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EFE/Mariscal

Fobia al fuego, cuando un simple olor a quemado dispara la ansiedad

Cuando una persona tiene fobia al fuego un ligero olor a quemado puede ser el desencadenante de una reacción de ansiedad excesiva. Pero no solo es miedo ante la posibilidad, real o no, de un incendio en casa o en el entorno, una simple chimenea o una hoguera se convierten en una amenaza para quien sufre este trastorno.

Los incendios forestales de cada verano tienen repercusiones psicológicas en las personas que los viven más de cerca. Es un proceso normal. Pero hay otras que no han pasado por una experiencia similar y, sin embargo, el fuego es un enemigo en su día a día, como lo es el avión para los que tienen miedo a volar y nunca han sufrido un accidente aéreo.

Lo explica a EFE Salud Vanessa Fernández, doctora en Psicología y profesora en la Universidad Complutense de Madrid: “La fobia al fuego se considera una fobia simple o específica, cuando se desarrolla una respuesta de ansiedad muy potente ante un estímulo”, en este caso el fuego.

Aunque los psicólogos no utilizan el término pirofobia para denominar este miedo extremo al fuego, se considera un término popular al igual que la aracnofobia (pánico a las arañas) o amaxofobia (fobia a conducir).

En estado de alerta

Cuando una persona tiene fobia al fuego, hasta un simple olor a quemado le pone en estado de alerta.

“Esta respuesta de ansiedad puede ser tan interfiriente que hace que el paciente evite o escape de la situación temida o de aquellas circunstancias donde cree que pueda desencadenarse un fuego”, apunta la psicóloga.

Incluso, ese estado de excitación y alerta puede condicionar su vida cotidiana.

¿Qué síntomas provoca la fobia al fuego?

Los síntomas que origina la fobia a fuego pueden ser de tipo fisiológico, como aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria, mucha tensión, ganas de salir corriendo…

“Y de tipo psicológico cuando se agudiza la atención en aquellas señales que sugieran que puede aparecer un fuego, hay una atención selectiva a la situación amenazante”, señala Vanessa Fernández, miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.

El perfil de la persona afectada

Esta fobia puede relacionarse con estímulos aparentemente no peligrosos como una chimenea o una hoguera, “basta con que el paciente lo asocie en su mente para que se desarrolle una respuesta fóbica”, puntualiza la experta.

“Suelen ser personas con un elevado rasgo de ansiedad, es decir, con tendencia a interpretar las situaciones como amenazantes, aunque los demás no lo vivamos así. Son muy anticipadoras, con otras fobias, muy inseguras y con poca fortaleza para enfrentar situaciones complicadas, personas con una regulación y gestión emocional muy baja”, describe la experta.

Cuando una persona ha vivido un incendio forestal

Los incendios forestales que han asolado este verano diferentes provincias españolas con miles de personas desalojadas y muchas afectadas han podido dejar un cierto temor en la población.

“Es normal -según la psicóloga- que las personas afectadas por los incendios, en esas primeras semanas, experimenten una respuesta de ansiedad o de miedo a que la situación pueda repetirse, que sufran inquietud y que eviten los lugares donde ocurrió el fuego”.

“Debemos normalizar estas reacciones, no asustarnos por ello y no patologizar cuando no sea necesario”, precisa.

Pero si esa inquietud y estado de alerta se mantiene en el tiempo, “si empieza a haber una interferencia importante en la vida cotidiana, si reexperimenta la situación…entonces ya podríamos estar hablando de un trastorno de estrés postraumático, pero necesitamos que pase tiempo para poder diagnosticarlo”.

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Una mujer pasea con sus perros en el término de La Vilavella en la zona mas afectada por el incendio de la Vall d’Uixó. EFE/Manuel Bruque

La terapia contra la fobia al fuego

La psicóloga explica que la terapia más eficaz para poder trabajar las fobias, como la de fuego, es la terapia cognitivo conductual.

“Es un tipo de enfoque donde, a través de la gestión del autodiálogo interno, de los pensamientos, de las técnicas de desactivación para reducir los niveles de activación psicológica y a través de técnicas de exposición graduada, jerarquizada y con control de respuesta de la evitación, se enseña al paciente una serie de herramientas y estrategias para exponerse progresivamente a la circunstancia temida”, indica.

Es un tipo de terapia “muy eficaz que combina la psicoeducación con la gestión cognitiva, es decir, la gestión del diálogo y de las expectativas, enseñamos al paciente qué decirse antes, durante y después de la exposición y qué hacer cuando se expone a la situación temida y tiene que gestionar la respuesta de ansiedad”, concluye la psicóloga Vanessa Fernández.

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