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Personas migrantes hacen cola en las puertas del Ayuntamiento de Zaragoza. EFE/Javier Cebollada

Miedo, ansiedad, trauma: así es la salud mental del migrante cuando llega… Y así le ayuda un psicólogo

Cristina Garay y David Castellanos |

Fátima, 29 años, dejó Marruecos para seguir estudiando medicina en Ucrania. La guerra provocada por Rusia cambió su vida drásticamente. En España, nada más llegar, afloraron «problemas psicológicos» derivados de «la guerra» y «de dejar todo». Palabras como ansiedad y miedo son habituales en el relato de su periplo. Hoy, gracias a Juan José Iriarte, psicólogo, se encuentra mejor. ¿Cómo se unieron? Contemos la historia.

Primero, la localización. EFE Salud se desplazó al Centro San Juan de Dios en Ciempozuelos (Madrid) para hablar con ambos sobre la carga emocional de las personas migrantes, obligadas en numerosas ocasiones a recorrer un camino incierto, dejando muchas cosas atrás como la familia, los amigos y bienes materiales. El futuro se les desdibuja.

Porque la vida de los y las migrantes que se trasladan de país obligatoriamente, exiliados, sin recursos en el destino, es muy dura, y en consecuencia, se resiente la salud mental. 

Programas como en el que participa Juan José Iriarte son fundamentales. En concreto, el programa de protección internacional del sistema de acogida del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Está dirigido a personas solicitantes de asilo que se han visto obligadas a abandonar su país por situaciones complejas.

Cuenta con dos fases, desde cubrir las necesidades básicas (alojamiento, atención sanitaria, etc) a buscar la autonomía de la persona. Además, a lo largo del proceso hay un acompañamiento integral, con asistencias psicológica y jurídica.

Y a partir de ahora, la historia.

El idioma, gran barrera

Apenas un año estuvo Fátima en Ucrania. Llegó en 2021 para estudiar la carrera de medicina. Un año más tarde, ya integrada en la cultura y estudiando el idioma (llegó sin saber hablar ucraniano), empezó la guerra.

“En 2022, mis amigos y yo tuvimos que emigrar. He pasado por muchos países, como Francia y Alemania, hasta que llegué a España”, afirma. Antes de recalar en Madrid, estuvo en Cataluña, Galicia y Extremadura.

Relata el miedo que vivió y las secuelas que le produjo la guerra. “Tenía muchos problemas psicológicos, no solo de la guerra, sino de dejar toda mi vida, los títulos, los papeles y de llegar a un país nuevo, en el que no sabes dónde te vas a quedar ni con quién”, subraya.

EFE/David Castellanos
Fátima, antes de la entrevista. EFE/David Castellanos

Pero, sobre todo, el idioma fue el gran impedimento para Fátima. Llegó a España sin hablar castellano, aunque gracias a las clases y a su esfuerzo ha podido aprenderlo. “De todos los problemas que tenía, el idioma era el primero. No sabía ni coger el bus, ni acudir a un hospital, ni comprar una tarjeta de transporte”.

Esta situación, junto con las secuelas provocadas por la guerra y por dejar toda su vida atrás, le generó un gran nivel de ansiedad y depresión.

Un equipo pendiente 24 horas

El proceso de apoyo e integración lo cuenta la propia Fátima:

1. Atención día y noche. «En el centro hemos tenido un equipo que estaba siempre muy pendiente de nosotras, por teléfono, todo el rato, 24 horas, día, noche».

2. Enseñanza del idioma. «Nos hemos apuntado aquí a la universidad para estudiar cursos y clases de español, y luego hemos tenido ayuda. Hemos estudiado cursos para salir a trabajar, para estar independientes».

3. Acompañamiento para gestiones. «Estábamos con los integradores, al lado de ellos todo el rato; nos llevaban al hospital, a comprar nuestras tarjetas».

4. Apoyo jurídico. «Teníamos también abogados ayudándonos con el tema de regularización de papeles».

5. Ayuda para comida y vivienda. «Teníamos mucha ayuda de comida, de vivienda, estaban pagándonos el alquiler, la ropa también».

6. Sesiones de terapia. «Porque veníamos con mucha ansiedad, con muchos problemas, teníamos luego depresión, cosas así».

Como asegura Fátima, «el programa termina en un año y medio, y tienes que estar preparada para trabajar, poder vivir sola, poder hacer tus cosas».

