Cuenta nuestro compañero Íñigo Lapetra, director de comunicación del Consejo General de Enfermería, que empezó a desengrasar su cuerpo cuando tenía treinta y tantos años y tres hijos. Se dio cuenta de que su cintura rebosaba con creces el último agujero de su cinturón, y de que la obesidad estaba ya sentada junto a él en su amado tresillo, devorando un menú rico en calorías, grasas saturadas y azúcar, mientras disfrutaba de otro aburrido partido de fútbol o de la quincuagésima temporada de una serie dramática...