La sangre en la orina es una de los principales señales de alerta del cáncer de vejiga, aunque aparezca una sola vez y sin ningún otro síntoma. No hay que restarle importancia ni atribuirlo a infecciones u otras causas sin haber pasado antes por la consulta del especialista.
Según las estimaciones de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en este 2026 se diagnosticarán 23.929 nuevos casos de cáncer de vejiga, con una mayor incidencia en los varones (19.496 nuevos diagnósticos) que en las mujeres (4.433), aunque en ellas hay un mayor riesgo de diagnóstico tardío.
El quinto más diagnosticado en España
En el Día Mundial del Cáncer de Vejiga, la Asociación Española de Urología (AEU) recuerda que es uno de los diez tumores más diagnosticados en el mundo, y el quinto en España.
En las mujeres los síntomas iniciales se pueden confundir con infecciones urinarias o con otros procesos, lo que puede provocar un retraso en la derivación al especialista y, por tanto, condicionar el diagnóstico, según la AEU.
El síntoma principal del cáncer de vejiga es la hematuria, la sangre en la orina, y puede aparecer también escozor o dolor al orinar, así como el aumento de la frecuencia urinaria, entre otros, de ahí que la AEU incida en que no hay que normalizar estos signos ni restarles importancia.
No hay que atribuirlos automáticamente tampoco a infecciones u otras causas sin una valoración urológica previa.
“La presencia de sangre en la orina debe estudiarse siempre. Aunque no implica necesariamente un cáncer de vejiga, obliga a realizar los estudios de diagnóstico necesarios para descartarlo”, explica la presidenta de la AEU, Carmen González Enguita.
Enguita subraya que el diagnóstico temprano puede cambiar «de forma decisiva» la evolución del tumor y, «en muchos casos», permite tratamientos «menos agresivos y mayores probabilidades de conservar la vejiga».
Factores de riesgo
El principal factor de riesgo de este tumor es el tabaco, de hecho, las personas fumadoras tienen tres veces más riesgo de desarrollarlo.
El tabaco no solo daña el aparato respiratorio a través del humo, sino también a la vejiga, porque muchos de los compuestos carcinógenos del cigarrillo se absorben y eliminan por la orina. Entran en contacto durante largo tiempo con el urotelio, lo que favorece la transformación maligna de las células.

La exposición ocupacional a determinadas sustancias químicas de uso industrial, también a la ciclofosfamida y la esquistosomiasis (una enfermedad parasitaria) en zonas endémicas son otros factores de riesgo.
SEOM apunta que algunos estudios también han asociado la infección por el virus del papiloma humano (VPH) y algunos casos de cáncer de vejiga aunque «sigue siendo objeto de investigación».
Y si bien se ha demostrado de forma concluyente que los antecedentes familiares aumenten de manera «clara» el riesgo en otros miembros de la familia, los oncólogos consideran conveniente extremar la atención en pacientes diagnosticados a edades tempranas.
Avances terapéuticos
La mayoría de los tumores de vejiga se diagnostican en estadios localizados, con opciones terapéuticas destacadas, prosigue SEOM.
Tanto la inmunoterapia como los anticuerpos conjugados han marcado para los oncólogos «un antes y un después» en este cáncer.
En el último años, los oncólogos destacan el tratamiento perioperatorio con enfortumab vedotina y pembrolizumab como las «novedades más relevantes» con datos «positivos» tanto en pacientes que no son candidatos a quimioterapia como los que sí lo son.
Asimismo, SEOM destaca que la monitorización de ADN tumoral circulante (ctDNA) y las nuevas dianas terapéuticas, como HER2, «refuerzan el avance hacia una oncología más personalizada».



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