menores redes sociales
GRAF8643. MADRID, 12/06/2018.- Vista de una fotografía en la presentación de "Una aproximación a Afal. Donación Autric-Tamayo", que expone el Museo Reina Sofía y donde se exponen 200 fotografías de 13 artistas hechas en España en las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado, y que provienen de la reciente donación realizada por la familia Autric-Tamayo y de los fondos de la Colección del Museo. EFE/ Paolo Aguilar

Sobreexponer a los menores en redes sociales tiene un precio: el impacto emocional

Desde la primera ecografía, a los primeros pasos de un bebé o cada cumpleaños, por no mencionar a los menores que se convierten en influencers por el interés que despiertan en las redes sociales. Esta sobreexposición propiciada por sus progenitores, conocida como sharenting, tiene un coste en la salud emocional de niños, niñas y adolescentes, además de otros riesgos relacionados con la seguridad y la privacidad.

Autoestima débil, pérdida de seguridad en sí mismo, pánico al ridículo, ansiedad ante la respuesta de los demás, pérdida de confianza en los padres… son algunas de las consecuencias emocionales que puede tener para los más pequeños el hecho de ver cómo los momentos privados de su vida son expuestos con regularidad en internet por parte de quienes más debían protegerlos.

Aldeas Infantiles SOS ha elaborado el informe “Crecer en el escaparate digital. Claves para prevenir el sharenting o sobreexposición de nuestros hijos» para acercar a familias y educadores información comprensible sobre una sobreexposición cuyos riesgos suelen desconocerse o subestimarse.

“En la consulta, estamos siendo testigos de cómo el sharenting daña los vínculos, daña la empatía. Implica no pensar en el otro ni en sus derechos y necesidades. Incurrimos en faltas de respeto sin pensarlo, sin plantearnos qué pensará ese bebé o ese pequeño cuando sea adolescente o adulto, sobre todo eso que colgamos en redes sobre él sin su permiso”, alerta la psicóloga Mercedes Bermejo, participante en el informe.

Según la experta, “cada vez hay más dificultades de comunicación en las familias, donde cada vez se prioriza más la vida online” y no el cara a cara.

Por su parte, el psiquiatra especializado en infancia y juventud Luis Miguel Rojo puntualiza que, desde un punto de vista científico, “el sharenting es tan reciente que está aún en exploración: no existen estudios sólidos que permitan relacionarlo con la salud mental. Solo podemos hipotetizar y hablar en función de lo que sabemos, que es cómo afecta la sobreexposición a los menores”.

Sharenting es un término que une las palabras inglesas share (compartir) y parenting (crianza).

Los datos recogidos en este informe sitúan a España como el país europeo donde más sharenting se practica: una de cada cuatro familias comparte imágenes de sus hijos e hijas varias veces al año, frente a una de cada cinco en Europa.

El impacto del sharenting cambia con la edad

El efecto del sharenting no es igual en todas las etapas del desarrollo, explica el psiquiatra Diego Figueroa.

  • En la primera infancia: el riesgo es principalmente acumulativo, se construye un archivo digital cuando el niño todavía no puede comprenderlo ni decidir sobre él.
  • Entre los 7 y 11 años: puede aparecer ya incomodidad o rechazo, aunque la capacidad para oponerse a la decisión adulta sigue siendo limitada.
  • En la adolescencia: esa exposición puede vivirse como una intrusión especialmente intensa, porque coincide con la necesidad de controlar la propia imagen, construir una identidad autónoma y diferenciarse de las figuras parentales.

«Es un tema emergente que va en aumento, aunque el motivo de consulta explícito rara vez es el sharenting; suele aparecer de forma indirecta, dentro de cuadros de ansiedad social, conflictos de confianza intrafamiliar en la adolescencia o síntomas de imagen corporal”, explica Figuera.

Algunas señales de alarma para detectar un posible problema clínico son que el menor exprese vergüenza o rechazo y las publicaciones no se retiren; que se difundan momentos de crisis, enfermedad o especial vulnerabilidad; o que los síntomas aparezcan o se intensifiquen al descubrir el archivo digital creado durante su infancia.

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EFE/ Rafa Alcaide

Las redes sociales entorpecen la construcción de la identidad de los menores

Cuando una experiencia se comparte públicamente permite que la mirada externa adquiera un peso excesivo, algo que puede tener mayores consecuencias en niños, niñas y adolescentes al encontrarse en una etapa en la que todavía están construyendo la forma de relacionarse consigo mismos y con los demás.

