Josefa Jiménez llevaba casi 30 años sumida en la oscuridad absoluta a causa de la retinosis pigmentaria, hasta que desde hace pocos días empezó a ver formas y sombras gracias a la implantación de un ojo biónico, un microchip colocado en el centro de la retina que permite percibir imágenes a través de unas gafas con videocámara...