Mamá, me duele la cabeza... papá, me duele la tripita... mamá, me duele la garganta... ¡cof, cof! Seguro que todos recordamos con una sonrisa este tipo de lamentos que susurrábamos con gesto dolorido cuando queríamos faltar al colegio. Nuestro padres nos palpaban la frente -decíamos ¡uf¡, nos tocaban la barriga -decíamos ¡ay!- o nos hacían abrir la boca -decíamos ¡aj, aj, aj!... y, para que se despejaran nuestras dudas, nos colocaban el termómetro en la axila debajo del pijama, la prueba infalible que echaba por tierra todo nuestro teatrillo y nos colgaba la cartera en la espalda...