Gracias a las terapias y a los educadores del centro, según sus palabras, está hoy comenzando una nueva vida en España. «Siempre estaré agradecida a mis profesores, integradores, psicólogos y amigos del Centro San Juan de Dios por ayudarme durante este proceso», destaca.

La importancia de tener un espacio en el que «desahogarse»

Según indica Iriarte, la primera labor es realizar una valoración de la persona que llega y ofrecer la posibilidad de desarrollar un seguimiento con intervenciones psicológicas. Finalidad: «Ver de dónde partimos, cómo está la persona después de un proceso de situaciones durísimas, por las que han tenido que irse de su lugar de origen”, remarca.

Del mismo modo, poder brindar un espacio seguro a estas personas. “Es importante que cuenten con un espacio donde poder hablar sin juicio, donde poder expresarse confidencialmente, tener un espacio donde poder desahogarse y tratar aquellas cosas que les preocupan, que les generan incertidumbre”, añade.

El psicólogo Juan José Iriarte, antes de la entrevista. EFE/David Castellanos

Según comenta, no son personas que llegan y piden tratamiento; además, han de adaptarse a los tiempos del programa. 

“Nunca sabes el tiempo que vas a estar interviniendo con la persona por las resoluciones.  A veces hay que intervenir claramente, otras de manera preventiva, y hay que intentar acompañarle y que alcance el mayor bienestar, la mayor serenidad posible para que lleve a cabo su proceso”, relata.

Empezar de cero: convivir con «duelos»

Dice Iriarte que «el viaje es un proceso durísimo», muy condicionante del proceso. «Y luego», prosigue, «lo que se encuentran aquí: adaptarse a un lugar nuevo, a un idioma nuevo, con tiempos cada vez más ‘exprés'».

Empezar de cero es un desafío para la salud mental. Son personas, remarca, que «han salido por algo sobrevenido: de repente, obligatoriamente, tienen que irse de su lugar, y de repente, tienen que abandonar todo aquello que conocen». Lo que viene después: «Empezar en un sitio nuevo con todas las dificultades y con todos los duelos» propios del «hecho migratorio».

Iriarte considera que no existe un perfil general del migrante ya que las personas que llegan son muy diferentes.

Pero tienen en común traumas, procedentes precisamente del “duelo migratorio”. “Por un lado, si se queda la persona enganchada al pasado, eso tiene que ver con la tristeza, con la depresión. Si mira hacia el futuro, sienten ansiedad, incertidumbre. Entonces nosotros tratamos de traerles al aquí y el ahora, el presente”, explica.

El componente familiar y la influencia de la vivienda

Indica Iriarte que «cualquier persona que lleve más tiempo» en el lugar de destino «probablemente se cogería una baja para poder reponerse y trabajar». En las personas migrantes muchas veces «hay mecanismos de defensa, de ponerse en modo supervivencia». Resultado: «Tienen que tirar para adelante a pesar de cómo se encuentren».

Si es una familia, más complejo, porque «la madre, el padre tienen que sacar a sus hijos adelante», y esos hijos, «muchas veces en etapas infantiles, adolescentes» atraviesan dificultades, como adaptarse a los colegios o a los institutos.

E influye, mucho, el estado del mercado de la vivienda. «Muchas veces, conseguir una vivienda para X miembros de familia, cuando a lo mejor puede optar a trabajar una persona, o incluso dos personas en la familia, es muy complejo».

Contra el odio al migrante

El especialista del Centro SJD de Ciempozuelos termina con una reflexión sobre el odio que sufren las personas migrantes al llegar a un nuevo país. “Quiero pensar que la gran mayoría, si conocieran de primera mano los casos, conocieran a las personas, muchas veces les serviría para empezar a deshacer ese tipo de conceptos”, señala.

“El difunto Robe (Iniesta), que aún estamos llorando su pérdida, dice en una canción algo que yo creo que es muy bonito: las banderas de mi casa son la ropa tendida. Pues me parece de una sencillez y a la vez de una profundidad que yo creo que nos puede llevar a reflexionar sobre todos estos hechos”, concluye. 

También son para reflexionar estas palabras del psicólogo: «Son personas (los y las migrantes) que muchas veces, a pesar de las circunstancias… La alegría que transmiten, la comunidad que hacen, eso yo creo que es precioso (…) Muchas veces digo que las personas que trabajamos, que les acompañamos, al final somos privilegiadas, porque aprendemos. Son un ejemplo. Muchas veces me quejo de una chorrada de la vida cotidiana y luego viene esta persona que, a pesar de todo, sigue adelante; a pesar de todo lo que tiene, sigue y no decae».

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