Podemos escribir, sin temor a equivocarnos, que la minería y la neumología son dos profesiones análogas: los mineros bajan al pozo a extraer, a mano, a pico y a pala, el negro carbón del interior de la tierra para darnos energía; los neumólogos exploran el sistema respiratorio con fonendoscopios, radiografías y espirómetros para llevar más aire al pulmón de los fumadores y, de paso, deshollinar el negro alquitrán que estruja su vitalidad...