En tiempo de catarros el abrigo lo tenemos controlado; vamos cubiertos con cuatro capas y así es difícil que el frío haga mella en nuestra salud. Eso sí, gastamos muy pocos esfuerzos en evitar el contagio; el uso de mascarilla por parte del acatarrado, en la calle o en su puesto de trabajo, es igual a cero...