Primer artículo de 2022 en el que Sergio García Soriano prosigue con el Abecedario de la Psicología y llega a la letra M, Manía. Podemos definir “manía” como “alteración del estado del ánimo” que puede formar junto a la depresión parte del trastorno bipolar

Abecedario de la Psicología: Con la M de manía
FOTO EFE/Alberto Aja

Abecedario de la Psicología: Con la M de manía

Cuando decimos la palabra “manía” de manera común pensamos en conductas peculiares que no podemos dejar de hacer por la costumbre.

Por ejemplo, morderse las uñas o dormir con calcetines (popularmente llamados maniáticos).

Sin embargo, este término para la psicología está en relación con el origen de la palabra que nos remitía a “frenesí, estar exaltado o furioso”.

Entonces, podemos definir “manía” como “alteración del estado del ánimo” que puede formar junto a la depresión parte del trastorno bipolar.

La característica de la manía es ser excesivamente expansivo, eufórico, elevada irritabilidad y con un alto nivel de potencia aparente.

Se trata de un estado patológico y temporal que puede durar hasta una semana y padecerlo la mayor parte del día.

La persona que lo padece pierde generalmente el hilo argumental y tiene la idea de que sus pensamientos van a gran velocidad. Además existe un gran parloteo o locuacidad.

Por lo que en esta fase maníaca se distraen con estímulos nimios, apenas pueden concentrarse  y pasan de un tema a otro, apareciendo delirios de grandeza y genialidad pudiendo  aumentar la impulsividad y agresividad, a la vez que se decrementa la capacidad de juicio y la valoración de riesgos.

Se pueden tomar así malas decisiones financieras, afectivas…y que se discuta o se pelee con la familia o en el trabajo. Además, pudiendo tener hipersexualidad o acercándose a sustancias de riesgo (cocaína).

Sin embargo, tenemos que decir que es una cuestión de grado, y que es más frecuente la hipomanía donde no existen delirios y la duración es menor de una semana y solo durante algunas horas del día, sin llegar a poner en riesgo su vida. Los síntomas son menos severos.

El tratamiento de la manía se produce a través de la psicoterapia que va a devolver al paciente a las horas de descanso necesarias y a un patrón de comportamiento sano.

El desencadenante de los episodios maníacos suelen ser afectivos ya que son personas altamente sensibles, por lo que el objetivo de la terapia será analizar los “pródromos” o signos previos para poder una vez detectados, revertirlos y que de esta manera no den lugar a la sintomatología.

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El psicólogo Sergio García Soriano/Foto cedida