Sabes de sobra que si abres la ventana del lugar en el que estés y ves prados y arboledas, o arena y mar, te sentirás a gusto. Y sabes al 100 %, pero vamos, completamente al 100 %, que hay sitios en los que por la luz, el color, la temperatura, el olor te sientes muy, muy bien. En la arquitectura esto se tiene en cuenta, se llama neuroarquitectura, de hecho, y puede mejorar nuestra salud. ¿Cómo?
Lo va a contar la arquitecta Rita Gasalla, CEO de un estudio de nombre Galöw, presidenta del Observatorio de Arquitectura Saludable. Durante la conversación con EFE Salud que protagonizó junto a la médica Pilar Muñoz-Calero, experta en medicina ambiental, describió dos casos reales: los de dos personas en sus nuevas casas.
Caso número 1: ayudar a una niña con Síndrome de Asperger
Habla Gasalla: “Hace dos o tres años hicimos una vivienda para una familia que tenían una hija con asperger y otra serie de dolencias. Un cuadro bastante complejo”. Objetivo: conseguir que la niña se sintiera mejor en su propia casa.
Primer aspecto en el que repararon: la abundante presencia del plástico. Segundo aspecto: los colores, que “eran muy grises”. Tercero: la decoración, “muy poco relacionada con lo natural”. Todo esto, fuera.
“Nos centramos esencialmente en que ella recuperara el contacto con lo natural, que todos los tejidos fueran naturales, de los barnices al aceite”, explica.

Cuarto aspecto: el ruido. Como la niña era muy sensible al ruido, recurrieron a aislamientos muy completos.
Quinto aspecto: la luz. “Le costaba salir al exterior – apunta Gasalla –, por lo que reprodujimos la luz solar en el interior, así como los ritmos circadianos”.
Apunta la arquitecta que la luz es un elemento crucial en el diseño de una vivienda, no solamente para determinar la orientación, sino además para incentivar la salud mental. De ahí que para la arquitectura, destaca, sea tan importante el sol, su aprovechamiento.
Se trata, en resumen, de “intentar replicar las condiciones de la naturaleza”.
Pero volvamos al cuarto aspecto citado, el ruido. Recuerda la especialista que es en lo que más hincapié hicieron los arquitectos y arquitectas.
La niña era muy sensible a él, y por tanto, lo que más le molestaba, hasta el punto de percibir los zumbidos de los circuitos eléctricos de la vivienda. Concretamente, de los enchufes. “Tenía una sensibilidad extrema que los demás no tenemos». Por esta razón, la importancia de los aislamientos.
“Lógicamente no es la curación», remarca, pero sí una muestra de la arquitectura se puede utilizar como medicina preventiva, «para ayudar a que las personas se encuentren bien”.
Caso número 2: ayudar a una mujer con epilepsia
Recuerda Gasalla el caso de una cliente con epilepsia que decide mudarse de casa. Pidió asesoramiento hasta para elegir el lugar. “Ella estaba teniendo antes de trasladarse a la casa entre una y dos convulsiones al mes; lo estaba pasando mal. Coincidió también con que dejó de trabajar en la empresa en la que estaba”.
El proceso, una vez elegida la orientación más idónea, en función, claro, de la incidencia del sol, se centró en la simbiosis con el entorno, muy verde y muy silencioso. “Enfocamos la vivienda teniendo muchísimo cuidado con los patrones de decoración, teniendo muchísimo cuidado con la luz, con la ventilación…”.
La influencia parece obvia. “Lleva tres años en la casa; ha tenido tres convulsiones”, zanja.
Entonces qué es la neuroarquitectura
“Neurociencia aplicada a la arquitectura”, la define Gasalla. No es un concepto nuevo, ni una nueva tendencia. Según recalca la especialista, en los años 50 del siglo pasado el arquitecto austriaco-estadounidense Richard Neutra escribió un libro en el que pronosticaba de algún modo la influencia que los espacios pueden ejercer en la estructura neuronal o nerviosa.
Lleva tiempo estudiándose, por tanto, “cómo los ambientes, los distintos espacios, impactan en nuestro cerebro, en nuestro comportamiento, en nuestros hábitos, en nuestras capacidades cognitivas, en nuestro estado de ánimo”, dice Gasalla.
1997 pone un punto de inflexión. Ese año “un equipo de científicos descubrió que hay una zona del cerebro, el parahipocampo, que se estimula cuando está en un espacio nuevo”.
Gracias al caudal de literatura científica sobre la relación espacio-cerebro, arquitectos y arquitectas de distintas partes del mundo están aplicando dichas nociones a sus trabajos.
“No hay vida en la naturaleza sin luz”
Y aplicar la neuroarquitectura a una vivienda, sea unifamiliar, esté en una urbanización, significa poner atención fundamentalmente en:
La elección de los materiales. Explica Gasalla: “¿Qué pintura usamos? ¿Qué barnices usamos? En los materiales de la construcción, ¿qué efecto cóctel se produce? O sea, ¿cómo interactúan entre sí? (…) Se está tolerando una serie de materiales que no sabemos en el corto, medio y largo plazo qué efectos van a tener, si van a desaparecer cuando salgamos a la calle o si van a ser duraderos o permanentes”.
El diseño de la luz. Afirma la arquitecta: “Diseñar la iluminación de manera que la luz se parezca a la luz del sol, que es la luz óptima; estamos hablando de una luz que cambia de color: que por las mañanas y por las noches es más roja, más cálida, y en los momentos centrales del día es más fría (…) Esto beneficia al estado de ánimo (…) Así que miremos qué luces tenemos en las casas” porque “no hay vida en la naturaleza sin luz”.



Debe estar conectado para enviar un comentario.