Explorar las zonas erógenas de la geografía corporal ya es un placer. Descubre cuáles son las partes más sensibles y cómo aprovechar su potencial a través de un mapa que las recorre punto a punto

Un recorrido por la geografía erógena
Escultura del artista colombiano Fernando Botero. FOTO EFE

Un recorrido por la geografía erógena

  • 5 de marzo, 2015
  • MADRID/EFE/GEMMA HERNÁNDEZ

El cerebro es la zona erógena por excelencia, pero no la única. El cuerpo humano pone a nuestra disposición un conjunto de enclaves altamente receptivos al placer en los que, con frecuencia, no reparamos.

Un hecho que el barómetro “Los jóvenes españoles y el sexo” de Control pone de manifiesto. Según este estudio, en el que participaron jóvenes de entre 18 y 35 años, “el 64% reconoce no tener ni idea o tener mucho camino por descubrir” en lo que a zonas erógenas se refiere.

Para remediar estas lagunas en el terreno sexual, la empresa de preservativos y la psicóloga y sexóloga Nayara Malnero han diseñado este mapa que identifica las áreas más sensibles de hombres y mujeres.

¿Por qué olvidamos algunas zonas erógenas?

A la hora de identificar estas áreas, el estudio apunta que el 80% de los encuestados se decanta por los genitales, seguidos del cuello (73%) y el pecho, especialmente en el cuerpo femenino.

Mientras que otros puntos altamente sensibles figuran como “desconocidos”, entre ellos, el cuero cabelludo, las piernas y las manos, que solo fueron consideradas como zona erógena por el 8% de los entrevistados.

La sexóloga sostiene que este desconocimiento se debe a la falta de educación sexual y al hecho de que la sociedad actual está centrada en el coito y la genitalidad. Asimismo, “la mayoría de los jóvenes no dedica tiempo a explorar su cuerpos de otra manera o a tener relaciones sexuales que no lleven al orgasmo inmediato”, afirma  Malnero.

El elemento clave: la comunicación

Este estudio refleja la dificultad para identificar los puntos sensibles entre los más jóvenes pero  “me atrevería a decir que en los no tan jóvenes” también se da, apunta. Según los resultados del barómetro, solo un 18% de los encuestados afirmó conocer “perfectamente” las zonas erógenas de su pareja, mientras que el 82% restante afirmó tener dudas.

La especialista sostiene que a menudo se comete "el error fatal" de pensar que  si mi pareja me quiere, "sabe lo que me gusta y lo que tiene que hacer, sin nosotros pedir”. Malnero atribuye esta actitud a un extendido mito del amor romántico que nada tiene de real. Cuando se trata de dar placer hay que tener en cuenta que:

  • No existe una fórmula que funcione con todo el mundo. No obstante, "si nos acercamos a zonas de mayor sensibilidad como los genitales", es menos habitual que a alguien no le guste, explica.
  • Del mismo modo, las formas de estimulación que nos hacen disfrutar varían, “cada persona es un mundo y eso es lo que hay que descubrir”.
  • Los puntos erógenos preferidos pueden cambiar con el tiempo. Se pueden descubrir algunas zonas de las que nunca te habías percatado o que hayas otras que te dejen de gustar.

Malnero advierte que este mapa se presenta como una guía para estimular y conocer las zonas erógenas pero puede no coincida con las preferencias de algunas personas, matiza la sexóloga, quien hace hincapié en que “lo importante es la comunicación, el saber pedir y preguntar, y conocerse a uno mismo”.

La masturbación juega un papel importante en este sentido, "si tú no sabes cómo te gusta ser estimulado es muy fácil querer cumplir los cánones", concluye.