Familia

Tenemos la idea de que nuestros hijos son criaturas inocentes y de que serían incapaces de hacer el más mínimo daño a una mosca. Sin embargo, los niños aún no tienen muy clara la noción de lo que es causar dolor a los demás o a sí mismos, ni saben delimitar del todo los límites del peligro: pueden soltarse de nuestra mano repentinamente y cruzar la calle llena de coches que separa el hotel del paseo marítimo; pueden subirse al poyete de la terraza de tu quinto piso para ver mejor el aterrizaje de su avión de juguete; o pueden dar de comer al bebé la leche corporal de un bote olvidado encima de la mesilla de noche... los sustos, cuando no momentos de verdadero pánico, llegan siempre por sorpresa y pueden ser memorables...
Cuando te dan el alta hospitalaria es tal el subidón que alcanza tu espíritu que olvidas todas las penas de la enfermedad y solo te centras en llegar a casa lo antes posible. Eso mismo sintió Irene, de 9 años de edad, que dibujó en la pizarra de su habitación un jeroglífico muy sencillo: "Estoy llena de agradecimiento a los médicos y a las enfermeras, pero es el momento de volver con mi familia"... Todas nuestras historias de L@s niñ@s de San Rafael han tenido un final feliz y este último dibujo que publica EFEsalud se titula "Nos vamos hoy"...
Ayer estábamos en lo cierto. Claudia, de nueve años de edad, ha ratificado nuestras apreciaciones, basadas en historias de dragones 'echafuegos' y caballeros médicos, y nos ha dejado este precioso dibujo en el que nos dice lo siguiente: "El Hospital San Rafael no es un castillo, pero durante un tiempo fue mi casa y mi habitación, la 421 de la planta pediátrica. En ella dormí plácidamente hasta que me curé y me dieron el alta. Me trataron como a una princesa"...
Los cuentos clásicos nos transportan al mundo de las princesas, los dragones y los caballeros... Alberto, de cuatro años de edad, nos dibujó en la pizarra mágica del Hospital San Rafael una aventura soñada por muchos niños, jóvenes, adultos y mayores: él, un príncipe del medievo, rescata a una princesa prisionera en la torre del castillo que custodia un dragón alado, casi dinosaurio, que echa fuego por sus terribles fauces. En la vida real, el castillo es un hospital, la princesa es una niña o jovencita doliente, el dragón una enfermedad con sed de mal y el príncipe es un doctor o doctora que llega al trabajo en coche, si es que consigue aparcar....
Es costumbre entre los adultos dar por hecho o asumido ante los demás nuestros pensamientos, ideas o intenciones, así como el significado de muchas palabras. Los niños, en cambio, son especialistas en no dar por hecho nada de nada, ya que todo es nuevo y extraño para ellos. Buenos ejemplos los encontraríamos en las palabras "pedal, manillar o freno" y también en "las preferentes, cambio de divisas o estafa piramidal"... nuestra más que necesaria curiosidad evitaría descalabros de renombre a nivel mundial...