los efectos de tanta borrasca consecutiva en el cerebro
Un turismo completamente cubierto de nieve en el municipio lucense de Pedrafita do Cebreiro. EFE/ Eliseo Trigo

Una borrasca tras otra: el cerebro también se cansa y estos son los motivos

Otro día con lluvia. Otro amanecer tapado por nubes grises. Una mañana más que sales de casa y el viento te da los buenos días en plena cara. La enésima noche en la que las gotas hacen música en el alféizar de la ventana. Ingrid, Joseph, Kristin… Una borrasca tras otra. ¿Cansancio, verdad? En el cerebro están las claves, en el hipotálamo en concreto, porque aquí gestionamos nuestra relación con la luz, y por tanto, nuestros estados de ánimo.

EFE Salud se ha puesto en contacto con la profesora del Máster en Neuropsicología de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), Elena Gallardo Morillo, para que nos cuente qué nos pasa cuando se suceden tantos días grises y fríos. Qué nos pasa cuando la meteorología, como ocurre ahora en la península ibérica de forma generalizada, nos encierra en una borrasca y nos escatima la luz.

Destaca Gallardo que “la luz es un factor natural regulador” del cerebro, del sistema nervioso central, porque produce neurotransmisores clave como la serotonina. A él debemos nuestro estado de ánimo, la sensación de bienestar, la calma interior, la serenidad, y por ello, influye decisivamente en la gestión del estrés. La neuropsicóloga recuerda que precisamente para afrontar el estrés es aconsejable la exposición a dosis diarias de luz natural.

La neuropsicóloga Elena Gallardo Morillo. Foto cedida

Pero miramos al cielo y no encontramos la luz solar que nos gusta. Nos ponemos tristes. Poco a poco se van mostrando el hastío, la inapetencia.

El ojo es tan importante… “Estos días de menos luz, borrascas, no permiten que a través del ojo, de la retina, entre la luz de forma natural”, dice Gallardo.

Y encima hace frío

¿Y qué tiene que ver el ojo con la pesadumbre? La experta de la UNIR indica que desde el ojo al cerebro existe una vía de comunicación directa por la que circula la luz y que propicia la activación de “una de las regiones fundamentales” en acciones de nuestras vidas absolutamente esenciales. El sueño y el apetito, sin ir más lejos.

“El hipotálamo es una región fuertemente estimulada por la luz natural que entra en el ojo. Es una conexión directa. Y el hipotálamo regula funciones de supervivencia, funciones vitales como el control del sueño, la respuesta al estrés y el equilibrio hormonal”, ahonda.

Nos centramos en la falta de luz porque la echamos de menos y nos afecta. Pero también el frío. 

“La lluvia no afecta al cerebro; el frío sí. Es por el hipotálamo, porque también regula la temperatura interna”, apunta la neuropsicóloga, quien detalla el proceso: esta región cerebral dispara “mecanismos como tiritar” si hace frío, y si hace calor, activa la sudoración. 

efectos de las borrascas en el cerebro
Personas abrigadas y con paraguas en Zaragoza. EFE/ JAVIER BELVER

“Si se mantiene mucho frío durante mucho tiempo, el hipotálamo trabaja en exceso: detecta ese frío sostenido en el tiempo y envía señales a nivel corporal para que nos regulemos”, añade. ¿Cómo nos regulamos? “Nos abrigamos”, zanja.

Buscar la homeostasis… ¿Pero qué es la homeostasis?

No conviene minusvalorar los ritmos del hipotálamo. Conviene que nos regulemos si la meteorología nos da días lluviosos, fríos, nublados. Nos conviene la homeostasis (la capacidad para mantener un equilibrio interno). Ayudemos al hipotálamo ante la ausencia de luz, ante la carencia de serotonina.

Gallardo recomienda tareas como éstas:

  • Ponernos la música que nos gusta, a tope con nuestras playlists favoritas, ya que estimula al cerebro “emocionalmente”.
  • Poder visualizar en casa “entornos naturales” gracias a un cuadro, o a una imagen de Google en la tele o en el ordenador, o a una fotografía de esa playa paradisiaca en la que estuvimos. “La naturaleza interviene con efecto positivo sobre los centros emocionales de nuestro cerebro”, asegura la experta de la UNIR.
  • Pensar en planes para “cuando pasen los días de lluvia” en los que vayamos a “entornos de luz”. “Si al cerebro le damos esa dosis, aunque sea ficticia, generará mayor calma y mejor ánimo”.
  • Hablar con nuestros allegados, verbalizar esos planes. “Es importante que podamos incorporar el lenguaje”.
  • Cuidar la alimentación para “conservar la energía de manera estable”. Evitar, por tanto, ultraprocesados que “provoquen un índice glucémico alto”. “Porque estos productos dan pico de energía muy rápido, pero al cabo de un par de horas la caída es estrepitosa”, señala Gallardo, quien aconseja en estas fechas frías, grises y ventosas “volver a los alimentos de siempre: a la hortaliza, a la fruta, a verduras ricas en fibra, a cereales, a las legumbres… A un buen cocido”. 

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