Recibir por sorpresa un hipotético premio de lotería que incluyera todo el dinero del mundo, las joyas de la Realeza europea, cada una de las obras de arte expuestas en un museo y hasta la última onza de oro de los piratas, jamás podría igualarse, ni tan siquiera por aproximación codiciosa, a la sensación que recibe el corazón de un padre o una madre cuando un@ de sus hij@s le hace sentir el amor absoluto. No hay nada más íntimo, delicado y exquisito. Esos momentos, muy pocos a lo largo de una vida, se transforman en pura poesía y te hacen comprender el sentido de la existencia...