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EFE/Zipi

La ciencia desmonta el mito: las plantas no perjudican el descanso nocturno

Las plantas siguen arrastrando una vieja sospecha doméstica: la idea de que no conviene tenerlas en el dormitorio porque, durante la noche, al dormir, consumen oxígeno y pueden perjudicar el descanso. Es una creencia muy extendida, repetida durante años como si fuera una certeza.

Sin embargo, cuando se revisa qué ocurre realmente y se comparan las cifras, ese temor pierde consistencia. Dormir con plantas en la habitación no supone un riesgo para la salud ni altera de forma relevante el aire que respiramos mientras dormimos.

Ningún peligro

“No hay ningún peligro en dormir con plantas en la habitación. Por el contrario, las plantas pueden hacer la habitación más agradable, más relajante, lo cual puede favorecer el descanso nocturno”, explica el doctor Pablo Rubinstein, jefe de Servicio de Neumología del Hospital El Pilar, del Grupo Quirónsalud, en Barcelona.

El especialista introduce, además, un matiz importante: aunque esa sensación de bienestar puede ayudar a crear un ambiente propicio para dormir, tampoco existe evidencia científica sólida que permita afirmar que las plantas mejoren por sí mismas la calidad del sueño.

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Doctor Pablo Rubinstein, jefe de Servicio de Neumología del Hospital El Pilar, del Grupo Quirónsalud, en Barcelona. Foto cedida

El origen del mito negativo parte de un hecho real, pero mal interpretado. Durante el día, las plantas realizan la fotosíntesis, el proceso con el que generan energía a partir de la luz solar, el agua y el dióxido de carbono. Como resultado, liberan oxígeno.

Por la noche, cuando desaparece la luz, dejan de hacer la fotosíntesis y pasan a respirar: consumen oxígeno y producen dióxido de carbono, igual que los mamíferos.

Esa realidad biológica ha servido de base para alimentar la creencia de que dormir con plantas cerca puede resultar perjudicial. Pero la clave no está en el fenómeno, sino en su magnitud.

Y ahí es donde los números aclaran el panorama. Un ser humano, mientras duerme, consume entre 150 y 200 mililitros de oxígeno por minuto. Si se calcula una noche de unas ocho horas, el consumo total ronda entre 70 y 100 litros. Frente a eso, una planta consume por la noche entre 0,1 y 1 mililitro de oxígeno por minuto. Traducido a una noche completa, eso representa entre 0,05 y 0,5 litros.

La comparación es contundente: una planta consume aproximadamente mil veces menos oxígeno nocturno que una persona.

La diferencia basta para desmontar la alarma. Si dos personas pueden dormir en la misma habitación sin notar falta de oxígeno ni sufrir consecuencias por ello, el consumo de una planta resulta insignificante.

Beneficios estéticos de dormir con plantas

Más allá de esa falsa preocupación, la presencia de plantas en el dormitorio puede tener un valor ambiental y emocional. No porque conviertan la habitación en un espacio terapéutico, sino porque ayudan a hacerla más agradable.

Su presencia se asocia con frecuencia a una sensación de calma, de orden y de confort visual, factores que sí pueden favorecer la relajación antes de dormir.

En algunos casos, además, ciertas plantas liberan algo de humedad, algo que puede resultar agradable cuando el ambiente es seco. Se trata, en cualquier caso, de efectos modestos, no milagrosos.

También puede haber pequeñas diferencias entre unas especies y otras, aunque sin consecuencias relevantes.

Algunos cactus podrían incluso captar parte del dióxido de carbono que exhalamos durante el sueño, aunque su efecto no es significativo. Es decir, no hay una planta concreta capaz de transformar por sí sola la calidad del aire del dormitorio ni de modificar de manera sustancial el descanso nocturno.

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EFE/ Susana Blaya

Argumentos frente al mito

La conclusión es clara: dormir con plantas en la habitación no es perjudicial. No consumen una cantidad de oxígeno capaz de afectar al organismo, no alteran el sueño y no representan un riesgo respiratorio en condiciones normales. Al contrario, pueden contribuir a crear una atmósfera más acogedora y relajante, aunque sin que eso equivalga a un beneficio clínico demostrado sobre el descanso.

En un contexto en el que circulan con facilidad consejos supuestamente saludables que se aceptan sin contraste, conviene volver a los argumentos. Y los argumentos, en este caso, invitan a la tranquilidad: las plantas no son enemigas del sueño. Más bien al contrario, pueden convivir perfectamente con él. Un mito doméstico muy repetido que se desvanece en cuanto se somete a una explicación sencilla y a una comparación objetiva.

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