El verano está llegando; el calor ya llegó. Para este fin de semana se prevén temperaturas por encima de los 30-35 grados, en líneas generales, y noches tropicales. Es época de consejos, muchos consejos, desde la dermatología a la neurología. Los hemos ordenado así:
Pinceladas de contexto
A finales de mayo se celebró en Madrid el III Congreso One Health, una plataforma que promueve la visión de la salud desde tres ángulos integrados en uno. En otras palabras: no tiene mucho sentido hablar de salud humana, salud animal y salud ambiental proque las tres forman parte de una misma línea.
Es de una lógica rotunda en estos tiempos: si el cambio climático altera ecosistemas, se altera la biodiversidad, y por tanto, los animales buscan nuevos lugares en los que vivir. Por tanto: más riesgo de contacto con humanos, más riesgo de transmisión de virus, más riesgos de pandemias.
Pero, además, el cambio climático afecta directamente a nuestra salud. Ejemplo que sufre España: las olas de calor.
En el Congreso One Health se recordó que el calor extremo aumenta la presión sobre el sistema sanitario porque aumenta el número de hospitalizaciones; aumenta la presión sobre el sistema laboral porque crecen las bajas; e incrementa la presión sobre la economía porque se resiente la productividad.
Asimismo, padecen el calor extremo con mayor intensidad grupos de población vulnerable por nivel de renta, edad o estados de salud frágiles.
El Ministerio de Sanidad, en las campañas frente a las olas de calor, pone el acento en personas mayores de 65 años, lactantes y menores de 4 años, mujeres gestantes, personas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias y mentales, personas con enfermedades crónicas (diabetes). También en personas que viven solas, personas sin hogar, etc.
Consejos generales
El calor aumenta el flujo sanguíneo de la piel, por lo que la vasodilatación del cuerpo intercambia nuestro calor con el del ambiente; el calor sobrante sale. Es el sudor, cuyas gotas, al enfriarse, reducen la temperatura corporal.
Pero puede haber situaciones secundarias derivadas del calor excesivo: los calambres musculares, el agotamiento y el golpe de calor.
Calambres, mareos, dolor de cabeza, náuseas o sudoración excesiva se suelen resolver con reposo en un lugar fresco y con hidratación.

Pero el golpe de calor se caracteriza por una elevación de la temperatura corporal, dolor de cabeza intenso, fatiga o pérdida de conciencia.
En líneas generales es fundamental:
- Beber agua con frecuencia.
- No abusar de bebidas con cafeína, alcohol o azúcar.
- No hacer ejercicio físico en las horas centrales del día.
- Usar ropa ligera que permita transpirar.
- Hacer comidas ligeras para reponer las sales perdidas por el sudor.
- No quedarse ni dejar a nadie dentro de un vehículo estacionado y cerrado, especialmente a menores de edad, mayores o con enfermedades crónicas.
Dermatología
Y si llega el calor, y como las piscinas están abiertas (si vives en zona de costa, o viajas a una, tendrás ganas de ir a la playa), la exposición al sol es inevitable. Cuidado.
Protégete la cabeza y usa protección solar. El riesgo de melanoma no es para tomarlo en balde: la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) estima que este año se diagnosticarán 8.074 nuevos casos en España, recuerda en un correo Cigna Healthcare.
Escapar de bulos y falsedades: esa idea de que la piel puede «acostumbrarse» al sol y desarrollar una protección natural tras las primeras exposiciones es falsa. El bronceado, puntualiza esta organización, no protege frente al sol. El “moreno” de la piel es una respuesta de defensa del organismo ante una agresión, ya que intenta minimizar el daño causado por la exposición solar.
El dermatólogo y profesor de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de UIC Barcelona Ramon Grimalt incide, a través de un comunicado, en la importancia de derribar el bulo del “callo solar”. Insiste en que “el bronceado no es sinónimo de salud, sino un mecanismo de protección que indica que ya se ha producido un daño celular”.
Infecciones y eccemas
El uso de bañadores, estar en piscinas públicas, la presencia de arena de playa en nuestra piel y en nuestros órganos pueden desencadenar infecciones genitourinarias como las siguientes:
- Vulvovaginitis, con los siguientes síntomas: picor, escozor y aumento de secreción. Suele ser provocada por el hongo Cándida (candidiasis) o por la bacteria Gardnerella (vaginosis bacteriana).
- Eccemas en zonas de los pliegues.
- Infecciones de orina por la deshidratación y el cúmulo de gérmenes en el residuo miccional que queda en la vejiga.
Neurología
Dado que el cerebro necesita un equilibrio térmico, el calor puede jugarle malas pasadas, con consecuencias en la atención, la memoria, el razonamiento o la velocidad de procesamiento de la información.
En nota de prensa, la compañía farmacéutica Schwabe difunde unas declaraciones del geriatra y profesor de la Universidad Complutense Pedro Gil Gregorio, que dice: “Muchas veces asociamos el impacto del calor únicamente al cansancio físico, pero también existe una afectación neurológica. El cerebro es especialmente sensible a las variaciones térmicas porque consume una gran cantidad de energía y necesita mecanismos muy eficientes para disipar el calor”.

