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EFE/EPA/TOLGA AKMEN

Se acerca la primavera: consejos para prevenir un déficit de vitamina D tras el invierno

Una menor exposición solar durante el invierno puede favorecer un déficit de la vitamina D y pasar desapercibido en primavera. Varios expertos ofrecen recomendaciones para prevenir esa posible falta, que, no obstante, siempre tiene que diagnosticar un profesional sanitario.

En una nota, Sanitas señala que, durante el invierno, la reducción de la exposición a la radiación ultravioleta limita la capacidad del organismo para sintetizar vitamina D a través de la piel. Esta vitamina es vital para la salud al intervenir en la absorción del calcio y en el mantenimiento de la salud ósea y muscular.

Si el déficit se mantiene en el tiempo puede repercutir en la funcionalidad diaria.

Hay que recordar que el Ministerio de Sanidad alertó el pasado mes de julio de los riesgos de consumir vitamina D sin control médico y recordó a la ciudadanía y a los profesionales sanitarios la importancia de un uso prudente y basado en la evidencia científica.

El departamento de Mónica García señalaba que si bien la vitamina D cumple una función esencial en el metabolismo óseo y en la regulación del calcio, su uso debe ajustarse a criterios clínicos bien fundamentados, con el fin de evitar intervenciones ineficaces o potencialmente perjudiciales.

¿Cómo afecta el déficit de vitamina D?

La principal fuente de vitamina D en el organismo es la síntesis cutánea a partir de la exposición solar. La suplementación innecesaria puede conllevar efectos adversos, especialmente cuando se exceden las dosis recomendadas, incidía el Ministerio.

Un déficit diagnosticado de vitamina D en primavera tras un invierno tan lluvioso como el que está a punto de concluir puede provocar en los adultos osteomalacia, un trastorno que deriva en el progresivo debilitamiento de los huesos y un aumento de la fragilidad muscular.

déficit vitamina D
EFE/Antonio Garcia

Estos síntomas a menudo se confunden con las molestias típicas del invierno, como la fatiga persistente o la disminución de la tolerancia al esfuerzo. La confusión puede retrasar el diagnóstico.

“La síntesis cutánea de vitamina D depende de la radiación UVB, pero la exposición intencionada al sol sin protección no es una estrategia segura. El daño solar se acumula y el riesgo de cáncer de piel aumenta”, advierte Cristina Villegas, jefe de Dermatología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.

Las personas mayores

En personas mayores, la capacidad de la piel para sintetizar vitamina D también se reduce. En este caso, la decisión sobre el tratamiento se considera con más cautela debido a su influencia en el equilibrio, la movilidad y la autonomía.

“Cuando aparecen debilidad muscular, dolor óseo o un deterioro funcional que no se explica por otras causas, conviene valorar el estado de salud en su conjunto y, si procede, revisar la vitamina D dentro de una evaluación clínica completa”, señala Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores.

Si se confirma el diagnóstico y el profesional sanitario prescribe un tratamiento, la suplementación debe pautarse y revisarse de forma periódica.

En este sentido, Sanitas incide en que la sobredosificación puede provocar hipercalcemia y otras complicaciones.

Recomendaciones

Los expertos de Sanitas han elaborado un listado de recomendaciones para prevenir este déficit:

  • Realizar salidas frecuentes al aire libre durante las horas de sol, como caminatas diarias o desplazamientos a pie, incluso si son breves, sin necesidad de exponerse de forma intencionada o prolongada.
  • Es importante mantener el uso habitual de fotoprotección cuando sea necesario, dado que la exposición diaria a menudo permite la síntesis de vitamina D sin necesidad de alterar las rutinas de cuidado de la piel. Solo en otoño e invierno podemos ser menos rigurosos con su aplicación, excepto si se realiza deporte al aire libre, como montañismo o esquí.
  • Revisar la dieta y la alimentación con la ayuda de un profesional, especialmente si esta es poco variada, si se están siguiendo dietas restrictivas o si se ha experimentado una pérdida de apetito durante los meses de invierno, para cuidar la alimentación adecuadamente.
  • Poner atención a signos persistentes como debilidad muscular, dolor en los huesos o pérdida de fuerza. Si estos síntomas interfieren con actividades diarias o no tienen una explicación conocida, es recomendable buscar asesoramiento médico.
  • Evaluar la analítica o la suplementación con vitamina D bajo indicación médica. Es fundamental evitar la automedicación. Además, se debe solicitar seguimiento profesional si el paciente padece enfermedades crónicas, alteraciones en el metabolismo del calcio o está siguiendo tratamientos prolongados.
  • Promover rutinas que incluyan actividad física y movilidad adecuadas, ya que el ejercicio muscular es crucial para conservar la función ósea y mejorar el bienestar general durante la temporada invernal.

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