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¿Qué es la prostatitis de la próstata?

"La prostatitis es un proceso inflamatorio, habitualmente de origen bacteriano y de carácter agudo, que suele afectar a varones jóvenes de entre 30 y 40 años de edad", responde la Dra. Carmen González Enguita, jefa del Servicio de Urología de la FJD

«Aún así, la prostatitis podrá afligir a cualquier hombre adulto de mayor edad, podrá ser persistente, demostrando cronicidad, y la causa podría ser abacteriana, desconocida», añade la uróloga y cirujana del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid.

Como consecuencia de esta inflamación próstatica se ocasionarán trastornos miccionales (al orinar) relacionados con el aumento del volumen de la inflamación, ya que la próstata está situada justo debajo de la vejiga, delante del recto.

Además, la prostatitis ocasiona disfunción sexual (pérdida de libido, impotencia, capacidad eyaculatoria) y podrá generar un aumento signficativo de los niveles de PSA, un indicador orientado hacia el cáncer de próstata, provocando pánico escénico dada la edad del paciente.

«En un videoblog publicado hace ya un tiempo subrayaba que hablar de la próstata es poner el foco en uno de los temas de salud que más interesan y preocupan a los hombres, incluso sin que la mayoría de ellos conozca realmente dónde se localiza, cómo es y para qué sirge esta glándula orgánica» indica.

La próstata, del tamaño y forma de una castaña, atravesada por el conducto uretral, es una glándula sexual con misión reproductiva.

Su cometido es la creación de los nutrientes necesarios para dar soporte a los espermatozoides, favoreciendo su madurez y movilidad, para que sean capaces de fertilizar el óvulo. El líquido que produce la próstata forma parte del semen que eyacula el varón.

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Prostatitis, otra palabra que enciende las alarmas del miedo varonil

«También decíamos en diferentes reportajes que para muchos varones, o más bien para casi todos, cualquier tema relacionado con la próstata es un misterio que les provoca suspicacia y temor; aspecto muy relacionado con la desinformación«, apunta.

«Si bien aquellos problemas que ocurren cuando uno llega cierta edad preocupan por el miedo al cáncer, tambien debemos de saber que la próstata da problemas en la juventud, aunque no siempre sea fácil resolverlos de manera rápida y definitiva», recalca.

Cuando la próstata se hincha, se dificulta el vaciamiento de la vejiga debido al estrechamiento de la uretra prostática, desencadenante de los síntomas miccionales propios del momento y del dolor al rozar la orina toda la zona afectada.

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Los síntomas miccionales de la prostatitis

Los síntomas de la prostatitis varían dependiendo del origen de la enfermedad y en función de la intensidad y manifestación clínica en cada individuo.

Prostatitis aguda: los síntomas suelen ser intensos y mostrarse repentinamente.

Fiebre, escalofríos y malestar general.

Dolor intenso en la zona pélvica, en el periné (zona entre el escroto y el ano) o en la parte inferior de la espalda.

Disuria: dolor, ardor o escozor al orinar.

Polaquiuria: necesidad frecuente y urgente de orinar.

Dificultad para iniciar o mantener el flujo urinario.

Sensación de vaciado incompleto de la vejiga.

Retención aguda de orina (RAO). A veces, incluso, el varón no pueden orinar.

Prostatitis crónica bacteriana: los síntomas, que pueden aparecer y desaparecer, son similares a los que origina la prostatitis aguda, pero menos intensos.

Dolor o molestia durante la eyaculación.

Disuria: dolor, ardor o escozor al orinar.

Polaquiuria: necesidad frecuente y urgente de orinar.

Sensación de vaciado incompleto de la vejiga.

Dificultad para mantener una erección.

Prostatitis crónica NO bacteriana o síndrome de dolor pélvico crónico: los síntomas serán similares a los que provoca la prostatitis crónica bacteriana. La diferencia fundamental es que en los análisis de la orina y el semen del paciente no se hallan bacterias que certifiquen el diagnóstico.

Dra. Carmen González Enguita
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El diagnóstico real de las prostatitis

El diagnóstico de toda prostatitis implica una evaluación clínica exhaustiva y estudios de laboratorio. De la historia clínica del paciente interesa conocer los síntomas, su duración y el impacto en su calidad de vida.

El examen físico de la próstata, mediante tacto rectal, con el fin de evaluar la zona pélvica y descartar otras causas, es imperativo en casos crónicos… aunque no es recomendable en los procesos agudos.

«Practicar un tacto rectal aumenta el riesgo de agravar los síntomas en la zona afectada y a nivel sistémico: bacteriemia o presencia de estos microorganismos en el fluido sanguíneo», señala la uróloga.

Se debe de realizar siempre un análisis de orina para identificar la bacteria responsable de esta infección urinaria. La ausencia de bacterias nos orientará hacia cuadros crónicos abacterianos.

Los análisis de sangre en los cuadros de prostatitis aguda iran orientados a la busqueda de datos de la infección y de la respuesta inflamatoria del organismo: hemograma completo, recuento, fórmula y VSG (velocidad de sedimentación globular), que es una medida indirecta del grado de inflamación en el organismo.

