La mayor frecuencia de incendios forestales en España, como los grandes fuegos que asolan distintas provincias este verano, tendrá repercusión en la atención primaria que se enfrentará a patologías emergentes como agudizaciones de enfermedades respiratorias crónicas, irritaciones oculares y, a medio y largo plazo, el incremento de crisis de ansiedad, ansiedad patológica y trastorno por estrés postraumático.
“El cambio climático se ha convertido en una crisis sanitaria de magnitud global”, consideran los autores de un artículo de la revista AMF-Actualización en Medicina de Familia firmado por especialistas de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC).
El incremento de los grandes incendios forestales, favorecido por el cambio climático, “está transformando un fenómeno hasta hace poco excepcional en un desafío sanitario recurrente que afectará de forma creciente a la actividad de la atención primaria”, apuntan.
El artículo se desarrolla a propósito del caso de Carlos, un policía local de 25 años que acude a un Punto de Atención Continuada tras participar en las labores de evacuación durante un gran incendio forestal.
A partir de este caso clínico, los autores recorren las principales complicaciones que pueden presentarse en atención primaria.
Las patologías emergentes
Entre las consecuencias inmediatas de los grandes incendios, el artículo destaca el incremento de las intoxicaciones por inhalación de humo, las lesiones de la vía aérea, las quemaduras y las afecciones oculares provocadas por el humo y las partículas en suspensión.
En el ámbito respiratorio, los autores alertan del aumento de las agudizaciones de patologías respiratorias crónicas, así como del desarrollo de hiperreactividad bronquial, bronquiectasias o limitación crónica al flujo aéreo en pacientes expuestos a los incendios.
Del mismo modo, las consultas de atención primaria deberán atender con mayor frecuencia irritaciones oculares, queratoconjuntivitis y otras lesiones derivadas de la exposición al humo y las cenizas.

EFE/ Andreu Esteban
El impacto psicológico
Los incendios también dejan secuelas psicológicas que pueden detectarse en atención primaria.
Los autores advierten de la elevada incidencia de crisis de ansiedad, ansiedad patológica, depresión y trastorno por estrés postraumático entre las personas que han vivido un gran incendio, ya sea por la pérdida de sus viviendas, la amenaza sobre sus vidas o la exposición prolongada a una situación de emergencia.
En este contexto, consideran que el seguimiento continuado que caracteriza a la atención primaria o medicina familiar permitirá detectar precozmente estos problemas, intervenir de forma temprana y coordinar, cuando sea preciso, la atención con los servicios de salud mental.
Secuelas que aparecen con el tiempo
El artículo subraya que muchas de las secuelas asociadas a los incendios no aparecen durante la fase aguda, sino semanas o meses después.
Precisamente por esto, la medicina familiar y comunitaria ocupa una posición privilegiada para identificar secuelas respiratorias, neurológicas, dermatológicas y psicológicas, realizar controles evolutivos, adaptar los tratamientos y coordinar las derivaciones necesarias gracias a una atención longitudinal.
Atención primaria y casos de gravedad por los incendios
El artículo incorpora algoritmos y criterios clínicos para facilitar la toma de decisiones en atención primaria y diferenciar los casos que pueden manejarse en el centro de salud de aquellos que precisan traslado medicalizado inmediato.
En atención primaria pueden reconocer casos de gravedad aunque también necesitan determinados recursos.
Así, señalan que una pulsioximetría normal no descarta una intoxicación grave por monóxido de carbono, por lo que es necesario la incorporación de pulsicooxímetros o gasometría en los centros de salud cuando sea posible, para identificar precozmente estas intoxicaciones, iniciar el tratamiento y decidir con mayor precisión qué pacientes requieren una derivación hospitalaria urgente.
También destacan la importancia de la exploración clínica continúa como determinante para sospechar una lesión por inhalación de humo. La presencia de hollín en la orofaringe, vibrisas nasales quemadas, esputo carbonáceo, disfonía o estridor deben alertar al médico de familia sobre una posible afectación de la vía aérea que requiere una actuación urgente.
Cómo actuar ante las quemaduras
Los autores dedican parte importante del trabajo al manejo inicial de las quemaduras, recordando que la medida más eficaz durante los primeros minutos consiste en irrigar la lesión con agua corriente durante veinte minutos, evitando remedios caseros y el uso sistemático de antibióticos profilácticos.
Igualmente, destacan la necesidad de calcular con precisión la superficie corporal quemada mediante la regla de los 9 de Wallace, un paso imprescindible para decidir la derivación hospitalaria y ajustar la fluidoterapia.
Además de la atención inmediata, el seguimiento desde medicina familiar y comunitaria resulta esencial para vigilar la evolución de las quemaduras, prevenir infecciones, controlar el dolor, revisar la profilaxis antitetánica y detectar secuelas funcionales o cicatriciales que pueden aparecer semanas después, según los especialistas de semFYC.



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