Rosácea

La piel con rosácea, bajo control médico

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«La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica benigna de causa desconocida, con múltiples expresiones clínicas, que afecta predominantemente a nuestra cara, en concreto, a las mejillas, el dorso nasal, el mentón y la frente», destaca la Dra. Carmen Carranza Romero, dermatóloga adjunta en el Hospital Clínico Universitario San Carlos de Madrid.

«La rosácea, que se puede controlar excelentemente bien mediante el diagnóstico precoz y su tratamiento adecuado, es consecuencia de una disregulación neurovascular, un fallo de la termorregulación facial, de un trastorno de la inmunidad innata y otro de la inmunidad adquirida», subraya la Dra. Carranza Romero.

A nivel neurovascular, el sistema pierde el control de los pequeños vasos sanguíneos de la cara, dilatándose con facilidad: se ensanchan más de lo normal y con mayor frecuencia.

En la rosácea, la inmunidad innata, sistema de defensa rápido del cuerpo, se activa de forma temprana y exagerada, desencadenando una inflamación crónica y enrojecimiento.

En cuanto a la inmunidad adquirida (adaptativa), que actúa de forma tardía, entran en juego innumerables células inflamatorias que cronifican el daño y perpetúan los brotes en la piel de la cara.

En las rosáceas pápulopustulosas severas o las fimatosas se detectan células de tipo B y plásmáticas produciendo anticuerpos.

En este sentido, diferentes estudios han relacionado algunos marcadores genéticos de la rosácea con enfermedades como la diabetes tipo 1, la enfermedad celíaca o la artritis reumatoide.

«Estas alteraciones generan rubor facial espontáneo, ante estímulos concretos, y la aparición de lesiones inflamatorias como edemas, pápulas y pústulas, a la vez que posibles lesiones oculares. Raramente, sobre todo en la nariz de los varones, se desarrollan protuberancias cutáneas o fimas», apunta la Dra. Carranza.

Mujer con rosácea.
Paciente con rosácea sin afectación ocular. Imagen cedida por la Dra. Carmen Carranza.

Síntomas y diagnóstico precoz de la rosácea

La rosácea puede confundirse con los síntomas de enfermedades cutáneas, como el acné, la foliculitis, la dermatitis perioral, la dermatitis seborreica y atópica, enfermedades fotolumínicas, enfermedades autoinmunes y la queratosis pilaris.

Los detonantes de la rosácea obedecerían a la radiación ultravioleta, que estimula de la síntesis de la vitamina D en la piel; a cambios de temperatura bruscos y extremos de calor y frío; y a situaciones de estrés, ansiedad o alguna exacerbación emocional, como la pena.

Además, en esta enfermedad inflamatoria de la piel son determinantes factores como la quitina proveniente del ácaro Demodex, microorganismo común en nuestra piel, las comidas muy picantes, las bebidas alcohólicas, las bebidas muy calientes y fármacos vasodilatadores.

La rosácea leve, moderada y grave se manifiesta de manera variada en cada persona, pero se describen unos patornes comunes: eritemas y telangiectasias, con enrojecimiento facial persistente (flushing) y arañas vasculares; pápulas y pústulas, similares al acné.

También, fimas o protuberancias, que agrandan y deforman la nariz, básicamente en varones; y afectación ocular, tanto en los párpados como en las estructuras internas de los ojos, generando irritación, sequedad, ardor e hinchazón palpebral.

Rosácea.

La prevalencia en adultos estimada es de un 5 % de la población mundial (de 0,5 a 22 % en países europeos o un 4,3 % en Latinoamérica); y aunque la rosácea predomina clásicamente en pieles más claras (fototipos I y II), diferentes estudios señalan que el diagnóstico precoz se complica en las etapas iniciales cuando afecta a personas con tonos más oscuros.

Aún así, la incidencia de la rosácea es similar en hombres y mujeres, aunque es algo más frecuente en ellas: un 5,9 % frente a un 4,4 % en hombres. La edad de mayor incidencia, en un 80 % de los casos, se sitúa en la horquilla de entre 25 y 39 años, pero puede manifestarse incluso en la edad pediátrica.

La rosácea se encuentra entre las enfermedades dermatológicas que más afectan a la calidad de vida de l@s pacientes.

