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Un hombre visita la exposición "Perversidad. Mujeres fatales en el arte moderno (1880-1950)" del Museo Thyssen de Málaga en 2019. EFE/Carlos Díaz

Convivir con el cáncer de próstata sin tratamiento: la vigilancia activa preserva tu calidad de vida

Gabriel Martínez Cebolla, atleta y profesor de secundaria de 55 años, convive con un tumor de próstata desde 2019. Por el momento, no tiene que operarse ni recibir otro tratamiento. Sigue un protocolo de vigilancia activa para cáncer de próstata de bajo riesgo que preserva la calidad de vida del paciente, aunque, en ocasiones, genere algo de incertidumbre.

El cáncer de próstata es el tumor más frecuente en el hombre, con unos 35.000 nuevos casos estimados en 2026, y una supervivencia de casi el 100 % en tumores localizados. En el Día Mundial de este tumor, cuyo principal factor de riesgo es la edad, profundizamos en la vigilancia activa, un proceso no del todo conocido.

“El protocolo de vigilancia activa son pruebas que realizamos a pacientes que tienen un cáncer de próstata de bajo riesgo para poder garantizar su calidad de vida. Vamos a monitorizar un tumor que no va a tener impacto en su mortalidad y que en el momento en el que cambie sus características le aplicaremos un tratamiento que sí tendrá impacto en la calidad de vida”, explica el urólogo Juan Gómez Rivas, director de Actividades Científicas de la Asociación Española de Urología.

Insiste en que el objetivo de la vigilancia activa es evitar adelantar innecesariamente los efectos adversos de cualquier tratamiento que se aplique sobre la próstata, tanto cirugía como radioterapia y terapia hormonal, y que afectan a la forma de orinar o a la calidad sexual.

“La calidad sexual no es solo la disfunción eréctil, sino que también influye en la calidad del orgasmo, en no tener eyaculaciones, en el tamaño del pene.. y al final lo que hacemos con la vigilancia activa es diferir esos tratamientos para cuando de verdad se necesiten”, señala.

La vigilancia aciva es un procedimiento común en el cáncer de próstata. Si el 90 % de los tumores se diagnostican en fase temprana, localizados, más de un tercio son de bajo riesgos y podrían ser candidatos a vigilancia activa.

“El 70 % de los pacientes que entran en un protocolo de vigilancia activa siguen el resto de su vida, solo un 30 % necesitan un tratamiento activo” con el tiempo, indica el también especialista del Servicio de Urología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

El caso de Gabriel, en vigilancia activa por su cáncer de próstata

El padre de Gabriel y dos de sus hermanos, menores que él, han sido diana del cáncer de próstata y han pasado por el quirófano. Pero Gabriel, tras las pruebas de rigor y dos biopsias, sigue en vigilancia activa porque su tumor “es muy pequeño y está muy localizado” y hasta ahora no ha evolucionado.

“Cuando operaron a uno de mis hermanos tuve un poco de ansiedad, pero desde que me explicaron la vigilancia activa, psicológicamente, siempre lo he llevado bien”, asegura Gabriel Martínez Cebolla en una entrevista con EFE Salud.

Y sus principales amarres son el deporte, una buena alimentación y el cuidado personal.

Atleta especializado en 400 metros lisos, ahora participa en la categoría máster y ha llegado a quedar en cuarta posición en un campeonato del mundo.

Pero lo tiene claro, cada vez que va al urólogo le dice lo mismo: “Yo no me la voy a jugar porque tengo dos niñas” y por eso considera que ante cualquier riesgo él mismo puede pedir a los médicos someterse a una cirugía.

“Es una apuesta, lo llevo bien mientras no me la juegue, además confío en la ciencia en todos lo órdenes de la vida y más en este”, subraya el paciente.

Cada seis meses Gabriel pasa la revisión en su hospital, el Miguel Servet de Zaragoza, y esa espera de los resultados, dice, “no la llevo mal”.

