Los disruptores endocrinos son sustancias químicas que tienen la habilidad de comportarse como una hormona endógena, explica a EFEsalud la catedrática de la Universidad de Granada, Mariana Fernández, quien también es miembro del Comité de Dirección del Centro de investigación Biomédica en Red en Epidemiología y Salud Pública (ciberesp).
Las hormonas, recuerda la investigadora, son fundamentalmente mensajeras que llevan la información de un órgano a otro para que el organismo funcione correctamente.
«Imagínate que esa información se altera, bien porque se bloquea o porque se facilita cuando no corresponde, llevando más información de la que había de dar, o se inhibe o favorece que haya más o menos hormonas, con lo cual se perturba absolutamente la homeostasis hormonal», señala Fernández.
Hay un gran número de disruptores endocrinos como, por ejemplo, algunas benzofenonas, parabenos, fenoles (como el bisfenol A), entre otros muchos.
Momento críticos del desarrollo
Uno de los problemas es cuando ocurre la exposición a disruptores endocrinos en momentos críticos del desarrollo, como puede ser durante el crecimiento de un individuo, durante el embarazo, pero también en los primeros años de vida.
Ambos son periodos de tiempo especialmente particulares donde incluso la exposición en bajas dosis puede estar relacionada con «resultados irreversibles» en problemas de salud. Aunque la mayoría de los trastornos «probablemente» aparezcan años más tarde.
«A veces el efecto no se ve hasta una generación posterior, es decir, el efecto de la exposición de una madre embarazada se va a observar cuando ese hijo que tiene en la barriga llegue a la edad adulta», detalla la catedrática de la Universidad de Granada.
Entre otros estudios, Fernández cita algunos trabajos de la epidemióloga Barbara A. Cohn que siguió durante décadas a mujeres embarazadas en los 60 y años después a sus hijas en edad adulta y a sus nietas, en las que se veían las consecuencias de los niveles de exposición de disruptores endocrinos durante el embarazo, demostrando que el efecto es algo transgeneracional.
Las niñas
«Los disruptores endocrinos están en una multitud de productos cotidianos», señala la investigadora y los cosméticos y productos de higiene son de las vías de exposición más importantes en la actualidad.
En el caso de las niñas, por ejemplo, subraya Fernández, «se ha puesto de moda, lamentablemente» que empiecen a maquillarse a edades tempranas y a incorporar una rutina de belleza «impuesta» desde distintos ámbitos de la sociedad, como las redes sociales.

Es un sector de la población que preocupa mucho a los investigadores.
«¿Cómo es posible que una niña de 9 o 10 años como regalo de comunión tenga cosméticos copiando a una youtuber o que se incorporen tantísimos cosméticos que no son necesarios porque el canon de belleza es ese? Es realmente preocupante», reflexiona.
¿Qué consecuencias tiene la exposición?
Los trastornos fundamentales que acarrea la exposición a disruptores endocrinos son, sobre todo, reproductivos; desde la calidad seminal del hombre hasta el adelanto de la pubertad y la menarquia en niñas. Pero también puede favorecer el riesgo de tumores hormonales.
Que la pubertad de las niñas se esté adelantando tiene consecuencias en su salud.
«Un estudio español multicéntrico en el que estamos participando, estamos estudiando la relación entre la exposición a disruptores endocrinos y la pubertad precoz; niñas con botón mamario a los 8 años -telarquia precoz-. Este adelanto significa que los ovarios de esas niñas ya están funcionando, ya están produciendo su hormona correspondiente, el estradiol. La edad de la telarquia se ha adelantado casi tres meses por década entre 1977 y 2013», subraya Fernández, quien explica que eso se traduce en un mayor riesgo de cáncer de mama.
La exposición a disruptores endocrinos también puede originar problemas metabólicos o trastornos del neurodesarrollo.
No todos estamos expuestos por igual
«La exposición ocurre fundamentalmente en el embarazo, a través de la leche materna, pero también una vez que el niño nace, es decir, que la exposición es continua. Ese es uno de los grandes problemas, es decir, ahora mismo somos incapaces de encontrar dentro de la sociedad población sin estar expuesta con la que comparar», resalta.

Así, todos estamos expuestos, pero el grado es diferente, además, y no a todos afectan por igual, se desconoce de momento el porqué de esto último.
No se pueden hacer ensayos clínicos, lo único estudios observacionales o en animales, aunque en este último caso no siempre el efecto observado en los animales es extrapolable a lo que sucede en la población.
Las benzofenonas
En este sentido, cita un estudio europeo publicado recientemente que advierte del impacto en la salud de adolescentes de algunos de los compuestos químicos presentes en las cremas solares, como algunas benzofenonas que incrementan el riesgo de padecer obesidad y alergias no alimentarias, entre otros efectos.
La investigación, diseñada para conocer el impacto de la exposición continuada a compuestos químicos en el medioambiente y en las personas, ha dedicado uno de los estudios a conocer cómo afectan los compuestos químicos presentes en cremas solares en los adolescentes.
Este trabajo, liderado por Fernández y su grupo de investigación, ha analizado la exposición humana a benzofenonas -como la benzofenona-3 (BP-3) y la benzofenona-1 (BP-1)- que se utilizan como filtros UV en protectores solares y que se han asociado a riesgos para la salud.
Aunque se necesitan estudios longitudinales para confirmar estos hallazgos, el estudio incide en la necesidad de actualizar las normativas vigentes y mantener los niveles de exposición a estos compuestos químicos tan bajos como sea posible.
Estos disruptores no solo están en cremas solares, también en otros productos de higiene personal.
Lenta regulación
Conocer los disruptores endocrinos y reducir la exposición es la mejor manera de evitar que se produzcan determinados problemas de salud, porque, además, señala la investigadora, la legislación va muy lenta en comparación a la investigación.
«El proceso regulatorio es un proceso demasiado largo. El problema es que desde que se comprueba que la exposición química está relacionada con un efecto adverso en salud, hasta que viene la regulación pasa mucho tiempo», opina Fernández.

La industria química tiene que controlar también reducir la exposición a estas sustancias investigándolas antes de poner un producto en el mercado. También alerta la investigadora de las «presiones de muchos lobbis», que se oponen a aceptar la información científica: «Hay mucho interés económico», zanja.
«Como sociedad tenemos que conocer, porque también nosotros tenemos una posición que adoptar. Tenemos que saber, porque si la gente sabe que un producto contiene disruptores endocrinos va a optar por otro que no los tenga», considera.



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