Hombres

Un comentario en Facebook sobre este dibujo, firmado por Amparo, dice... "Hay que poner el corazón en cada una de las cosas que hagamos en nuestra vida y más aún por las personas a las que quieres y amas". Animar se define también como "infundir energía moral a alguien", por eso los amigos de Mónica dibujaron unos mensajes en su pizarra del Hospital San Rafael: ¡Ánimo campeona!, el virus que te acecha estará ¡out! muy pronto...
Todos y todas formamos parte de una familia, un grupo de personas donde priman la inclusión, la colaboración y las relaciones recíprocas. La familia nos ayuda a crecer y a consolidarnos en la sociedad para que seamos ciudadanos y ciudadanas libres e iguales. Por todo esto y mucho más, Eva, de siete años, nos envía un mensaje desde el Hospital San Rafael: Tener una familia es algo muy valioso, pero ser una familia unida te aporta mayor felicidad...
Estamos viendo por la televisión o por internet cómo millones de 'moviladictos' persiguen a los escurridizos y virtuales Pokémon Go por todo el mundo. Ellos y ellas dicen que están jugando, que solo es un entretenimiento, pero cabría pensar si una gran mayoría pretende cruzar esa frontera difusa entre la realidad y la ficción para escapar definitivamente a la rutina de las obligaciones terrenales. En esta vieja dimensión, reinventada ahora en una nube de billones de microdatos, es muchísimo más fácil la transmutación y vivir las fantasías más inverosímiles. Hace muy pocos años la gente se conformaba con parecerse a Indiana Jones... ¿o era a Harrison Ford?...
Perros, gatos, pájaros, conejos, hámsteres, comadrejas, serpientes, tarántulas y, si les dejáramos, hasta elefantes. Existe, ha existido y existirá siempre el debate familiar, hasta que los animales digan ¡Basta!, de si es conveniente o no tener una mascota en casa, ya sea para acompañar a los hijos únicos, para atemperar las disputas entre hermanos y hermanas o simplemente para cerrar el círculo imaginario de un hogar feliz: el padre, la madre, los hijos, la perrita... y un crustáceo de río...
Los adultos ejercemos de padres y los niños de hijos, pero a veces intercambiamos esos papeles y son ellos los que nos recuerdan la insensatez de algunos de nuestros hábitos más rutinarios; por ejemplo, cuando enjuician con voz franca y directa nuestras adicciones mortales al tabaco y al alcohol o nuestro gusto insaciable por alimentos insanos, un combinado enfermizo de azúcar y grasas saturadas. Esos momentos de incoherencia absoluta se pueden convertir, si reaccionamos con diálogo y autocrítica, en la clave del respeto y de la convivencia en el seno de la familia. El otro camino lleva a su muerte segura...