¿Quedará alguien que no sepa quién es Benito Antonio Martínez Ocasio? Probablemente. ¿Quedará alguien que no sepa quién es Bad Bunny? Ya dudamos, ¿verdad? Guste o no, guste mucho o sólo un poco, la realidad es que el artista está en todas partes. Ha logrado trascender su arte. Es ya “un fenómeno social” y sus conciertos, “una experiencia colectiva”. Una serie de claves psicológicas ayudan a entenderlo.
A través del Colegio de la Psicología de la Comunidad de Madrid, EFE Salud se ha puesto en contacto con Natalia Ortega, directora de Activa Psicología, para que explique qué se activa en la mentalidad colectiva para que este músico y cantante de Puerto Rico pueda dar dos conciertos en Barcelona y 10 en Madrid (¡10!), y lo venda todo. O para que el video de su intervención en la pausa de la Super Bowl sea ya la más vista de la historia durante las 24 horas siguientes.
Pero esto no va únicamente de “éxito” comercial. Es más amplio. Que el Will de Stranger Things, el actor Noah Schnapp, enloqueciera de alegría al pasar Bad Bunny junto a él en uno de los conciertos de Madrid es una cosa. Que su reacción se hiciera viral es otra. Y a eso vamos.
Bad Bunny y la conexión con la sociedad
La de Bad Bunny es una carrera de popularidad, ventas y fama. El disco ‘Debí tirar más fotos’, homenaje a Puerto Rico, mezcla de reggaeton, salsa y otros estilos de su país, lo ha elevado a una cima a la que llegan pocos. ¿Taylor Swift?, ¿quizá Coldplay?
Porque no es sólo un gusto musical común. Bad Bunny, como explica Ortega, “genera conexión en la forma de expresarse, de vestir, de relacionarse y de entender la realidad”. “Muchas personas”, añade, sienten esa sintonía.
“Y cuando un artista logra representar algo con lo que una generación se identifica, deja de ser un cantante solamente para convertirse además en un fenómeno social”, remata la experta.

Para ser un fenómeno social entran en juego la identificación, admiración y el sentimiento de pertenencia. “A la gente le gusta sentir que forman parte de algo más grande que ella misma”, apunta.
¿Qué significa esto? Responde: “Se comparten gustos. Asistir a conciertos, seguir determinados contenidos, genera una sensación de pertenencia y de grupo muy, muy potente”.
Por tanto, una clave fundamental para la psicología social: la experiencia colectiva. Que “acaba siendo tan importante como el propio artista”, según sus palabras.
Las redes sociales y el efecto espejo
Antes, sin redes sociales, ya ocurría. The Beatles o U2, por ejemplo, vivieron en esa cima tan alta de conocimiento y reconocimiento muchos años, cuando las redes sociales no podían servir de plataforma sencillamente porque no existían.
Pero hoy, junio de 2026, «las redes sociales forman parte del día a día». Bad Bunny, titán mundial en redes, aparece constantemente. «Y se genera una sensación de cercanía que no es real siempre, pero que psicológicamente tiene un efecto muy potente” por cuanto disponen de «una capacidad muy grande de amplificar fenómenos o situaciones» incluso rutinarias.
«Cuando vemos contenido relacionado con una persona continuamente, tendemos a percibir muchas veces que su relevancia es mayor», explica tras indicar que es una dinámica muy vista en consulta, en la actualidad. Tiene nombre: “Lo llamamos efecto espejo: cuanto más lo vemos, más importante nos parece”.

Si todo está conectado, no participar de algo tan, tan importante puede generar ansiedad. ¿FOMO (acrónimo de Fear Of Missing Out, en inglés)?
Ortega señala que “una parte de FOMO hay”, ya que ese miedo a perdérselo existe, es notorio. Ahora bien, no se trata sólo del miedo a perderse el concierto, sino, sobre todo, del miedo a perderse “una experiencia”, y por tanto, a “no estar en las conversaciones posteriores” o a “no poder compartir imágenes”.
Sin embargo, la psicóloga puntualiza que sería “injusto” reducir la potencia de viralización que tiene Bad Bunny al FOMO. “La base de seguidores es sólida y hay interés real por el artista. El miedo a quedarse fuera explica una parte del fenómeno, pero no todo”, incide.
‘La casita’ y la curiosidad por los famosos
Lo de los famosos y famosas en ‘la casita’, una instalación dentro de los recintos de los conciertos de Bad Bunny que rinde tributo a la típica vivienda puertorriqueña, es otro cantar.
Más allá de polémicas sobre los rostros y cuerpos de personas famosas que aparecen en la escenografía, las imágenes son virales, y ahí están el Will de Stranger Things y su arrebato de alegría para demostrarlo.
Ortega encuentra un tipo de “contenidos y acciones que juegan mucho con la curiosidad humana”. “Nos atrae lo exclusivo, lo que parece reservado a unos pocos”, añade, de modo que si aparecen personalidades con las que empatizamos, “se multiplica el interés”.
“Estas viralizaciones generan conversación pública y la sensación de que todo el mundo está pendiente de lo mismo; es un fenómeno de contagio social: cuanta más gente habla de ello, más personas quieren saber y más crece el interés. Es una dinámica característica de la cultura digital actual”, añade.
El fenómeno de ‘la casita’ es interesante, en opinión de la psicóloga. Lo argumenta: “Habla menos del artista y más sobre cómo necesitamos conectar y compartir experiencias colectivas”. Y “las redes sociales han multiplicado esta necesidad”, zanja.



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