La subida de los alquileres y la dificultad para adquirir una vivienda es uno de los problemas actuales más acuciantes para la juventud. No solo es una traba económica y social, también la crisis de la vivienda pasa factura a la salud mental, supone una “hipoteca emocional”.
Un concepto al que le ha puesto nombre Mariola Fernández, profesora de Psicología de la Universidad Europea de Madrid. EFE Salud entrevista a la experta sobre el coste que la crisis de la vivienda tiene en la salud mental..
Mariola Fernández explica que el término «hipoteca emocional» surge como consecuencia de la evolución social de los últimos años. “Emocionalmente nos hemos hipotecado desde que éramos pequeños pensando en nuestro futuro, para después ver que no se nos concede la respuesta que esperábamos”, precisa.
En este sentido, considera que no se trata de tener una vivienda, sino de conseguir un hogar, un lugar donde tener un sentido de pertenencia, guardar afectos, amigos y familia. Cuando el individuo ve que esto no se consigue es cuando empieza a afectar a su salud mental.
“Me encuentro habitualmente a jóvenes que sienten desmotivación, que no encuentran un objetivo para seguir avanzando porque pierden este norte que anteriormente se habían marcado como línea a seguir”, relata.
Una consecuencia: la ansiedad difusa
La especialista describe esta situación como una «pandemia silenciosa» y subraya que el efecto más común que observa en la salud mental de los jóvenes a causa de la vivienda es una ansiedad difusa.
“La ansiedad suele ser una respuesta de nuestro organismo ante un suceso determinado que la dispara. Pero en este caso no hay un suceso al cual definir. Por eso hablamos de la ansiedad difusa, porque es en el espacio ambiente en el que el sujeto se encuentra, cómo responde su organismo ante esa tensión, ante esa incertidumbre que a nuestro cerebro le gusta muy poco o nada», señala.
Además, agrega, “hay frases tipo que se repiten mucho: voy tarde en la vida o estoy viviendo en un espacio que no me corresponde, no avanzo, debería de haber conseguido ya mis objetivos, y probablemente será porque lo estoy haciendo mal”.

La psicóloga destaca que el mayor peligro para algunas personas es no entender que en la vida no todo es la actitud, que existen factores externos que afectan directamente en el desarrollo personal.
Comenta que el entorno tiene una gran influencia en los individuos: “Por mucha actitud que tú tengas, si no puedes desarrollarte porque estás en un espacio cerrado, un espacio donde hay sectores que se cierran hacia otros ambientes donde nuestra sociedad no se ha preparado, pues no vas a tener oportunidades”.
Por otro lado, la exposición continuada a las redes sociales, donde se comparten imágenes de episodios positivos, de éxitos, logros y avances, hace que la persona que lo ve se compare, conduciendo a una culpabilización por la situación que vive, como si no fuera suficientemente válida o que no aporta lo suficiente de lo que demanda la sociedad.
No solo afecta a jóvenes
La especialista señaló que la «hipoteca emocional» no afecta únicamente a los jóvenes, a pesar de ser el principal grupo social más implicado. También la padecen otros colectivos como personas mayores, inmigrantes y aquellas con escasos recursos económicos.
“Tenemos estas otras categorías de personas de las que también tenemos que ocuparnos exactamente igual, porque se ofrecen oportunidades y evidentemente la persona se intenta construir un futuro mejor, pero el pragmatismo del día a día es otra realidad totalmente distinta”, explica.
Añade que este problema se ha intensificado en la actualidad debido a la transformación de la sociedad en un sistema económico menos comunitario, en el que el individuo que no cumple con los requisitos económicos puede quedar excluido de este modelo.
Cómo abordar esta «hipoteca emocional»
En cuanto a cómo abordar el tema de manera profesional de cara a las personas que se ven afectadas por este trastorno, Fernández afirma que lo principal es conseguir que la persona se visualice dentro del espacio que lo conforma y no como alguien ajeno a su entorno.
“Alivia bastante ver que hay una responsabilidad personal pero también de comunidad. Como sociedad tenemos una obligación de dar respuesta a esa hipoteca emocional de la que hablamos”, comenta.

En la misma línea, añade que son importantes los ejercicios de orientación ante personas que se ven saturadas ante un estancamiento mental.
“Yo les planteo una reorientación. Les comento que al final la vida es como un océano. Las olas van, las olas vienen. A veces hay marejada, a veces marejadilla, a veces el mar está en calma, pero es lo menos habitual. Siempre, o bien por la mañana cuando amanece o por la tarde, el mar suele variar, lo importante es saber adaptarse”, relata.
Por último, la profesora de la Universidad Europea, refleja que es importante concienciar a los jóvenes de que es esencial informarse bien.
“Siempre apuesto por la lectura y por tener opiniones, en la medida de lo posible, informadas y siempre consultar con expertos. Olvidarse de las redes sociales, más allá de para divertirse, entretenerse un ratito, pero que no sean la forma de culturizar o la fuente de información principal de nuestra sociedad”, concluye Mariola Fernández.



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