Familia

Sentados a la mesa masticando el sempiterno trozo de filete ya desabrido; hechos un ovillo frente a las noticias de la "tele"; o tirados en el suelo destruyendo naves alienígenas en la tablet... nuestros hijos pequeños parecen ausentes, pero no, no es así. Toman buena nota de los comentarios u opiniones que escuchan y, cuando menos lo esperas, te largan una reflexión desinhibida que aguijonea toda presunción de inocencia...
"Espejito, espejito, ¿quién es la más hermosa?" -preguntaba la malvada Reina de los hermanos Grimm que afamó Disney en su película-, y el espejo mágico le respondía una y otra vez: "Blancanieves"... diálogos que leemos a nuestros hijos para enseñarles un vocabulario rico y variado; palabras de cuento que suelen imitar con naturalidad y que en ocasiones estimulan tanto su imaginación que llegan a confundir ficción y realidad, un despiste de su cerebro que nos sorprende, incluso nos hace reír, a la par que acaricia nuestro corazón necesitado...
El drama o la tragedia se suelen encajar con cierto recelo cuando se notan en el comportamiento de un adulto baqueteado; en cambio, nos parece absolutamente natural cuando son los niños pequeños quienes lo protagonizan, futuros ganadores de un Óscar o un Goya que nos conmueven con su rostro descompuesto, casi desvaído, y sus ojitos a punto de caramelo; sentimiento que cala aún más profundo en aquellos padres que están a un tris de bajarse de su tren de vía estrecha...
Cuando uno de tus hijos te hace una pregunta "imposible de responder" no nos cabe otro remedio, ante nuestro desconcierto, que improvisar una contestación basada en la inteligencia o en la habilidad natural que tenemos para despejar balones que van directos a la escuadra, pero casi siempre cometemos el mismo error sin darnos cuenta: nuestros hijos no se conforman con la palomita in extremis; van a por la pelota, sacan el córner y chutan sin compasión desde el área chica para colártela por debajo de las piernas...
A veces queremos que nuestros hijos recojan su dormitorio, o leonera, que dejen de jugar con los vídeojuegos o que se relacionen con otros chicos y chicas de su edad, pero ellos normalmente tienen otro punto de vista y pretenden hacer lo que les da la real gana, comportamiento desafiante íntimamente ligado con las diferentes etapas del crecimiento y con su proceso de integración en el mundo que les rodea, donde la competencia por sobresalir les lleva irremediablemente a colmar la paciencia ilimitada de los padres...