Autor: Gregorio Del Rosario

Los niños no son inocentes del todo y en ocasiones utilizan los juegos o los juguetes para identificarse con determinados roles, como el que irradia el supervillano y comodín Joker, enemigo fanático, bromista y guasón de Batman, y así conseguir superar, o al menos suavizar, un desencuentro con un hermano, un rifirrafe con algún amigo, una pelea de molinillos con un compañero de colegio o, incluso, la separación o el divorcio de sus padres...
A Mónica le dejaron sin aire y en la cama 17 trombos en el pulmón; a Blanca le vino a visitar la depresión y se quedó a vivir con ella sine díe; y a Almudena, que se hacía un hueco en el escaparate laboral, un tumor benigno que creció de forma desmedida en el nervio auditivo le paralizó el lado derecho de la cara y le dejó sorda de ese oído. Estas tres mujeres valientes no se quedaron sentadas en casa a ver pasar el tiempo y se dijeron: "sí, yo puedo ganarle este asalto a la tiranía enfermiza de mi destino"...
A veces, los adultos nos empeñamos en ocultar nuestras preocupaciones y sentimientos a los niños, y no nos damos cuenta de que es un esfuerzo inútil, ya que nuestros hijos, a pesar de que piensen menos que nosotros en los avatares de la vida, emocionalmente se dan cuenta de casi todo lo que ocurre a su alrededor, más aún si cabe cuando la angustia aflige el corazón de su madre o de su padre; incluso se fijan en los detalles más fugaces, como una mirada de refilón, un reproche entre palabras anodinas o un gesto de agotamiento familiar que nace en el dedo índice de una mano...