en los que casi no hay oncólogos especializados, el acceso a los tratamientos es un reto por varios factores y el estigma que sufren las mujeres aún es grande.

Alrededor del 80 % de las muertes por cáncer de mama y cuello uterino tienen lugar en países de ingresos bajos o medios. Además, los expertos de salud mundial estiman que el número de casos de cáncer en estos países va aumentar un 150 % en 2050, según cifras facilitadas por Médicos Sin Fronteras (MSF).

En el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, en EFE Salud abordamos esta enfermedad en los países en vías de desarrollo, donde sigue siendo «un gran desafío» en cuanto al acceso a los tratamientos, las infraestructuras y la escasez de profesionales, entre otras barreras.

La prevención

Si empezamos por la prevención, la responsable de la Unidad de Oncología de MSF, Alice Authier, afirma, en declaraciones a EFE Salud, que los programas en este sentido varían entre países.

Hay algunos que los han implementado pero «todavía queda trabajo por hacer» y uno de los desafíos es aumentar la dotación económica de estas iniciativas, de las que suelen hacer hincapié los estados solo durante un mes -el de octubre-, pero no el resto del año.

En general en los países pobres, el cáncer es una enfermedad «bastante desconocida» y está asociado a «muerte», porque la mayoría de los pacientes que consiguen acceder a los tratamientos ya se encuentra en una fase avanzada.

El cáncer de mama no es una excepción. «Las señales de alarma entre las mujeres son conocidos en ciertos niveles de las comunidades pero eso no significa que en todos y hay poblaciones que no han oído hablar de ello», afirma la experta de MSF.

Escasez de profesionales e infraestructuras

Una de las mayores muestras de desigualdad a la hora de abordar el cáncer de mama en un país pobre en comparación con otro más desarrollado es el complicado acceso a las terapias y la escasez de profesionales cualificados.

«El acceso al tratamiento depende de si hay especialistas sobre el terreno. Por ejemplo, en Mali hay muy pocos especialistas para atender todos los casos de cáncer a nivel nacional, apenas seis o siete oncólogos médicos», afirma Authier.

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Una mujer camina en el campamento de Ladan, en Somalia EFE/EPA/Daniel Irungu

Otro desafío para tratar el cáncer de mama en un país pobre es la infraestructura.

En el caso de la radioterapia precisa una infraestructura «compleja y costosa que requiere una gran inversión».

Y obtener medicamentos quimioterápicos «sigue siendo uno de los mayores retos actualmente en los países de ingresos bajos y medios, donde las cadenas de suministro no funcionan plenamente», apunta la experta.

Frecuentes desabastecimientos de fármacos

El tratamiento es muy costoso y hay «muy pocos países» en los que las mujeres con cáncer de mama puedan acceder a ellos de forma gratuita. Y si lo consiguen, tampoco lo tienen garantizado durante el tiempo que debería durar el tratamiento.

«El coste del tratamiento puede ser una de las primeras barreras debido al acceso muy limitado. En algunos países, aunque ciertos fármacos de quimioterapia sean gratuitos para los pacientes, hay frecuentes problemas de desabastecimiento en las farmacias centrales, por lo que el paciente tiene que conseguir el tratamiento por sus propios medios», insiste.

«Los frecuentes desabastecimientos obligan a las pacientes a recurrir a farmacias privadas, donde los precios son todavía más caros», señala Authier, quien añade que el acceso a las terapias innovadoras «están completamente fuera del alcance de algunos gobiernos y pacientes, especialmente debido a su precio extremadamente elevado».

Las consecuencias

De hecho, en el camino del tratamiento del cáncer, «hay una gran pérdida de seguimiento de las pacientes», que una vez que tienen el diagnóstico de cáncer de mama, no regresan al médico.

Insiste en que la accesibilidad —tanto geográfica como de seguridad— es uno de los motivos principales de la interrupción del tratamiento.

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Varias mujeres de la región de Bandiangara, en el centro de Mali, viajan en un mototaxi. EFE/ Idrissa Diakité

«Por ejemplo, en Malí las capacidades médicas están centralizadas en la capital, Bamako. Esto significa que si vives en otra región, tienes que viajar a la capital, contar con financiación, garantizar tu seguridad durante el viaje y asumir costes adicionales para la familia. La carga del cáncer exige estar físicamente en la capital durante unos seis meses, lo cual no siempre es viable ni seguro», explica Authier.

Además, las pacientes a causa del tratamiento experimentan diversos efectos secundarios y necesitan apoyo constante durante todo el proceso.

«Contar con apoyo dedicado, tanto médico como psicosocial, es fundamental para evitar la interrupción del tratamiento en estos entornos. Funciona como conexión para resolver dudas, brindar orientación social y mantener una conexión con la realidad del paciente, la cual no siempre está relacionada únicamente con el aspecto médico», considera.

El estigma del cáncer de mama

El estigma es otro de los problemas. La comunicación del diagnóstico de cáncer de mama, como en general con los tumores de órganos femeninos, conlleva «una gran carga simbólica» por su vínculo con «la representación de la feminidad»

Y es muy común que, ante una mastectomía, las mujeres rechacen el tratamiento, sobre todo si no tienen acceso a la cirugía reconstructiva.

En este sentido, Authier subraya que la mejor manera de romper esta barrera y apoyar a las pacientes es contar con el testimonio de supervivientes, que ya han pasado por esa situación y pueden contarles su propia experiencia.

MSF, en el terreno

Los equipos de MSF proporcionan atención oncológica -desde el cribado hasta el tratamiento y los cuidados paliativos- en varios países, en los que colabora con ministerios de salud, profesionales, redes comunitarias y expertos en la lucha contra el cáncer.

En Mali, más de 2.300 mujeres recibieron atención médica por cáncer de mama o cáncer de cuello uterino entre 2021 y 2025 a través del programa desarrollado por MSF y los socios de la ONG en Bamako.

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Una mujer tras participar en un cribado e cáncer de mama y cuello uterino, organizado por MSF y sus socios en Bamako. Foto cedida/Fatoumata Tioye Coulibaly

Un estudio retrospectivo que analizó los resultados del tratamiento de mujeres atendidas por MSF y el Ministerio de Salud en Mali entre 2019 y 2022 muestra, según la ONG, avances a pesar de las dificultades.

Las cifras indican que solo una cuarta parte de las pacientes fue diagnosticada en una fase temprana de la enfermedad, pero la proporción mejoró con el tiempo y las tasas globales de supervivencia de cáncer de mama eran del 91 % después del diagnóstico y del 72 %, a los tres años.

Para MSF estas «cifras son prometedoras, pero deben interpretarse con cautela, dado el elevado porcentaje de pacientes cuyo estado de supervivencia se desconocía en el estudio (30 % de pacientes perdidas durante el seguimiento)».

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