Como todos los años, el inicio de la primavera viene marcado por dos cosas: la mejora del tiempo… y el cambio de hora. Puede que sepas lo que eso supone para nuestro organismo o puede que no. Si formas parte de este segundo grupo, te contamos unos consejos para que la readaptación sea lo más llevadera posible a través de una nota de prensa de Sanitas.
En la noche del sábado al domingo, cuando sean las 2.00 horas, los relojes se irán a las 3.00. Cuando te despiertes, verás mayor claridad, y por la tarde, verás que a la noche le queda aún un rato. Alegría, sin duda, pero… Como indica Sanitas, “este cambio altera de forma temporal la relación entre la hora oficial y el reloj biológico del organismo”.
“Durante los primeros días – añade – es habitual que algunas personas tengan más dificultad para dormir, se levanten con sensación de cansancio o perciban que sus rutinas no encajan del todo con el nuevo horario”.
Incidencia en los ritmos circadianos
Lucía Miranda Cortés, psicóloga de Blua, de Sanitas, explica que “muchas personas piensan que una hora no supone un cambio relevante, pero el cerebro necesita reorganizar sus ritmos internos. En ese proceso es habitual notar más somnolencia durante el día, dificultad para concentrarse o cierta irritabilidad”.
En consecuencia, durante los primeros días, se modifica temporalmente la sincronización entre la hora oficial y el ritmo circadiano del cuerpo, que es un sistema interno que organiza los periodos de sueño y de actividad a lo largo del día.
Los expertos de Sanitas explican que la luz natural es la señal principal que utiliza el cerebro para sincronizar este sistema, así que cuando se adelanta el reloj de manera artificial, requiere un tiempo para reajustarse. Mientras se completa esta adaptación, es posible experimentar esos síntomas descritos, desde somnolencia a la fatiga.
Problemas de sueño: desde adolescencia a tercera edad
El desfase afecta especialmente al descanso nocturno, destaca Sanitas, porque al adelantarse el horario, algunas personas deben levantarse cuando su organismo aún no ha completado el ciclo natural de sueño.
Esa reducción del descanso puede traducirse en menor energía durante el día y en una mayor sensación de cansancio, lo que a su vez puede influir en el estado de ánimo o en la capacidad para mantener la atención en las tareas cotidianas.
Algunas personas, por otra parte, experimenten dificultades para conciliar el sueño, y estas acusan en mayor medida el impacto, ya que parten de un déficit de descanso.
Los adolescentes también pueden experimentar mayores dificultades, dado que sus ritmos biológicos tienden a un retraso natural en la hora de conciliar el sueño.

Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores, comenta, en referencia a las personas de la tercera edad, que el sueño suele fragmentarse de manera frecuente y su reloj biológico pierde gran porcentaje de capacidad para reajustarse a los cambios drásticos.
“Esto puede provocar que durante algunos días aparezcan despertares nocturnos, mayor cansancio matutino o sensación de desorientación en las rutinas habituales”, remarca.
Adaptarse al cambio horario es lo importante
Con el fin de ayudar a las personas a adaptarse al cambio horario, los expertos de Sanitas, enumeran pequeños consejos para ajustar en los días previos y cuidar la rutina de sueño:
- Ajustar progresivamente la hora de acostarse. Modificar gradualmente el horario de acostarse y levantarse, adelantándolo unos días antes del cambio.
- Sincronización con la luz natural. Exponerse a la luz natural por la mañana, ya que actúa como una señal clave para sincronizar el reloj biológico.
- Evitar el uso de pantallas luminosas antes de dormir, dado que la luz artificial puede interferir y retrasar el inicio del sueño.
- Reducir el consumo de cafeína u otras sustancias estimulantes durante la tarde.
- Mantener la regularidad en los horarios de comidas y de actividad física para promover la estabilidad de los ritmos internos del organismo.
Para concluir, Miranda hace hincapié en que aunque es normal que aparezcan irritabilidad, menor tolerancia al estrés o dificultades para mantener la atención con el cambio de hora, lo normal es que sea temporal. Pero advierte que si se prolonga en el tiempo hay que consultar con un especialista para analizar el caso.



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