«El enrojecimiento facial, característico de la rosácea, erróneamente atribuido al hábito de beber alcohol, provoca que esta dermatosis benigna sea muy mal tolerada por las personas afectadas, que ven disminuida su autoestima y dañadas sus relaciones personales, sociales y laborales», subraya la dermatóloga.

La piel facial con rosácea: tratable, pero no curable

Sea cual sea el nivel de afectación del paciente por la rosácea, es fundamental establecer pautas rutinarias de cuidado de la piel utilizando medidas de alta fotoprotección física -minerales- (SPF 50), una higiene suave y cuidadosa al menos dos veces cada día y emolientes sin activos irritantes.

«Con todo, en los últimos años se han producido numerosos avances en el tratamiento de la rosácea, de modo que hoy en día podemos afirmar que, con la terapéutica adecuada, se controla satisfactoriamente y la gran mayoría de pacientes conseguirán una remisión evidente de su enfermedad», asegura la Dra. Carranza Romero.

«Sin embargo, también es cierto que, a esa remisión de la enfermedad, deberán seguir efectuándose controles periódicos y, a menudo, tratamientos de apoyo para evitar rebrotes, o al menos retrasarlos o mitigarlos», añade.

«El tratamiento de la rosácea, por tanto, se deberá entender como un tratamiento continuo y adecuado a cada fase de la enfermedad», completa.

«No podemos hablar de un tratamiento único, temporal y curativo, aunque excepcionalmente pueda suceder en algún caso, sino de un tratamiento constante de la piel con rosácea a lo largo de los años hasta que la propia naturaleza haga desaparecer la enfermedad», señala la experta del Hospital Clínico.

Rosácea facial.
Rosácea en la mejilla y en la nariz (rinofima).

El eritema facial permanente y las telangiectasias permanentes del rostro se benefician de los láseres vasculares, como el PDL y el láser Nd-Yag, u otras fuentes de luz, como la luz pulsada intensa (IPL).

«Son tratamientos que requieren de múltiples sesiones y que pueden resultar costosos, pero que consiguen importantes mejorías; además, estos tratamientos son la primera opción para tratar las telangiectasias«, indica la Dra. Carranza.

Para controlar el flushing, ese enrojecimiento facial fluctuante que aparece de manera repentina y puede ir acompañado de sudoración, podemos utilizar neuromoduladores como tratamiento novedoso.

El tratamiento de la rosácea pápulopustulosa se basará en activos antiinflamatorios, que en general se aplicarán por la noche. Los más eficaces, y por este orden, son: ivermectina, metronidazol y ácido azelaico.

«Aunque estos activos están catalogados como antimicrobianos, su efecto en la rosácea se debe sobre todo a sus propiedades antiinflamatorias al conseguir una disminución en la población del Demodex follicullorum, ácaro que juega un papel exacerbante de la rosácea en algunos casos», explica la dermatóloga.

«En los casos moderados y graves de la rosácea, o los casos leves que no responden al tratamiento tópico, deberá añadirse un tratamiento oral de primera línea: los antibióticos del grupo de las tetraciclinas, que también deben su eficacia a su actividad antiinflamatoria más allá de su acción antimicrobiana», detalla.

Los casos que no respondan a antibióticos orales serán tributarios de un tratamiento con isotretinoina oral, fármaco que reduce significativamente el tamaño y la producción de grasa de las glándulas sebáceas, impidiendo la obstrucción de los poros cutáneos y disminuyendo la inflamación.

«Este derivado sintético de la vitamina A, ampliamente utilizado en la terapéutica del acné, es muy eficaz en la rosácea por sus propiedades antiinflamatorias, aunque en este caso se requieren microdosis o pautas reducidas», puntualiza.

Cabe recordar que la isotretinoina está prohibida durante el embarazo por riesgo fetal máximo, así como contraindicada en diferentes patologías (insuficiencia hepática, hiperlipidemia e hipervitaminosis A, por ejemplo) o si el paciente tiene intención de donar sangre.

«Por supuesto, y no cabe otra opción posible, cualquier tratamiento frente a la rosácea debe estar prescrito por una médica o un médico especializado, la mejor forma de tener controlada esta enfermedad crónica», concluye la Dra. Carmen Carranza Romero, dermatóloga del Hospital Clínico San Carlos.

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