El proceso de vigilancia activa, en general, incluye una serie de pruebas periódicas, entre 3 -6 meses y un año según cada caso, con el fin de confirmar si el tumor de próstata sigue estable o progresa.

Esas pruebas consisten en una analítica de sangre para ver si aumenta la PSA, una proteína de la próstata, y una resonancia magnética para ver el tumor. Si fuera necesario también se hace una biopsia de próstata para confirmar biológicamente si ese cáncer ha pasado de un estadio de bajo grado a otro intermedio o alto.

El positivismo con el que Gabriel afronta su proceso de cáncer de próstata también se debe al apoyo que recibe de la asociación The Move Men, que persigue visibilizar y ayudar a los afectados por cáncer, en especial por el cáncer masculino.

“Que el cáncer no te detenga porque puedes seguir haciendo cosas”, asegura el atleta.

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Gabriel Martínez Cebolla, paciente de cáncer de próstata en vigilancia activa, en una competición de atletismo. Foto cedida

El impacto psicológico

Pero no siempre resulta fácil. Irene Lorente, psico-oncóloga de la Asociación de Cáncer de Próstata (ANCAP) explica: “El paciente en un primer momento siente alivio al saber que es un cáncer de bajo riesgo y no necesita tratamiento, pero al mismo tiempo puede sentir desconcierto porque estamos acostumbrados a que hay que intervenir o tratar cuanto antes”.

Esa idea de convivir con el cáncer de próstata durante la vigilancia activa puede resultar complicada al principio y el paciente puede sentir “incertidumbre, preocupación y ansiedad y no tanto por el pronostico sino por adaptarse a una situación poco habitual”, apunta la especialista.

Ante una consulta o revisión médica, señala, es normal que el paciente sienta cierto nerviosismo y preocupación pero sin que le llegue a paralizar y viva en un malestar psicológico continuo.

Lo mas importante, en su opinión, es hacerle comprender qué es la vigilancia activa “y que cada uno utilice sus herramientas para afrontar esa incertidumbre y adaptarse para convivir con ella viendo cómo interfiere en su día a día” y si es necesario pedir ayuda psicológica para “proteger el bienestar emocional”.

“La mayoría aprenden a convivir con esa incertidumbre sin que sea el centro de su vida”, asegura la psico-oncóloga.

La especialista destaca la importancia de acompañar al paciente de cáncer de próstata en todas las fases de la enfermedad, así como a ayudarle a gestionar emocionalmente los efectos secundarios de los tratamientos cuando los haya.

En la consulta del urólogo

Todo el proceso de vigilancia activa comienza en la consulta del urólogo, especialista encargado de los tumores genito-urinarios, desde el diagnóstico al tratamiento, en coordinación con otras especialidades.

Tener un tumor y que no te operen de inmediato es algo que, al principio, puede que al paciente le cueste entender por eso el doctor Juan Gómez Rivas, de la Asociación Española de Urología, considera que para comprender el papel de la vigilancia activa y sus ventajas es fundamental la comunicación médico-paciente.

“Lo primero que hay que hacer es rebajar la tensión que produce el diagnóstico de cáncer. Explicarle que si es de bajo riesgo puede morir de cualquier otra causa menos del cáncer. Y a partir de ahí explicar la vigilancia activa.

“El 80 o 90 % de los pacientes aceptan la vigilancia activa, son muy pocos lo que desean someterse a un tratamiento activo. Por eso es muy importante establecer un vínculo de confianza con el paciente”, manifiesta el doctor Juan Gómez Rivas.

La supervivencia es de casi el 100 % cuando los tumores de próstata se diagnostican localizados, sin metástasis, y teniendo en cuenta que la edad es el principal factor de riesgo, el doctor hace un llamamiento a los hombres a partir de los 45-50 años, para que acudan regularmente al urólogo y así prevenir y ganar en calidad y esperanza de vida.

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