Familia

Nuestros hijos e hijas, o l@s niñ@s con l@s que compartimos nuestra vida, ya sea en nuestro entorno familiar y social o en los medios de comunicación, especialmente en internet, el móvil y la televisión, son como las esponjas del mar... absorben y absorben todo lo que ven, escuchan, huelen, tocan y leen; también las mentiras que les contamos a diario, aunque lo hagamos por su honorable bienestar. Ellos y ellas, a medida que crecen nos las devolverán una por una a modo de eco. Son alumn@s tan aventajad@s en trolas, incluso con matrícula de honor en bolas y patrañas, que sin duda, más temprano que tarde, se convertirán en adultos acostumbrados a tener un gran callo cerebral...
Hacerse mayores también consiste en ir perdiendo la inocencia de la niñez, una serie de pasos titubeantes que suelen comenzar con las dudas infantiles sobre la verdadera identidad de los Reyes Magos, de Papá Noel o Santa Claus; personajes mágicos a los que nunca queremos renunciar. Su pérdida definitiva significaría dejar de creer en la esperanza de un mundo mejor, y quizá, por eso, cuando se aproximan sus camellos, o sus renos, cerramos los ojos y desandamos el camino de la cruda realidad hasta reencontrarnos con nosotros mismos abriendo aquellos maravillosos regalos junto al árbol de Navidad...
La escritora Isabel Cañelles, autora entre otros de esta serie de relatos publicados bajo el título "El día a día de Elmo y Ari", sabe que las historias inventadas, ya sean proyectadas en una sala cinematográfica, visionadas en una tableta o en un móvil, leídas en un libro, interpretadas sobre un escenario o narradas a viva voz al borde de una cama, "son esenciales para el ser humano, pero en especial para los niños; ya que, a través de la identificación con los personajes, ellos se implican en los procesos emocionales, se enfrentan a sus conflictos internos y crecen psíquicamente. Y como madre -reflexiona-, poder observar esto en tiempo real es algo que yo no cambiaría por nada del mundo"...
Cuántas palabras se escriben con las mismas letras y cambian su significado en función del contexto, de la entonación o del resto de los vocablos que forman la frase. Por ejemplo, "cuernos" puede referirse a las defensas más o menos prominentes y afiladas que tienen los toros y las vacas en lo alto de su cabeza o a la infidelidad palmaria del hombre y de la mujer en las relaciones de pareja. La polisemia, por tanto, puede provocar verdadero pánico ante la envergadura de los astados o una honda tristeza por las heridas intangibles que se causan en el corazón de los ingenuos o de los incautos...
Tenemos tantas cosas que agradecer a nuestras hijas e hijos pequeñ@s, ¡tantas!, que desde que nacen se dibuja una sonrisa en nuestro corazón cuando estamos a su lado. Nos cambian el ánimo al llegar a casa después del trabajo, con los sinsabores de la rutina clavados en la espalda, y corren para darnos un beso y un abrazo; o cuando nuestros proyectos se derrumban como un castillo de naipes y se suben encima de tus hombros a peinarte el flequillo. Ellas y ellos siempre hacen que se desborde nuestra alegría; a veces tan solo por que nos miran ansiosos desde la almohada esperando ver otra noche más al actor o la actriz que interpreta su cuento favorito con una gran sonrisa...