Cuidado con las personas mayores, también en este campo. Existe evidencia científica sobre la relación entre episodios de calor extremo y un incremento de hospitalizaciones relacionadas con demencia y Alzheimer, apunta el laboratorio.
Además de la detección temprana, es aconsejable, con las personas mayores, mantener rutinas estables, evitar actividades al aire libre en las horas de más calor y prestar atención a posibles signos de desorientación, fatiga o confusión asociados a las altas temperaturas.
Menopausia
Los sofocos son un problema para mujeres con menopausia cuando llega el calor extremo. Empeoran porque se acompañan de sudoración, palpitaciones o enrojecimiento de la piel.
Recomendaciones:
- Utilizar ropa ligera y transpirable
- Mantener una hidratación adecuada
- Evitar comidas picantes, alcohol y bebidas muy calientes
- Dormir en ambientes frescos y ventilados
- Practicar ejercicio físico moderado de manera regular
- Priorizar el descanso
- Cuidar la microbiota íntima
Para hacer deporte…
Informa Sanitas en nota de prensa que seguir la rutina de ejercicio en periodos de calor es contraproducente. Hay que adaptarse.
Mantener pautas de entrenamiento habitual puede convertirse en una carga excesiva cuando se realiza con calor, especialmente en deportes de alta intensidad, sesiones largas o actividades al aire libre.
Claves:
- Reducir la intensidad desde el primer bloque de entrenamiento
- Hidratarse antes de tener sed. En entrenamientos de más de 45-60 minutos o con mucha sudoración el agua puede no ser suficiente y conviene valorar bebidas con electrolitos.
- Evitar entrenamientos de máxima exigencia en las horas centrales. Y si solo se puede entrenar con calor, es más seguro optar por movilidad, técnica, fuerza controlada o ejercicio de baja intensidad.
- Elegir bien el terreno y la exposición porque “no es lo mismo correr por asfalto a pleno sol que hacerlo en un parque con sombra”, apunta Sanitas.
- Revisar la ropa y el material. Las prendas oscuras, ajustadas o poco transpirables dificultan la disipación del calor. Es preferible utilizar ropa ligera, gorra si hay exposición solar directa y también protección solar para la piel. En salidas largas, llevar bebida resulta indispensable.
- Parar ante señales de alarma. Mareo, escalofríos, náuseas, dolor de cabeza intenso, calambres persistentes, confusión o pérdida de coordinación son motivos para detener la actividad inmediatamente. En esos casos, es necesario buscar sombra, enfriar el cuerpo, beber de forma progresiva y pedir ayuda si los síntomas no mejoran.
Uso y conservación de medicamentos
Recuerda la revista Consumer, citando a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), que hay fármacos que pueden agravar los síntomas derivados de altas temperaturas.

Son:
- Los que favorecen la deshidratación, como los diuréticos para tratar la hipertensión o la insuficiencia cardiaca.
- Los que pueden afectar al funcionamiento de los riñones, como ciertos antiinflamatorios, tratamientos para la hipertensión o determinados antibióticos y antivirales.
- Medicamentos cuyo efecto puede alterarse con la deshidratación. Cuando el cuerpo pierde demasiados líquidos, algunos tratamientos pueden concentrarse más en la sangre y aumentar el riesgo de efectos adversos. Es el caso de determinados fármacos para el corazón, la diabetes, la epilepsia o el colesterol, como el litio, la digoxina o algunas estatinas.
- Medicamentos que dificultan que el cuerpo se enfríe correctamente. Entre ellos se encuentran algunos antidepresivos, antipsicóticos, antihistamínicos, tratamientos para el párkinson o ciertos broncodilatadores. También algunos fármacos para la tensión.
Por tanto, evitar la automedicación y conservar los fármacos de manera adecuada, nada de dejarlos en el coche y evitar la cocina o el baño por la humedad y los cambios de temperatura. Mejor guardarlos en un lugar fresco, seco y protegido de la luz.
Y no interpretar la idoneidad de guardar a “temperatura ambiente” si hay canícula. Mejor no superar los 25 °C o 30 °C.



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