Como el contexto es fundamental para dar dimensión a un hecho, a un problema o a una tendencia, hablemos del contexto de la salud cardiovascular en España. La asociación Cardioalianza informó en enero de este año, según datos del Instituto Nacional de Estadística, que de los 436.118 fallecimientos registrados en 2024 más de 113.000 se debieron a enfermedades del sistema circulatorio, es decir, un 26 %. Estamos ante la segunda causa de muertes en el país. Sólo los tumores están por delante.
Llevar el foco a patologías cardiovasculares concretas es llevar el foco, inicialmente, a las enfermedades isquémicas del corazón, porque debido a ellas murieron casi 27.000 personas, y a las enfermedades cerebrovasculares, ya que provocaron cerca de 23.000 fallecimientos.
Son datos que retratan el tamaño de un problema de salud pública, pero hay más. Las autoridades sanitarias están actuando, sí, pero un informe recientemente publicado señala en dónde lo están haciendo mejor y en dónde, peor.
El estudio resulta relevante no sólo por la radiografía que hace, sino además por el momento en que la hace. España dispone de una Estrategia en Salud Cardiovascular del Sistema Nacional de Salud, publicada en 2022. Cuatro años desde entonces. Toca revisión.
Por el lado de las fortalezas
Cardioalianza, citada antes, es una asociación estatal que agrupa medio centenar de organizaciones no lucrativas dedicadas a mejorar el bienestar de personas con alguna enfermedad cardiovascular. Hace un par de semanas presentó “Situación de políticas, gestión y atención a las enfermedades cardiovasculares en España”, informe que bebe de las respuestas que han dado 9 consejerías de sanidad autonómicas a un cuestionario sobre el abordaje de las enfermedades cardiovasculares.
Las fortalezas, que las hay, por lo que indica el estudio, tienen que ver con la identificación de un problema y con la voluntad para abordarlo. La base existe, por tanto, y la base es una estrategia negro sobre blanco. “Todas las comunidades autónomas disponen de marcos estratégicos que integran las enfermedades cardiovasculares como prioridad”, aseguran los autores del informe.
Son marcos que establecen, de modo general:
- Indicadores de seguimiento.
- Rutas asistenciales.
- Actuaciones en prevención, diagnóstico, tratamiento, prevención secundaria y rehabilitación cardiaca.
- Coordinación asistencial.
- Continuidad de los cuidados.
Aunque en menor medida, en las estrategias autonómicas se consagran también la atención psicosocial, el empoderamiento del paciente, el uso de sistemas de información digital o la intervención sobre factores de riesgo cardiovascular como la diabetes, la dislipemia, la hipertensión, la obesidad o el tabaquismo.
Ahora bien, indica el análisis que mientras algunas estrategias se han ido actualizando, otras dan muestras de haberse quedado obsoletas, “con más de una década de antigüedad”, lo que provoca heterogeneidad, y en consecuencia, diferentes enfoques para prevención y atención integral.
Por el lado de las debilidades
El estudio nombra los lugares en los que aún hay margen de mejora, así que menciona asignaturas pendientes.
El principal problema es la heterogeneidad asistencial según territorios. De acuerdo con el estudio, “limita” la “capacidad de implementación efectiva” de estrategias, protocolos y medidas, y alejan la atención equitativa a la ciudadanía.
En otras palabras: hay marcos estratégicos como denominador común, sí, hay una base común, sí, pero la aplicación de los puntos fundamentales de esos marcos y esas bases es desigual según comunidades autónomas.
Otras carencias…
- Financiación insuficiente.
- Variabilidad de recursos para rehabilitación cardíaca.
- Registros de datos desiguales.
- Variedad en la consideración de determinantes sociales.
- Disonancias en los seguimientos del paciente.
Capítulo propio merece la rehabilitación cardiaca, que se caracteriza también por la dispersión territorial. Aunque “todas las CC.AA. participantes disponen de al menos una unidad de rehabilitación cardiaca”, se da en general una “elevada dispersión en la disponibilidad de este recurso entre comunidades”, zanja el análisis.

La financiación, por otro lado, no sale bien parada. Subraya el estudio: “No existe financiación específica, lo que sugiere una brecha relevante entre el diseño estratégico de los planes y su capacidad de implementación real”.
Como consecuencia de ello, se da una “limitada capacidad operativa para desplegar acciones sostenidas y equitativas entre territorios”.
Otros 5 déficit
1. Recopilación de datos, muy lejos de ser homogénea. Según el informe, “la recogida sistemática de datos sobre el acceso a programas de rehabilitación cardiaca no está plenamente consolidada”
Las consecuencias dañan la monitorización de la cobertura real de la rehabilitación cardíaca, escenario de “acceso desigual y capacidad heterogénea entre territorios” que perjudica “un acceso oportuno y equitativo”.
2. Rutas asistenciales según comunidades: cubren adecuadamente la insuficiencia cardiaca y la cardiopatía isquémica, “lo que es coherente con su elevada carga asistencial, el impacto en morbimortalidad y la necesidad de circuitos clínicos estructurados para optimizar tiempos de diagnóstico, tratamiento y seguimiento”.
Ahora bien, otras patologías cardiovasculares como el ictus, la fibrilación auricular, las valvulopatías, el síndrome coronario agudo o la trombosis venosa profunda disponen de rutas puntuales en algunas autonomías o en una sola.
3. La perspectiva de género. El estudio demanda la generalización de planes específicos sobre la incidencia de las enfermedades cardiovasculares en mujeres.
4. Aunque la equidad en el acceso es un eje estratégico consensuado, su implantación es irregular.
5. La participación de pacientes o asociaciones de pacientes en la planificación o evaluación de actuaciones no es algo generalizado.
Una estrategia con coordinación nacional
Concluye el estudio que “España dispone de la arquitectura estratégica necesaria para alinearse” con los objetivos del Plan Europeo de Salud Cardiovascular (“Safe Hearts Plan”) por cuanto entre sus objetivos están: que haya planes nacionales, el refuerzo de la prevención, la reducción de desigualdades, la apuesta por registros de datos, la investigación, el impulso digital y la monitorización de resultados.
Y España tiene “un alto grado de desarrollo estratégico en el ámbito autonómico”, pero ello no quiere decir que la práctica asistencial también lo tenga.
“La existencia de diferencias territoriales en recursos, acceso, sistemas de información y capacidad de implementación pone de manifiesto la necesidad de reforzar el liderazgo y la coordinación a nivel nacional, asegurando que la Estrategia en Salud Cardiovascular se despliegue con criterios comunes, financiación suficiente y mecanismos de evaluación comparables”.



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