Nuestro organismo es como una orquesta en la que todos los intrumentos deberían sonar en armonía, pero no siempre es así. A veces está desafinada a causa de la 'cronodisrupción' o alteración de los ritmos internos. La falta de sueño, el 'jet-lag' o la contaminación lumínica nocturna provocan que los relojes del cuerpo estén desincronizados. ¿Consecuencias? Obesidad, entre otras...