Se realizarán hemocultivos (detección de bacterias en la sangre) en el caso de la prostatitis aguda.

Sólo es eficiente un análisis del semen cuando se verifica mediante la prueba de Stamey o estudio microbiológico del fluido prostático obtenido tras un masaje de la próstata. Es necesario cumplir los siguientes pasos:

  • Se toma una muestra de orina inicial, antes del tacto rectal.
  • A continuación, se practica un tacto rectal presionando con suavidad la glándula prostática.
  • Se recogerán dos muestras de orina con varios minutos de intervalo entre las micciones.

Un resultado positivo sugiere infección bacteriana en la próstata si se encuentra una cantidad significativa de bacterias en las muestras de orina recolectadas después del masaje prostático.

«Cualquier enterobacteria o familia de bacterias que viven en nuestros intestinos (comunes en las infecciones urinarias) puede causar prostatitis», resalta la especialista.

«Pero también pueden ser responsables aquellas bacterias que se transmiten a través del contacto sexual no saludable, sin higiene y sin profilaxis (clamidia, gonorrea, ureaplasma, etc.)», remarca la Dra. González Enguita.

Los estudios por la imagen (ecografía transrectal o resonancia magnética) se podrán utilizar en casos crónicos, aunque no aportarán valor al cuadro patológico; pero sí evaluarán la morfología de la próstata y podrán descartar otras enfermedades urológicas.

En los casos de prostatitis crónica abacteriana, también conocida como síndrome de dolor pélvico crónico, no existe una prueba específica que pueda confirmar este diagnóstico con certeza.

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¿Cómo se tratan las prostatitis agudas y crónicas?

«Es importante destacar que el tratamiento específico dependerá del tipo de prostatitis diagnosticada y de la evaluación individual del médico, por lo que es fundamental cumplir tanto las recomendaciones como el plan terapéutico prescrito», determina.

En el caso de la prostatitis bacteriana aguda se recetan antibióticos para tratar la infección. El tipo de antibiótico y la duración del tratamiento dependerá de los resultados del cultivo de orina, semen o líquido prostático.

Para las prostatitis bacterianas crónicas se pueden utilizar ciclos más largos de antibióticos.

Se emplearán medicamentos no esteroideos (AINE) para el dolor y la inflamación asociados a las prostatitis, como ibuprofeno o naproxeno. En algunos casos, analgésicos más potentes si el dolor es intenso.

En ocasiones, la prostatitis provoca contracción muscular de respuesta local (perineal-pélvica) que se beneficia de fármacos de relajación muscular para ayudar a reducir los síntomas.

Se puede recomendar terapia física en algunos casos.

Incluye masajes pélvicos, ejercicios de relajación muscular, estiramientos y técnicas de ‘biofeedback‘ (control de las funciones corporales mediante electrodos) para ayudar a reducir el dolor y la tensión muscular en la zona pélvica.

A la vez, conviene realizar cambios en el estilo de vida: evitar tabaco, alcohol y la cafeína; cumplir una dieta saludable; descartar el sedentarismo; y practicar activamente las relaciones de pareja, con sexo libre, sano y seguro.

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La prevención de la prostatitis para mejorar el físico varonil

«Si bien no se pueden evitar todas las prostatitis, hay medidas que sí reducen el riesgo de desarrollar esta afección urológica», observa.

Mantener una buena higiene genital: limpieza adecuada de la zona genital y anal, utilizando jabones suaves y evitando irritantes químicos.

Sexo seguro: los preservativos durante las relaciones sexuales reducen significativamente el riesgo de infecciones de transmisión sexual (ITS) que contribuyen a generar prostatitis.

Micciones frecuentes: vaciar la vejiga con regularidad evita que la orina esté retenida en la vejiga durante períodos prolongados, lo que puede ayudar a prevenir la acumulación de bacterias en la próstata.

Evitar la exposición a los agentes excitantes: las bebidas alcohólicas, la cafeína y los alimentos picantes pueden irritar la próstata y aumentar el riesgo de desarrollar prostatitis.

Eludir en lo posible las lesiones pélvicas: usar equipos de protección adecuados al practicar deportes de contacto (ciclismo, equitación, motorismo); conducir con descansos en viajes largos; al igual que se deben reducir el número de horas horas sentados frente al ordenador.

La buena calidad de vida también es sinónimo de un sistema inmunológico vigoroso: el riesgo de infecciones se aminora con alimentación saludable, ejercicio regular, descanso regular, actividad física y mental, dormir bien al menos seis horas, evitar el estrés innecesario y mantener relaciones afectivas y sociales satisfactorias.

«En cualquier caso, es fundamental que los pacientes no se obsesionen. Exacerbar los síntomas siempre empeora el malestar físico y emocional, dificultando la recuperación», enmarca la Dra. Carmen González Enguita.

Además, el exceso de preocupación puede llevar a realizar diferentes tratamientos ineficaces o innecesarios, lo cual puede generar frustración y desgaste emocional.

«El estrés, cuando es persistente o crónico, afecta negativamente el sistema inmunológico y a la salud en general», concluye.

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