A nadie le gusta hablar de la muerte y menos aún tratar ese tema con nuestros hijos e hijas. Ni siquiera queremos pensar en ella; preferimos disimular su presencia inmortal, como si sus ojos profundamente negros no existieran. Pero su advenimiento amenazador al intelecto infantil nos enfrenta sin remisión a una "inevitable toma de conciencia", más aún si la muerte se cierne sobre las mujeres, especialmente en su papel maternal, ya que sus estragos, los de la guadaña, encarnan el fin del cariño o del amor y la llegada del desamparo, como pasa en muchos cuentos o en muchas realidades, donde la vida está a merced del capricho de los hombres...