“Si una parte importante de la vida cotidiana se convierte en contenido para una audiencia, el niño, niña o adolescente puede acostumbrarse a interpretar sus experiencias desde cómo serán percibidas por otros”, señala el informe.

Además, cuando la sobreexposición es enorme, en el caso de los niños influencers, existe el riesgo de que la persona termine identificándose con la imagen pública que se ha construido sobre ella.

Buscar la foto perfecta, un mensaje equivocado

Cuando buscamos la foto ideal del menor para subirla a redes sociales, lo que significa repertirla y utilizar filtros, la idea que se le transmite es que necesitan la perfección para gustar a otros.

“Al mismo tiempo, se pone una gran carga en la imagen de ese niño: si es lo bastante buena, tendrá más éxito, recibirá más likes. Los problemas de autoimagen y autoestima esperan detrás de la puerta”, advierte el estudio.

“¿Cómo vamos a decirles luego a esos niños y niñas, cuando llegan a la adolescencia, que lo importante no es el cuerpo sino el interior de la persona?”, añade.

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EFE/EPA/LEUNG MAN HEI

Secuelas dentro de la familia

Compartir online de forma habitual los momentos familiares con los hijos e hijas menores de edad puede desembocar en:

  • Carencia de tiempo de calidad.
  • Pérdida de intimidad y privacidad.
  • Problemas a la hora de establecer vínculos seguros.
  • Falta de conciencia de los propios límites en el entorno digital.
  • Falta de seguridad y confianza en los cuidadores primarios.
  • Idea de que mi casa o el mundo no son un lugar seguro.
  • Ansiedad, problemas de autoestima.

Lo que hay que tener en cuenta antes de compartir a menores en redes sociales

El psiquiatra especializada en infancia y juventud Luis Miguel Rojo considera que hay algunos parámetros a tener en cuenta antes de compartir contenidos de menores en redes sociales.

  • Es importante contar con su consentimiento desde que sabe hablar, alrededor de los 3 años.
  • La confianza es clave en la crianza. Debemos darle el mensaje de que puede hablar con sus padres de cosas que van a quedarse entre ellos, de las que no van a enterarse todos.
  • Cuando se vivan momentos especiales en familia, que sea para disfrutar con los pequeños, no para dar cuenta de ellos públicamente.
  • Las cartas, notas, dibujos que los hijos hacen a sus padres son muestras de afecto que pertenecen a la esfera de su intimidad. Cuando se convierten en contenido, damos el mensaje de que la intimidad entre padres e hijos no existe y se pierde la confianza.
  • Mostrar la fachada de una felicidad ficticia enseña a los hijos e hijas a fingir y que los sentimientos negativos no se validan. Se puede generar un mundo virtual paralelo en el que solo vale lo bueno.
  • En el polo opuesto, son de especial riesgo aquellos vídeos que presentan al menor sufriendo, llorando, mostrando emociones desagradables, en una situación vulnerable o vejatoria. Un progenitor debe consolar a su hijo menor de edad, ayudarle a gestionar su malestar: si en vez de eso se pone a grabar, puede transmitirle la idea de que su sufrimiento es motivo de disfrute para los demás.
  • Cuidado con aquellas imágenes o informaciones que pueden resultar vergonzosas para los niños, niñas o adolescentes o pueden convertirlos en víctimas de burlas o acoso escolar, como se hacen pis en la cama o que tiene malas notas, por ejemplo.
  • Si una madre o un padre me hace fotos todo el rato, en las que tengo que estar guapa o guapo y mostrarme seductora o seductor, aprendo que mi valor está en mostrarme y gustar a los demás.

El informe de Aldeas Infantiles recuerda que los niños, niñas y adolescentes tienen derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de sus datos personales y advierte de que una imagen puede descargarse, capturarse, reenviarse, reutilizarse para crear perfiles falsos, emplearse en situaciones de ciberacoso o caer en manos de depredadores sexuales.

“Crecer en el escaparate digital. Claves para prevenir el sharenting o sobreexposición de nuestros hijos”, recomienda reflexionar antes de publicar, limitar la difusión, respetar la imagen ajena y educar en privacidad; y reclama la implicación de familias, plataformas, instituciones, centros educativos, medios de comunicación y administraciones.

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