Los bulos sobre el cáncer de próstata pueden retrasar la consulta, generar miedo a secuelas inevitables y dificultar decisiones compartidas entre médico y paciente. Es el tumor más frecuente en el hombre, sin embargo el conocimiento sobre este cáncer es bajo.
El Instituto #SaludsinBulos y el Instituto de Cirugía Urológica Avanzada, ICUA, lanzan la campaña “Cáncer de próstata: decide con información, no con miedo”, coincidiendo con el Día Mundial del Cáncer de Próstata, el 11 de junio.
Según el informe “Las cifras del cáncer en España” de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), 34.833 españoles recibirán en 2026 un diagnóstico de cáncer de próstata, el primer tumor más frecuente entre los varones con una supervivencia de casi el 100 % si se detecta localizado en fase temprana.
Sin embargo, el conocimiento sobre este tumor en los hombres es bajo. Una investigación publicada en la revista Actas Urológicas Españolas, con una muestra de 370 varones españoles, revela un nivel bajo de alfabetización sobre esta enfermedad, una media de 6,72 sobre 12, según detallan en una nota Salud sin Bulos e ICUA.
Otro estudio publicado en American Journal of Clinical Oncology asegura que los pacientes que se informan principalmente por internet sobre el cáncer de próstata declaran mucho más arrepentimiento con su tratamiento (43 %) que quienes se apoyan en sus médicos (7–10 %).
Desactivando los bulos sobre el cáncer de próstata
Con el objetivo de frenar la desinformación y mejorar el conocimiento sobre el cáncer de próstata, #SaludsinBulos e ICUA han analizado los principales bulos que circulan por redes sociales tanto los que afectan al diagnóstico y tratamiento de la enfermedad como los que se han viralizado o corresponden a un ángulo más social de la patología.
1. Si no tengo síntomas no tengo cáncer de próstata
Realidad: El cáncer de próstata localizado puede no dar síntomas. Esperar a notar algo no permite valorar el riesgo a tiempo.
“Los problemas para orinar se relacionan con frecuencia con enfermedades benignas de la próstata, como la hiperplasia, pero deben valorarse. El cáncer localizado puede pasar inadvertido. Por eso, la decisión de estudiar el riesgo no debe depender únicamente de los síntomas que experimente el paciente”, afirma el doctor Fernando Gómez Sancha, director médico en ICUA.
2. Un PSA alto significa que tengo cáncer
Realidad: Un análisis de PSA (proteína presente en la próstata) no diagnostica por sí solo un cáncer. Indica que el resultado debe interpretarse y, a menudo confirmarse.
“El PSA puede aumentar por diferentes motivos, incluidos procesos benignos. Ante una elevación nueva, las guías recomiendan repetir la determinación antes de pasar directamente a biomarcadores, pruebas de imagen o biopsia. La cifra debe interpretarse junto con la edad, la evolución del PSA, el volumen prostático y otros factores de riesgo”, explica el urólogo.
3. Si el tacto rectal es normal, puedo descartar el cáncer
Realidad: Un tacto rectal normal no descarta el cáncer de próstata y el tacto no debe utilizarse como prueba aislada de cribado.
«El estudio actual combina el PSA, los factores personales de riesgo, y si están indicadas, pruebas como la resonancia magnética y la biopsia. El tacto rectal puede aportar información complementaria y sigue teniendo utilidad clínica, pero no confirma ni excluye la enfermedad”, señala el especialista.
4. Todo cáncer de próstata debe operarse o radiarse de inmediato
Realidad: No todos los tumores tienen el mismo riesgo. En algunos casos de bajo riesgo, la vigilancia activa es la opción preferente.
Según el doctor Gómez Sancha la precisión consiste en “tratar a cada paciente en función de las características de su enfermedad y sus prioridades. Vigilar activamente no significa ‘no hacer nada’, implica controles programados y criterios para intervenir si el tumor cambia. En los cánceres de mayor riesgo, retrasar un tratamiento indicado puede ser perjudicial”.
5. Si me operan, tendré incontinencia urinaria para siempre
Realidad: La incontinencia es un riesgo real, pero su evolución varía y muchos pacientes mejoran en los meses posteriores a la cirugía aunque puede persistir en algunos casos.
“El resultado de la intervención va a depender de la situación previa del paciente, la anatomía, extensión del tumor, la técnica quirúrgica, la experiencia del equipo y la rehabilitación. La cirugía robótica es una herramienta más; no garantiza por sí sola la continencia ni permite prometer el mismo resultado a todas las personas”, comenta este especialista.
6. Después de operarme de cáncer de próstata no tendré vida sexual
Realidad: La cirugía puede afectar a la erección y elimina la eyaculación – se produce un orgasmo seco – pero no significa que acabe con el deseo, el orgasmo o las relaciones sexuales.
“La preservación nerviosa, la rehabilitación y los tratamientos disponibles pueden ayudar a recuperar la función eréctil”, apostilla el urólogo.

7. Si no tengo antecedentes familiares, estoy a salvo
Realidad: La herencia genética aumenta el riesgo, pero muchos diagnósticos aparecen en hombres sin historia familiar conocida.
“La valoración del riesgo depende de varios parámetros. La edad, los antecedentes familiares y personales y determinados factores genéticos o poblaciones pueden modificarlo. No tener familiares diagnosticados, no equivale a riesgo cero”, asegura este médico.
8. La vasectomía provoca cáncer de próstata
Realidad: No se ha demostrado relación directa. Algunos estudios observacionales han encontrado asociaciones pequeñas, pero pueden influir diferencias en el seguimiento médico y el uso del PSA. Una revisión de cohortes publicada en 2025 encontró asociación estadística, mientras que el análisis genético no respaldó una relación causal.
“La evidencia disponible no permite afirmar que la vasectomía provoque cáncer. No se ha demostrado una relación causal”, resalta el doctor Gómez Sancha.
9. Eyacular 21 veces al mes previene el cáncer de próstata
Realidad: Algunos estudios observacionales encuentran una asociación entre mayor frecuencia de eyaculación y menor riesgo, pero no demuestran que exista una frecuencia preventiva.
“Estas investigaciones no permiten afirmar que la eyaculación sea una intervención preventiva ni prescribir una cifra concreta ya que asociación no significa causalidad”, concluye el urólogo.



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