Desarrollo

Tenemos tantas cosas que agradecer a nuestras hijas e hijos pequeñ@s, ¡tantas!, que desde que nacen se dibuja una sonrisa en nuestro corazón cuando estamos a su lado. Nos cambian el ánimo al llegar a casa después del trabajo, con los sinsabores de la rutina clavados en la espalda, y corren para darnos un beso y un abrazo; o cuando nuestros proyectos se derrumban como un castillo de naipes y se suben encima de tus hombros a peinarte el flequillo. Ellas y ellos siempre hacen que se desborde nuestra alegría; a veces tan solo por que nos miran ansiosos desde la almohada esperando ver otra noche más al actor o la actriz que interpreta su cuento favorito con una gran sonrisa...
Relata la autora del día a día de Elmo y Ari que cuando era pequeña "tenía casi vedado intervenir en el mundo de los adultos"; al contrario que ahora, donde ella es condescendiente con sus hijos, dejándoles que opinen "de forma autónoma" sobre la mayoría de las actividades cotidianas; propósito educativo "con una parte buena y otra mala". Es decir, que la Libertad crea inteligencia, como novelar nuestros sueños, nuestras alegrías o nuestros miedos, y es capaz de engendrar grandes peligros, como ha sucedido en el caso Donald Trump, cuyos mensajes misóginos, homófobos y xenófobos han calado hasta la médula en una sociedad con evidentes síntomas de ignorancia, hostilidad y codicia...
A nadie le gusta hablar de la muerte y menos aún tratar ese tema con nuestros hijos e hijas. Ni siquiera queremos pensar en ella; preferimos disimular su presencia inmortal, como si sus ojos profundamente negros no existieran. Pero su advenimiento amenazador al intelecto infantil nos enfrenta sin remisión a una "inevitable toma de conciencia", más aún si la muerte se cierne sobre las mujeres, especialmente en su papel maternal, ya que sus estragos, los de la guadaña, encarnan el fin del cariño o del amor y la llegada del desamparo, como pasa en muchos cuentos o en muchas realidades, donde la vida está a merced del capricho de los hombres...
Un día coincidí en el metro -subway, underground, tube- con el pintor hiperrealista español Antonio López. Se sentó a mi lado y no pude evitarlo. Después de presentarme y decirle que era periodista le expuse que siempre había querido saber qué era para él la realidad. Su respuesta me dejó eufórico: "lo que estamos viendo". A l@s niñ@s pequeñ@s, especialmente varones, les resulta extremadamente difícil entender las diferencias entre el sexo masculino y el sexo femenino. Los chicos, aunque hagan verdaderos esfuerzos para ponerse en el lugar de las chicas, suelen acabar claudicando, "abrumados por lo desconocido"...
Las niñas y los niños, cuando son muy pequeños y todavía no tienen la capacidad de atar todos los cabos de la realidad que nos rodea, de cómo funciona el mundo, buscan y encuentran argumentos "marcianos y maravillosos" para explicar aquellas cosas que no hemos tenido la oportunidad o la sensibilidad de contarles; por ejemplo, el origen de los billetes en efectivo que se extraen de los cajeros automáticos, cuando te espetan eso de "¡pues saca el dinero con la tarjeta, que es gratis... yo quiero el juguete!"; o la procedencia de la leche con cacao de su desayuno o merienda...