Hombres

A nadie le gusta hablar de la muerte y menos aún tratar ese tema con nuestros hijos e hijas. Ni siquiera queremos pensar en ella; preferimos disimular su presencia inmortal, como si sus ojos profundamente negros no existieran. Pero su advenimiento amenazador al intelecto infantil nos enfrenta sin remisión a una "inevitable toma de conciencia", más aún si la muerte se cierne sobre las mujeres, especialmente en su papel maternal, ya que sus estragos, los de la guadaña, encarnan el fin del cariño o del amor y la llegada del desamparo, como pasa en muchos cuentos o en muchas realidades, donde la vida está a merced del capricho de los hombres...
Un día coincidí en el metro -subway, underground, tube- con el pintor hiperrealista español Antonio López. Se sentó a mi lado y no pude evitarlo. Después de presentarme y decirle que era periodista le expuse que siempre había querido saber qué era para él la realidad. Su respuesta me dejó eufórico: "lo que estamos viendo". A l@s niñ@s pequeñ@s, especialmente varones, les resulta extremadamente difícil entender las diferencias entre el sexo masculino y el sexo femenino. Los chicos, aunque hagan verdaderos esfuerzos para ponerse en el lugar de las chicas, suelen acabar claudicando, "abrumados por lo desconocido"...
Las niñas y los niños, cuando son muy pequeños y todavía no tienen la capacidad de atar todos los cabos de la realidad que nos rodea, de cómo funciona el mundo, buscan y encuentran argumentos "marcianos y maravillosos" para explicar aquellas cosas que no hemos tenido la oportunidad o la sensibilidad de contarles; por ejemplo, el origen de los billetes en efectivo que se extraen de los cajeros automáticos, cuando te espetan eso de "¡pues saca el dinero con la tarjeta, que es gratis... yo quiero el juguete!"; o la procedencia de la leche con cacao de su desayuno o merienda...
Recibir por sorpresa un hipotético premio de lotería que incluyera todo el dinero del mundo, las joyas de la Realeza europea, cada una de las obras de arte expuestas en un museo y hasta la última onza de oro de los piratas, jamás podría igualarse, ni tan siquiera por aproximación codiciosa, a la sensación que recibe el corazón de un padre o una madre cuando un@ de sus hij@s le hace sentir el amor absoluto. No hay nada más íntimo, delicado y exquisito. Esos momentos, muy pocos a lo largo de una vida, se transforman en pura poesía y te hacen comprender el sentido de la existencia...
Si un buen día tu hijo o tu hija te susurrara sin más que tiene "un poder oculto", pero no quiere decirte cuál es, ¿qué selfi endemoniado podrías enviar a tus amigos? Por lo general, los padres siempre tendemos a pensar en "lo peor" (volar como un pájaro) a pesar de que sean nuestros angelicales pimpollos; o precisamente por eso. Los adultos, tristemente influenciados por la hiperrealidad que nos rodea, a veces elevada a la enésima potencia del impacto informativo, hemos perdido la magia de la ingenuidad casi por completo, somos desconfiados, y nos hemos olvidado del único superpoder que detendría la recurrente autodestrucción humana......